‘El Cordobés’, un merengue vallenato que tras 55 años de grabado sigue dando espuela

‘El Cordobés’, un merengue vallenato que tras 55 años de grabado sigue dando espuela

El tema considerado un clásico de la música de acordeón es de autoría de Adolfo Pacheco Anillo, quien en el pasado festival vallenato fue homenajeado por Carlos Vives.

La canción hace honor a ese gallo ‘pinto blanco’ que convirtió sus ‘patas en metrallas’, “nacido en las primorosas tierras del Sinú”, y es uno de los temas obligados en cualquier parranda vallenata.

Con más de cuatro décadas aún sigue sonando en las emisoras del Caribe colombiano, y es un verdadero canto a la euforia gallística tanto en las viejas como en las nuevas generaciones.

También se ha vuelto la canción símbolo de la amistad en el mundo del pico y de las espuelas.

Pacheco recuerda que para la época en que compuso la canción era profesor de matemáticas del colegio Instituto Rodríguez de San Jacinto (Bolívar), pero aprovechaba los fines de semana y las vacaciones para acompañar en sus correrías por los pueblos de la Costa al connotado acordeonero Andrés Landeros, su coterráneo, y quien con su nota diferente en el instrumento se había ganado un puesto de privilegio en la juglaría sabanera.

En uno de esos viajes Adolfo Pacheco le sirvió de guacharaquero a Landeros, exactamente en una parranda contratada en Cereté por ‘Nabo’ Cogollo, un reconocido ganadero del departamento de Córdoba que tenía como afición llevar a sus haciendas a los mejores acordeoneros de la época: Alejo Durán, Luis Enrique Martínez, Abel Antonio Villa, entre otros.

Cogollo y los dos músicos sabaneros habían tenido un primer encuentro en San Jacinto, en las fiestas patronales de agosto.

Así que cuando llegaron a Cereté, en tono de humor el ganadero le aclaró a Landeros que él no sufría de sordera.

“Siempre vive diciendo: ‘Estás oyendo ‘Nabo’ Cogollo’, como si yo estuviera sordo, lo que yo quiero es que Pacheco me haga un canto”.

Con  apenas 23 años de edad, ya Pacheco había cimentado una fuerte relación con la música y con los gallos, por eso su respuesta fue obvia: “Listo, pero me das ese pollo”, refiriéndose a un ‘pinto blanco’ que Cogollo cuidaba con esmero.

El pacto se cumplió. A los pocos días el artistas sanjacintero tenía en el patio de su casa el pollo solicitado, y ‘Nabo’ Cogollo tarareaba en el de él, el pegajoso canto que hace honor a una de las pasiones más arraigadas en la parte norte de Colombia.

“Que se alisten pollos de la cuerda sabanera / para el año entrante cuando haya concentración / porque ya ‘Nabo’ me mandó un pinto blanco del Costeña…”.

‘El Costeña’ era el gallo de mayor prestigio en aquel tiempo en las sabanas del viejo Bolívar, y el pollo que recibió Pacheco era descendiente de aquel.

Lo bautizó inmediamtente con el nombre de ‘El Cordobés’, pero no por su origen, como podría imaginarse, sino en honor al famoso torero español de la época, Manuel Benítez, conocido en los ruedos con ese apodo, ‘El Cordobés’.

‘El Cordobés’ triunfó en sus cuatro primeras peleas que hizo en San Jacinto, y ya había tomado fama de bravo y ‘pata suave’, como son los gallos que parecen no tirar con fuerzas.

“Los gallos de esta naturaleza tienen toda la fuerza en sus espuelas, por eso cortan bastante, pero a simple vista parece que tiraran sin fuerza”, explica Adolfo Pacheco sobre las condiciones de su histórico ejemplar.

Pacheco Anillo, el mismo autor que le diera vida a cantos legendarios como El viejo Miguel (1964),  La Hamaca Grande (1969) y El tropezón (1975), entre muchos otros, dice que aún siente rabia en su corazón por el triste final que tuvo el animal.

“El pollo se lo dejé a los hermanos Rafael y Toñito Jaspe para que lo cuidaran, pero ellos discutieron y no sé por qué motivos lo pusieron a pelear con uno más experimentado, de la cuerda de Edgardo Lora, y hasta allí llegó su vida”, recordó.

El gallo que le quitó el invicto y la vida a ‘El Cordobés’ tenía el nombre de ‘Cantinflas’, con un palmarés de 20 riñas y de mucho más peso. “Si yo sé que lo iban a poner a pelear con ese gallo, no lo hubiera permitido”, asegura Pacheco.

Las grabaciones del tema El Cordobés

El primero que grabó el merengue El Cordobés fue el propio Adolfo Pacheco, en 1964, con el acordeonero sanjacintero Humberto Montes, en los estudios Tropical de Barranquilla.

En ese mismo trabajo Pacheco incluyó otras cuatro canciones de su autoría, Sabor de gaita, Elena y Alicia, La coleta, y El aromo.

En el año 1969 lo grabó con su propia voz Ramón Vargas (el compadre Ramón), a instancias de Alfredo Gutiérrez, quien fue el que llevó a Pacheco a grabar en Codiscos.

En la década de los ochenta lo grabó Juan Piña con el acordeón de Jesualdo Bolaños, pero el que lo catapultó a la fama en toda Colombia fue Diomedes Díaz, quien irónicamente nunca lo grabó en un estudio, sino que se regó de boca en boca, como en los tiempos de los juglares, a través de una grabación en una parranda.

La última interpretación en público que ha hecho su compositor fue en la pasada versión del Festival Vallenato junto a Carlo Vives quien ofreció un homenaje a los grandes de la música vallenata.

 

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