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Espiritualidad | ¿Para qué llorar sobre la leche derramada?

Espiritualidad | ¿Para qué llorar sobre la leche derramada?

Asuma las consecuencias de sus errores en lugar de quedarse sumergido en el ‘mar de los remordimientos’. Si corrige recuperará su matiz y renovará sus esperanzas.

Uno de los dichos más sabios que utilizaban nuestros abuelos cuando ocurría algún accidente casero irreversible, era el de “no llorar sobre la leche derramada”.

Después de recordar ese viejo refrán paso a preguntarle: ¿Se arrepiente de algo?

Tal vez si recapacita sobre este cuestionamiento se sorprenderá de las respuestas que usted mismo se daría: De pronto volvería a hacer lo mismo, a lo mejor diría que redireccionaría los pasos dados o incluso se remordería la conciencia por lo que hizo o por lo que dejó de hacer.

Sea como sea, creo que de nada sirve quedarse evaluando o flagelándose por circunstancias y situaciones pasadas, entre otras cosas, porque todo eso se quedó en el ayer.

Si el libreto de nuestra vida de ayer pudiera corregirse transportándonos a la época en la que ocurrieron los acontecimientos, nuestro entorno sería muy calcado, predecible y hasta aburrido.

Creo que usted, yo y en general todos tomamos decisiones en función de la información que tenemos en el momento preciso, no antes ni después.

Total: Si tomó ‘x’ o ‘y’ decisión, asuma las consecuencias de sus actos. Lo digo porque de nada vale que se recrimine ni mucho menos que viva amargado por el pasado.

Creo que el arrepentimiento, si bien le permite pedir perdón o reflexionar, no puede inundarlo de ese pesar por algo que ha hecho, dicho o dejado de hacer. ¿Qué saca con sentirse mal? ¡Nada! Vivir es decidir, y decidir es tomar unas alternativas y descartar otros.

¡Claro! Cuando algo sale mal lo más fácil es pensar en que si hubiese hecho esto o aquello todo sería distinto.

En lugar de llorar, busque la forma de remediar la situación: trate de no volver a cometer esa falta. Algunos ejemplos cotidianos: Si ha relegado a su familia, pase más tiempo con ella; si le faltó a su pareja, busque la fórmula de recuperar ese amor perdido; mejor dicho, vuelva a empezar.

Utilice su arrepentimiento para sacudirse y para actuar, no para quedarse amargado o lleno de remordimientos.

No se acostumbré a llorar por lo que pasó porque Dios tiene miles de bendiciones que le llegarán en cualquier momento, siempre y cuando pase la página.

Lo mejor que debe hacer es empezar a escribir su historia guiado por acciones concretas, buenas intenciones y, en la medida de lo posible, apuésteles a las cosas que realmente lo hagan crecer.

Ahora bien, para no equivocarse otra vez, ponga los pies sobre la tierra y siga viviendo su vida en paz. Y si es un hombre de fe, déjese guiar por una senda espiritual haciendo buenas obras y logrando un cambio verdadero de mente y actitud respecto al pasado. No se quede en el ayer y no llore sobre la leche derramada. Dios lo bendiga.

Por: Euclides Kilô Ardila

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