Crónica | Máximo Jiménez: El cantautor de las luchas campesinas

Crónica | Máximo Jiménez: El cantautor de las luchas campesinas

Por: Bernardo José Rivero Ramos

“Yo soy indio de los puros del Sinú

Yo soy indio chato, cholo y chiquitín

Está tierra es mi tierra,

Este cielo es mi cielo”

David Sánchez Juliao –  El indio Sinuano

La música protesta o música con sentido social, es el canto de lucha, inconformismo y compromiso de sus autores e intérpretes contra un sistema político. Tiene sus raíces en la desigualdad económica, llamada “brecha social” y en las luchas libradas, especialmente, en los países de Latinoamérica, contra las dictaduras. No quiero adentrarme a hablar de ella, en sí, porque merece un capítulo aparte. Sin embargo, basta recordar nombres como Piero, de Argentina; Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, de la Nueva trova cubana; Violeta Parra y Los Prisioneros de Chile, solo por citar algunos muy conocidos. En Colombia en los años sesenta y setenta surgieron cantautores de este género como el santandereano Pablus Gallinazo (Mula revolucionaria, Una Flor para Mascar); la antioqueña Eliana (Que más quieren los Señores), el dúo de Ana y Jaime (Café y Petróleo); el barranquillero Luis Gabriel (Así es mi pueblo, Le Vendo, Esto de ser Artista). En la música vallenata, quizás el compositor más comprometido fue Hernando Marín (La Ley del Embudo, Beto Zabaleta y Emilio Oviedo; Los Maestros, hermanos Zuleta; Canta Conmigo, Diomedes Díaz y Juancho Rois, que es más un clamor por la paz. Y agrego, cantar por la paz es una protesta contra la guerra). Pero lo más sobresaliente en el Caribe colombiano ha sido, sin lugar a dudas, Máximo Jiménez.

MAXIMO JIMENEZ HERNÁNDEZ, nació en Santa Isabel, corregimiento de Montería, el 1° de Abril de 1.949, hijo de José y María. Descendiente de una familia de músicos; su abuelo tocaba el tambor alegre y su padre fue acordeonista. Sin embargo, Máximo, ante las restricciones de su padre, aprendió a tocar el acordeón solo a los 21 años. Creció en medio en una época marcada por las luchas sociales libradas por los campesinos del país y especialmente en nuestra región, algo que marcó su vida. Se capacitó como tractorista con el SENA y tomó la firme decisión de radicarse en la capital cordobesa, porque entendió que su lucha sería mejor a través de la música. Máximo también aprendió a arreglar acordeones, oficio éste que le ayudó en la parte económica y a conocer músicos de la talla del maestro Alejo Durán, de quien se hizo gran amigo.

En Montería armó su propia agrupación, con algunos familiares, entre ellos un hermano y un primo, para abrirse paso definitivamente en este arte. A principio de los años setenta se realizaba, todos los viernes en el radioteatro de Emisora Sinú, un programa en vivo con artistas de la región. El espacio era dirigido por el gerente de entonces, el locutor y periodista José Higinio Rossi Grandet. Un viernes cualquiera, al terminar  Máximo un show, bajaba de la emisora y sorpresivamente lo llama Rossi Grandet para presentarle a un amigo. Se trataba nada más y nada menos que del escritor loriquero DAVID SANCHEZ JULIAO. En ese encuentro, el escritor le habla de un tema musical de su autoría para que Máximo Jiménez lo incluyera en su repertorio, se lo “tarareó”, le dio la letra y surgió la simbiosis compositor-intérprete de la canción protesta más famosa de nuestra Costa Norte, “EL INDIO SINUANO”. El acordeonero había realizado, poco antes, la grabación de un sencillo en Discos Ondina de la capital de la montaña,  con el tema protesta “A los Campesinos” y al reverso “Charanga Jiménez”. Pero la disquera no lo lanzó.

Máximo Jiménez comprometido ya en las luchas campesinas, empezó a elaborar y a incluir en su repertorio, composiciones de alto contenido social. Tenía estrecha relación con algunos sindicatos de la capital cordobesa y quiso grabar esas canciones para que un gran nicho de la población recibiera su mensaje. En 1.975, con el apoyo del Centro Cultural Víctor Jara,  de la Universidad de Córdoba, según nos contaba su primo Lucho Jiménez, viajan a Medellín y graban el primer LP. La distribución y comercialización de este álbum, en medio de las restricciones políticas de la época, estuvo a cargo de esa organización, por lo que el trabajo musical se escuchó primero en bares, discotecas y en los hogares sinuanos, antes que en los medios de comunicación. Pronto el país fue conociendo “El indio Sinuano” y la temática del menú musical del cantautor cordobés y nació en Colombia una propuesta diferente de crear canciones, con el acordeón. Más tarde, “El Indio Sinuano” fue grabado por el maestro Alejo Durán, amigo personal del escritor David Sánchez Juliao. Hay un dato curioso, Máximo grabó el tema con un acordeón dos y medio, de cambios, que pertenecía al maestro. La razón, Máximo, como habíamos dicho, era técnico en la reparación de estos instrumentos,  estaba realizando mantenimiento al acordeón de Alejo y se lo solicitó prestado. El juglar, muy generosamente, accedió a su petición. En este trabajo musical participaron en la caja, José Ángel Jiménez, hermano de Máximo; Johnny Payares, como guacharaquero; en las congas, Lucho Rojas; bajo electrónico, Jorge Vásquez; cencerro, Lucho Jiménez, primo de Máximo y en los coros José Ángel Jiménez y Francisco Castro, célebre acordeonero de la región de las Sabanas de Córdoba.

Máximo Jiménez, recibió su título “Honoris Causa” licenciado en educación, con énfasis en artística de la Universidad de Córdoba

“El Indio Sinuano” se grabó como paseíto, aire musical bastante pegajoso y bailable, que le daba un valor agregado a quienes lo adquirían. Despertó un patriotismo inusitado en la región; no faltaron los reclamos históricos de los cordobeses y costeños en general contra el colonialismo español y acentuaban un grito de libertad al entonarlo, casi  como un himno,  “porque esta tierra, es mi tierra y este cielo, es mi cielo”. El cantautor olfateó su influencia ante el descontento de las clases menos favorecidas y continúa ampliando el repertorio con temas   como “El Burro Leñero”, “Confesión de un Terrateniente” y muchos más, para aprovechar cualquier escenario en que pudiera expresar con su música, la lucha que acompañaba. Como dice el doctor Edgar Cortés Uparela en su crónica “MAXIMO JIMENEZ, EL INDIO SINUANO”:… “Este personaje parecía tener el don de la ubicuidad para cantar sus canciones en cualquier protesta, huelga o paro relacionados con las reivindicaciones sociales de los campesinos, obreros y estudiantes. Con sus armas, como él llama su acordeón, su caja y su guacharaca……”.

Máximo Jiménez también fue protagonista en algunos festivales de acordeoneros, como el de la Leyenda Vallenata. En la capital del Cesar tuvo una anecdótica final dentro del marco del noveno festival, en el año 1.976. Había realizado una presentación ante el Sindicato de trabajadores de CICOLAC, previa al cierre  del certamen. Invitó a los asistentes que le acompañaran como barras en la plaza Alfonso López y los trabajadores se fueron en masa para el escenario. En el otrora recinto sagrado del vallenato, la multitud parecía enardecida con su actuación, vitoreaban al momento de interpretar temas como “Los Algodoneros”, “Usted, señor Presidente” y “El Burro Leñero” Al concluir su actuación intuyó que el fallo final no le iba a ser favorable, por la temática de sus canciones y le dijo a sus músicos: “Vámonos, porque aquí se va a formar lo que ustedes no han visto”. Desde la casa que lo había albergado, alcanzó a escuchar la decisión del jurado, en donde, tal como había presentido, su nombre no apareció. Esa noche hubo desordenes en la plaza Alfonso López. Para el acordeonero eso fue un triunfo, porque sus canciones estaban cumpliendo el objetivo.

El artista cordobés andaba muy comprometido en sus luchas y la música le seguía abriendo puertas. En 1.984 se creó en Colombia el partido Unión Patriótica, en donde no solo fue militante, sino que participó en el lanzamiento de muchos aspirantes a corporaciones públicas, por todo el país, popularizando una canción, “La Vuelta a Colombia”. Su periplo lo llevó a traspasar fronteras. Cuando Hugo Chávez, aun siendo militar, andaba en la formación de su partido “Bandera Roja”, máximo fue invitado a una reunión clandestina en el hermano país. Allí le pidieron que compusiera una canción que sirviera como himno al partido político, petición que atendió positivamente. Años más tarde, siendo presidente de Venezuela, Chávez asistió a una reunión de la OPEP en Viena. Allí se reencontró fugazmente con Máximo Jiménez y lo invitó a su país. Este nuevo encuentro nunca se realizó.

Otra invitación internacional del cantautor nos lo cuenta el doctor Edgar Cortés Uparela, en su crónica ya referenciada:…:” A mediados de 1979, Máximo viajó a San Andrés (Islas) con su agrupación musical para participar en un festival en el cual ganó premio a la canción inédita. Ahí lo contactó un personaje de la izquierda centroamericana procedente de Honduras; este le dijo que había venido a invitarlo para que se integrara al frente cultural del ejército sandinista, que lo esperaban unos pescadores nicaragüenses para llevarlo a ese país. Máximo no lo pensó dos veces, devolvió a sus compañeros diciéndole que él se quedaba porque se había levantado “una vieja”, y los pescadores lo llevaron a tierra nicaragüense, a San Jerónimo. Organizaron un conjunto musical para alegrar el rato del regreso de los combatientes. A Máximo le pareció tan feliz la idea de colaborar con la causa sandinista que consideró quedarse en Nicaragua, pero su fuero interno le indicó que en Colombia  aún le quedaban tareas por realizar. Sin embargo, antes de partir, también aportó un himno para la causa sandinista”.

Era apenas lógico que un activista como Máximo fuera a tener, en algún momento, problemas de seguridad. Desde 1.988, su situación se agudizó; luego de una serie de masacres, asesinatos selectivos a miembros de la UP y de líderes campesinos, por fuerzas oscuras del Sistema; de haber sido perseguido, según él, por el ejército y la Policía; de ser detenido en la cárcel por espacio de 14 días como presunto invasor de tierras y de ser amenazado de muerte en su propia casa, en 1.990 toma la decisión de salir del país. Viajó a Austria, donde vivió por más de 20 años. Una isquemia cerebral lo afectó y  regresó nuevamente a su tierra natal. Hoy en día se encuentra librando una batalla contra la enfermedad, tratando de vivir una vida digna, al lado de su familia y con el pago de regalías que recibe de SAYCO-ACINPRO. A pesar de su afectación, conserva algo de lucidez mental  y algunos movimientos corporales que le permiten de vez en cuando sacarle notas al  acordeón. Conserva su sencillez, su humildad y el carisma, que por muchos años, le permitieron ser el auténtico líder de la canción protesta en la Costa Norte Colombia.

Medellín, Octubre 1° de 2018.

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