Bacutano, un arcaísmo regional hecho canción

Por Bernardo José Rivero Ramos

La palabra Bacutano no tiene ninguna acepción en el diccionario de nuestra lengua Castellana.

Solo en una canción del profesor Never Montiel Tuirán se originó su uso y la catapultó el maestro Miguel Emiro Naranjo cuando grabó su segundo trabajo musical, con la Banda 19 de Marzo de La Guneta en 1.975, “Lamento del Porro”.

Siendo unos jóvenes imberbes, a principio de los años 70, conformamos en Buenavista una agrupación vallenata Eugenio Brú Pineda, Never Montiel Tuirán, Jorge Solís Cardozo y mi persona a la cual le dimos el nombre de Los Catedráticos, porque tres de sus integrantes éramos maestros de escuela. El repertorio musical, aparte de interpretar las canciones de moda, incluía temas de nuestra autoría; era como especie de taller en donde no solo cultivábamos nuestro insipiente estilo, sino que hacíamos arreglos y creábamos nuestra propia música. La pieza musical que más gustó fue El Bacutano hecha en ritmo de puya vallenata. El tema tuvo tanta aceptación que era el más solicitado en cada presentación de Los Catedráticos y que permitió abrirnos las puertas a la música. No había baile, caseta, parranda o cumpleaños donde no se escuchara.

En cierta ocasión Orlando Benitez Nuñez le preguntó a Never sobre el significado de la palabra, porque había buscado en el diccionario y no la habia encontrado, el compositor le respondió que Bacutano era sinónimo de maluco, de feo. Y allí paró la cosa. Sin embargo y pese a que la canción fue grabada sin letra por la banda, en Buenavista casi que la mayoría de la gente se la sabia de memoria. Fue trascendiendo de generación en generación hasta cuando surgió una organización cultural, se escribió un cuento y hasta un libro publicado hace cuatros años por el profesor Never Montiel donde Bacutano es el personaje principal.

Never Montiel Tuirán.

Hace pocos años me entró la “piquiña” de esclarecer el significado de esa rebuscada palabra a más de que Never me volviera a contar la historia de su canción.

El profesor, hoy “en uso de buen retiro” como los militares y residenciado en la ciudad de Medellín, me cuenta que en el año 1.963 viajó a Cartagena a adelantar estudios de bachillerato. Que iba todo “corronchito” pero que su objetivo era ser el mejor estudiante en el colegio donde ingresara. Su orgullo personal y los consejos de su madre le habían creado esa obsesión. Sin embargo se dio de cara con que en el afamado colegio La Esperanza había estudiantes provenientes de otras nacionalidades y de la alta sociedad cartagenera que gozaban de unas condiciones económicas excepcionales y con dotación de unas muy buenas bibliotecas familiares que les permitían estudiar, realizar consultas y acrecentar más sus conocimientos. Aún no se soñaba con computadores y sí que menos con Google o la biblioteca de todos, Wikipedia, para desvararse de cualquier consulta. Un estudiante Chino y uno de apellido Román de la alta alcurnia cartagenera dieron al traste con sus aspiraciones, desilusionado se fue para colegio León XIII.

Hasta ese momento estaba hospedado en un hotel propiedad de unos españoles, pero al hacer el cambio, se ubicó en una pensión de costeños donde la comida era abundante y criolla. Se quejaba que los españoles servían muy poquito alimento por lo que los pensionados empezaron a llamar al hotel “Muerte lenta”. En el nuevo hospedaje conoció a dos estudiantes universitarios: Luis Martínez Martínez, oriundo de Sincé (Sucre), estudiante de medicina y Luis Guillermo Narváez de Sahagún, estudiante de ingeniería; ambos de la universidad de Cartagena. Allí escuchó por primera vez en su vida una palabra que lo marcaría; que le inspiró, no solo una canción sino un libro, que por siempre y para bien no para mal, la llevaría a cuestas: BACUTANO. Luis Martínez Martínez, era el mismísimo personaje a quien por su condición de feo, de maluco, pero alegre, dicharachero y extravertido su amigo sahagunense le habia colocado ese apodo. Sin embargo el uso del mote era en la intimidad del grupo de amigos y no trascendía a ningún otro ámbito. Bacutano, según Lucho Narváez, era una palabra usada por los abuelos en las sabanas de Córdoba y Sucre para llamar a las personas agraciadamente feas y que el término ya estaba en vía de extinción. Hay veces que uno se antoja de usar esos arcaísmos porque los encuentras graciosos.

Para la época se realizaban en Cartagena unos bailes sociales con equipos de sonido, a los que solo se asistía por invitaciones; los organizadores vendían unas boletas cuyo valor estaba más o menos en cinco pesos, que incluía, además, una cena. Never fue invitado por una novia a una de estas fiestas, en la que invitaron también Martínez. Por esos días tenían la crisis económica que los estudiantes suelen pasar cuando están en tierra ajena. Era sábado, estaban en la habitación cada uno en su cama, lamentándose de su suerte, Never agarró una violina que lo acompañaba para apaciguar sus horas de soledad y nostalgia y repentinamente empezó a sonar las primeras notas de una melodía a la cual le agregó también las primeras estrofas:

Esta cumbia yo la canto

pa que baile el bacutano (bis)

y veran como se mueven

bien sabroso y bien bacano. (bis)

CORO

Baila, baila, bacutano

Goza, goza, bacutano

II

En el hotel “muerte lenta

De hambre casi nos mataron (bis)

Pero yo me salvé de esa

Gracias a ti bacutano (bis)

Se repite el coro.

Lucho saltó de la cama, abrazó a Never y como un niño se sintió el ser más feliz de la vida porque nadie le había hecho un alago y mucho menos una canción. Lastimosamente por la falta de recursos no pudieron celebrar con unos tragos y la composición quedó allí. Nunca pudieron hacer una parranda; Luis Guillermo Narváez, el otro compañero tampoco pudo conocerla. se acercaba el fin de año, se terminaron las clases y cada quien se fue para su tierra. Never se gradúo de bachiller y regresó a Buenavista.

Cuando se conforman Los Catedráticos, Never propone la canción y al iniciar las primeras prácticas yo me di cuenta que eso no era aire de cumbia sino de puya vallenata y asi la adaptamos, para lo cual lo cual él contextualizó otros versos a nuestro entorno. Para esa época en la entonces llamada Escuela Urbana para varones fue nombrado un nuevo grupo de maestros en donde estaban, a más de Never Montiel y Eugenio Brú, un profesor de Ciénaga de oro, Jasson Pacheco, quien fuera director; Juan Villadiego, Victor Banquet, Bernardo Posada, entre otros, quienes fueron la base de parranderos que sirvieron de apoyo a la agrupación. Paralelo a eso empezaron a llegar a Buenavista profesionales en todas las áreas, médicos como el desaparecido Agustín Barva López; el primer juez, Gustavo Padilla Caffield, por citar unos pocos. En la Escuela Urbana para niñas también llegó un grupo de maestras. Poco después fue establecida una sede de la Caja Agraria con los correspondientes empleados. En síntesis, Buenavista parecía que lo estaban refundando. Esa camada de profesionales, empleados del sector público, comerciantes, etc, todos jóvenes, constituyeron una generación que era el nicho de la población que apoyaba nuestra música y que contribuyeron mucho para el desarrollo del naciente municipio del San Jorge.

Buenavista se ha destacado a nivel departamental por ser epicentro de importantes movimientos culturales.

Debo confesarles una infidencia. En mi casa, ubicada a orillas de la carretera troncal de occidente, donde viví mi infancia, en lo que es hoy la residencia de la familia Arango, se fueron presentando de un momento a otro unos fenómenos paranormales: telekinesis, combustión espontánea, raps y hasta voces. En el seno de mi familia se vivió una crisis psicológica y emocional. Hubo necesidad de acudir a ayudas religiosas, profesionales y hasta “brujos” para erradicar el mal. Lógico que esto llegó a oídos de mis amigos, entre ellos el profesor Never Montiel. Por esos años también surgió el legendario Juancho Polo Valencia y entre sus éxitos hubo uno que se llamaba “El duende”. Todo esto contribuyó para que el compositor de El Bacutano redondeara su letra y quedara plasmada para siempre en las tradiciones orales y musicales de Buenavista.

EL BACUTANO

(Puya vallenata)

I

Esta puya yo la canto

Pa que baile el Bacutano (bis)

Y verán cómo se mueven

Bien sabroso y bien bacano (bis)

CORO

Baila, baila, bacutano

Goza, goza, bacutano

Baila y goza, bacutano

Goza y baila, bacutano.

II

En la casa de Rivero

Dicen que ha salido un duende (bis)

Eugenio suele decir

Que va a ser el bacutano (bis)

CORO

III

El duende de que les hablo

No persigue a Juancho Polo (bis)

Este es otro entrometido

Que vino eˆCiénaga de Oro (bis)

Quiero destacarles, que el tercer verso remplazó al original compuesto por su autor en Cartagena, que decía. El duende de que les hablo / si no lo conoce usted/ esa era un gran amigo/ que vino desde Sincé. El nuevo verso fue dedicado al profesor Jasson Pacheco.

Miguel Emiro Naranjo, director de la banda 19 de Marzo de Laguneta

Jasson, siendo paisano y amigo del entonces maestro de escuela, Miguel Emiro Naranjo Montes, quien laboraba en el corregimiento de Laguneta, jurisdicción del municipio de Ciénaga de oro, y quien habia lanzado al mundo musical y folclórico su afamada banda, lo contrató para una caseta en Buenavista. Allí Miguel Emiro tuvo la oportunidad de conocer y establecer nexos de amistad con nosotros y en una parranda en el Estadero “El Tamarindo”, de propiedad de don Cesar Alvarez, interpretamos el tema, le gustó tanto que a los pocos días regresó con unos músicos y en el mismo sitio realizó el primer ensayo, haciéndole una “adaptación rítmica” de puya vallenata a Mapalé San jorgense que, según el maestro, difiere del mapalé de las zonas de Bolívar y Atlántico porque aquel es más rápido debido su influencia netamente afrodescendiente y el nuestro, el del San Jorge, es más cadencioso en razón a nuestra idiosincrasia paiso-sabanera. Eso fue en el mes de Mayo de 1.975; en octubre de ese mismo año lo incluyó en su segundo LP “Lamento del porro”.

La canción siguió su rumbo pegajoso y gustador hasta convertirse prácticamente en el himno de Buenavista.

En 1.992, un puñado de jóvenes inquietos por las actividades culturales y observando que los recursos destinados por el municipio no le daban el uso correcto, decidieron asociarse y en homenaje a la emblemática canción, lo denominaron GRUPO CULTURAL BACUTANO. De esa camada formaron parte: Oscar Meléndrez, hoy director de la Casa de la cultura; el periodista Rahomir Benitez Tuirán, su hermano José Armando, Dalel Bitar, José Alfredo Jimenez, Milton Alvarez Medrano, Domingo Chica, Mario Ortiz, Yazmin Alvarez, Liliana David Díaz, Jaime Amaris, Alvaro Montes Jimenez y Hernan Orozco Wilches (+). Su objetivo era trabajar para impulsar actividades como la danza, teatro, literatura, música folclórica e investigación. Los Catedráticos; las escuelas musicales del profesor Ricardo Olea, algunas semanas culturales y otras manifestaciones culturales aisladas y esporádicas sirvieron como referente para cimentar el avanzado proceso de cultura que esa organización ha realizado en Buenavista. Oscar Melendrez también escribió un cuento con el nombre de El Bacutano y en una publicación especial realizada hace unos años por el diario El Meridiano a los municipios de Córdoba, en Buenavista Bacutano es un personaje mítico o de leyenda. Claro que allí me cambiaron el apellido de Rivero por Rivera en la letra de la canción.

Estamos tratando de realizar una producción musical con los artistas de la nueva generación de Buenavista para esta vez sí, incluir la letra y grabarla en su aire original de puya vallenata.

Medellín, octubre 7 de 2017.

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