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Espiritualidad | No juzgar, respetar y comprender

Espiritualidad | No juzgar, respetar y comprender

A todos nos corresponde tolerar y respetar las ideas, las creencias o las prácticas de los demás, sobre todo cuando ellas son diferentes o contrarias a las nuestras.

Aunque no necesitamos que todo el mundo nos entienda, ante cualquier diferencia con alguien solemos sentirnos incomprendidos; es más, juzgamos de una forma dura a quien no piensa como nosotros.

Si bien es cierto que ayuda más el hecho de lograr el mayor consenso posible, los demás no están en la obligación de siempre darnos la razón. ¡Ni más faltaba!

Yo no sé por qué mucha gente a la que se le refuta algún concepto se enoja y hasta no nos vuelve a hablar. A veces también actuamos así con quienes nos contradicen de una manera constructiva.

Hay que respetar, no juzgar y entender que toda persona tiene derecho a expresar su opinión.

¿Por qué no somos capaces de dialogar sin pelear? Lo peor es que cada día nos enemistamos más.

La empatía es fundamental; es decir, ponernos en el lugar del otro y respetar las decisiones ajenas es clave en estos tiempos modernos.

La verdad es que no hemos desarrollado la habilidad cognitiva para comprender el universo emocional de nuestros semejantes.

No podemos enfrentarnos con todo el mundo y pelear solo porque alguien no tiene el mismo punto de vista nuestro.

Es importante echar mano de todas nuestras fuerzas internas y desarrollar la capacidad de entender las diferencias.

De igual forma, es preciso garantizar que nada perturbe o aminore nuestro estado de ánimo ni que una opinión ajena nos saque de casillas.

Tal actitud nos ayudará a crecer en el ámbito personal y también despertará algo que nos falta a muchos: la tolerancia.

La comprensión en muchos de nosotros está dormida en buena parte por culpa de las terquedades, las intolerancias y las necedades que solemos nutrir.

Las puertas de nuestro crecimiento interior y las del poder personal permanecerán cerradas hasta tanto despleguemos una mentalidad más receptiva, sin que por ello traicionemos nuestros principios o conceptos.

Yo no sé por qué mucha gente a la que se le refuta algún concepto se enoja y hasta no nos vuelve a hablar. A veces también actuamos así con quienes nos contradicen de una manera constructiva.

Hay que respetar, no juzgar y entender que toda persona tiene derecho a expresar su opinión.

¿Por qué no somos capaces de dialogar sin pelear? Lo peor es que cada día nos enemistamos más.

La empatía es fundamental; es decir, ponernos en el lugar del otro y respetar las decisiones ajenas es clave en estos tiempos modernos.

La verdad es que no hemos desarrollado la habilidad cognitiva para comprender el universo emocional de nuestros semejantes.

No podemos enfrentarnos con todo el mundo y pelear solo porque alguien no tiene el mismo punto de vista nuestro.

Es importante echar mano de todas nuestras fuerzas internas y desarrollar la capacidad de entender las diferencias.

De igual forma, es preciso garantizar que nada perturbe o aminore nuestro estado de ánimo ni que una opinión ajena nos saque de casillas.

Tal actitud nos ayudará a crecer en el ámbito personal y también despertará algo que nos falta a muchos: la tolerancia.

La comprensión en muchos de nosotros está dormida en buena parte por culpa de las terquedades, las intolerancias y las necedades que solemos nutrir.

Las puertas de nuestro crecimiento interior y las del poder personal permanecerán cerradas hasta tanto despleguemos una mentalidad más receptiva, sin que por ello traicionemos nuestros principios o conceptos.

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