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A propósito del  libro de Bernardo Rivero Ramos: Desastre del avión HK 516

A propósito del libro de Bernardo Rivero Ramos: Desastre del avión HK 516

Por Never Montiel Tuirán

Bernardo Rivero Ramos,  el escritor    que nos tiene  acostumbrado el corazón   a la nostalgia    con   sus notas  refugio de seres  fraternales: Miguel Duran, Fredy Sierra, Alejo, Máximo Jiménez y tantos más juglares, endereza la pluma  y nos condensa una tragedia ilustrada con   detalles: El  desplome  de la nave  HK-516  en derredores de Planeta Rica hace seis décadas.

Sin  fiarse en los endebles  cirios  de la  imaginación  y  con   su    retícula ubicua  de Polifemo, aviva los recuerdos de un suceso  trascendente que horrorizó nuestras   regiones   y colmó  de luto  una  ciudad allende las montañas , morada  de  los fugaces peregrinos  que el  azar quiso rotular  sus vidas.  Con equilibrio narrativo y lenguaje  franco, al que aludía  Martí cuando dijera: “En el Caribe el lenguaje está hecho para que la gente sepa lo que uno está pensando”,  Bernardo plasma  la fisonomía  de la tragedia, desde los  proemios hasta su colofón. Con  sana  intención  de cumplir su cometido,  acusa   la ruralidad del paisaje donde acaeció el siniestro;  sus gentes, la angustia, el dolor, la compasión, lo que pudo ser  y no fue,  hasta el punto que este relato hoy tiene visos perdurables como un  espectro dotado    de  ecos y  latidos  que invaden  vidas.

Con     profunda  exigencia de escritor,   da vida a  los detalles: las premoniciones de los progenitores y su indefensión ante los cafres arranques de la naturaleza; la esperanza  de apaciguar  la ira endemoniada de los dioses  con  cirios bendecidos y  preces del   sincretismo religioso inculcados   en ellos  desde niños; el    temor instintivo de  las bestezuelas, el taciturno miedo  de “Macario”  que da vueltas  en derredor  del poste donde lo atan   por  escabullidas  recurrentes. Como   ujier acucioso,   marca  las horas previas al desplome; El  recorrido  anheloso del piloto lleno de fe  por encontrar  la pista  que le deje  aterrizar y  eludir la tragedia que le espera;  El mal    tiempo, los nubarrones, la insondable lluvia, relámpagos y truenos, es decir los  horrores del destino. De su mirada omnipresente  no desaparece   Yolanda, la quinceañera  que un destello de luz sobre los cielos,  apagó el jubileo de su onomástico.  No  desaparecen los samaritanos  venidos de tantas partes, para socorrer, ayudar, auxiliar  y trasportar a los heridos.   “El Muchacho”,  así llamo   a Bernardo   con  cariño,   me retrotrajo recuerdos de Edelmira,  la “mona Roldan”,  la  joven paisa que llegó a Planeta Rica para ser alcalde de un pueblo recién inaugurado  y para que yo me enamorara de ella. No sé que hizo para advertir y valorar  el  amor platónico de un  niño de diez años y  desde entonces  me  consideró  su “novio”.  Cuando sus amigas de infancia, venidas  de la ciudad de Medellín la visitaron en uno de sus cumpleaños  no dejaron   de reír a carcajadas al presentarme como al   único amante  de su vida.

De las individuales angustias, destaco dos que me hacen doler el alma al través de los recuerdos: El primero: La mujer herida, hendida en dos, que con los últimos alientos de  vida  le dice a  Yolanda, la cumplimentada: “Vea,  aquí en mi cartera hay una plata y una dirección. Asegurá la plata y a esa dirección le mandás un telegrama a mi familia en Medellín.     Yolanda  horrorizada, no supo qué hacer ante el espantoso desenlace.  El otro es  Manuel Ríos, el cabinero, que justipreció el momento  del desplome  para desprenderse del avión    fracciones de   segundos antes de tocar el  suelo.

Termina el relato  con el  registro fotográfico tomado de de los diarios del país y el listado de los  desventurados que pagaron con creces los  imprevistos yerros de la naturaleza y del destino.

Mario Botero, el piloto  del HK 516 debió decir a los ocupantes de la nave  lo que  Leónidas dijo a sus trescientos hombres   frente a Jérjes en el desfiladero de las Termóplias: Espartanos: “Preparad  el desayuno, y alimentaos bien, ¡porque esta noche cenaremos en el  infierno!”.

 

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