Espiritualidad | A esos que nos juzgan sin argumentos válidos

Espiritualidad | A esos que nos juzgan sin argumentos válidos

Las críticas sin fundamentos y ofensivas enrarecen nuestros ambientes. Si bien no podemos evitarlas del todo, sí es preciso tener un ‘plan de contingencia’ para que esas necedades al final ‘nos resbalen’.

Ciertas personas, algo desagradables por cierto, nos juzgan de una manera negativa sin conocernos ni escucharnos.

Hay por ahí muchos que asumen los papeles de jueces o de fiscales, a veces sin que nadie se los haya solicitado.

Sus improperios pueden ser demasiado dañinos y peligrosos para nuestra integridad emocional.

De manera desafortunada las redes sociales se prestan para que esta inmadurez ‘salga a flote’ en cada pantallazo del computador o en el smartphone de cada quien.

En vez de sacarles jugo a las maravillas de la tecnología, hay quienes se conectan con los demás solo para dedicar buena parte de sus comentarios a ofender a todos y por todo.

No estoy diciendo que una persona no pueda emitir una opinión seria, responsable y constructiva sobre algo que hagamos. Lo que cuestiono es la mala intención al expresar determinados puntos de vista.

Dicho de otra forma: hay un abismo muy grande entre el crítico y el criticón.

El primero es una persona seria que tiene el derecho de evaluar tanto los aspectos negativos como los positivos de algo o de alguien. Alguien así, de alguna forma, solo quiere plantear una mejora o emitir un sabio consejo.

En cambio, el ‘mala leche’ del criticón solo pretende fastidiar, aburrir y demeritar a los demás por capricho o por simple oportunismo.

Quienes destilan estos venenos convierten sus opiniones en ataques personales que, en más de una ocasión, nos lastiman.

Esos que nos juzgan deberían conocernos mejor antes de emitir sus apuntes. Si lo hicieran se verían obligados a cambiar de opinión y dejarían de hacernos tanto daño con sus intrigas y sus listas interminables de ofensas.

Lo cierto del caso es que el proceder de los criticones suele ser letal para el ánimo de cualquiera.

No se trata solo de que se enrarece el ambiente, sino que además se generan atmósferas pesadas que nos pueden herir.

También estas ‘críticas’ hacen que les respondamos de una manera defensiva y algo acelerada, lo que casi siempre desencadena en conflictos innecesarios.

Lo peor es que entre más respuestas o reclamos se den por parte de nosotros, los criticones despliegan con más fuerza sus frustraciones y enojos acelerando nuestra indisposición.

Todos, sin excepción, necesitamos de comprensión, amabilidad y respeto.

¿Ha sido víctima de este tipo de criticones?

Si es así le sugiero que no los tome a pecho, que sea proactivo con este tipo de personas y que además abra una especie de ‘paraguas’ para que la lluvia de sus necedades lo protejan.

¡Hágalo por su salud anímica!

Es obvio que lidiar con altura con esos sujetos es algo que se aprende con el tiempo y, para ello, se requieren grandes dosis de paciencia y serenidad.

¡Dios lo bendiga!

 

Por: Euclides Kilô Ardila
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