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Crónica | El clarinete como eje melódico en el vallenato

Crónica | El clarinete como eje melódico en el vallenato

Por: Bernardo José Rivero Ramos

“La víspera
de año nuevo
estando
la noche serena

Mi familia
quedó con duelo
yo gozando
a mi morena”

La Víspera de Año Nuevo – Tobías Enrique Pumarejo

Me gusta meterme en unos berenjenales, no tanto para generar controversias, sino por tratar de buscar y hacer las cosas diferente. El Vallenato es un aire musical que, como tal, puede ser interpretado con cualquier tipo de instrumentos. De hecho se han realizado festivales con guitarra y hasta con bandas folclóricas o de viento. Sin embargo, se impuso la tendencia de aceptar este género musical solo con el acordeón, hasta el punto que los que desconocen la estructura de sus cuatro ritmos básicos, creen que todo lo que se toca con acordeón es Vallenato. El clarinete hizo una aparición fugaz, pero muy exitosa, en estos aires vernáculos.

“El clarinete pertenece a la familia de los instrumentos de viento, al igual que la flauta, el oboe y el fagot. Es un aerófono de lengüeta simple. La lengüeta está hecha de caña de la especie Arundo donax. El cuerpo del instrumento puede estar hecho de madera (tradicionalmente de ébano o granadillo), ebonitaABS y su perfeccionamiento, en el siglo XIX, con un sistema de llaves mejorado lo situó en un lugar privilegiado entre los instrumentos. La belleza de su timbre lo hace apto para interpretar pasajes como solista además de ser un instrumento de enorme agilidad y sonoridad, en especial para la ejecución de trinos y cromatismos”. (Wikipedia).

Con la llegada de los instrumentos de viento a Colombia, para algunos a finales del siglo XVIII provenientes del viejo continente y que más tarde pasaron a formar parte de las bandas folclóricas y orquestas, previo paso por las bandas de guerra (hoy bandas marciales), llega el clarinete. El ancestro indígena de nuestro hombre caribeño, cuya música original estaba basada en el uso de la gaita o flauta, facilitó el aprendizaje y ejecución virtuosa del clarinete a grandes músicos colombianos como Lucho Bermúdez o Carlos Piña, productos del mestizaje de nuestro folclor.

El ingreso del clarinete  al Vallenato llega a través de Los Trovadores de Barú.

En 1946, el productor musical más importante que ha tenido Colombia, Toño Fuentes, funda en Cartagena LOS TROVADORES DE BARÚ, algo así como una agrupación de planta para grabaciones, conformada por una selección de músicos encabezada por Juancho Esquivel (Clarinete),de Mompos – Bolívar; Clímaco Sarmiento (Clarinete y saxo), Efraín Torres (guitarra acompañante), José María Crizón (Bajo), Fernando Porto (Percusión), Carlos Gómez (corista) y Remberto Brú (Cantante); el maestro Toño Fuentes también formó parte de la agrupación con su guitarra hawaiana. El nombre en honor a la paradisíaca isla de Barú, ubicada al frente de la ciudad heroica. Ese mismo año graban el vals “Tristeza del alma”, infaltable en las tradicionales alboradas de nuestra Costa, de la autoría del compositor Lucho Rodríguez Moreno, nacido en Turbaco (Bolívar).

La exitosa carrera de LOS TROVADORES DE BARÚ, permite, gracias a las iniciativas de Toño Fuentes, que empiecen a grabar con artistas de todos los géneros musicales de la época: El maestro José Barros (El vaquero y el Chupa flor, en aire de paseo); Tito Cortes (Carnaval, Bolero, de la autoría de José Barros, Mi Buenaventura, currulao de Petronio Álvarez)); Trio Los Isleños (Con la punta del palo, de Gastón Guerrero que hiciera famosa Farid Ortiz);  Dueto de Antaño (Desvelo de amor, bolero, de Rafael Hernández); Trio Nacional y Remberto Brú (La Múcura, porro, Toño Fuentes), por citar solo algunas canciones de una veintena de intérpretes colombianos y extranjeros acompañados por esta agrupación.

Pero fue GUILLERMO BUITRAGO, conocido como “El Jilguero de la Sierra Nevada”, con quien se inmortaliza el Vallenato teniendo como eje melódico el clarinete. Juancho Esquivel y Clímaco Sarmiento con los TROVADORES DE BARÚ, acompañaron a Buitrago en una serie de grabaciones de compositores como Tobias Enrique Pumarejo, Emiliano Zuleta Baquero y Rafael Escalona, que marcaron una época de esplendor del Vallenato con Clarinetes y guitarras..

GUILLERMO DE JESÚS BUITRAGO HENRIQUEZ, nacido en Ciénaga (Magdalena), el 1° de Abril de 1.920, hijo de un comerciante antioqueño proveniente de Marinilla, Roberto de Jesús Buitrago y la cienaguera Teresa Mercedes Henríquez. Buitrago realizó una meteórica carrera musical entre 1.943 y 1949, año en el cual fallece, dejando un legado musical lleno de éxitos con su marcado estilo de cantar, componer y ejecutar la guitarra, que aún perduran en el tiempo

Entre 1.946 y 1.947 empieza a grabar con la disquera Fuentes en la ciudad de Cartagena. Años antes lo había hecho en acetatos en emisoras de Barranquilla y su primera disquera fue Odeón de Argentina. “Buitrago fue la primera estrella de la música popular colombiana. También fue una especie de mecenas de muchos compositores sin los que hoy no podría ser concebido el folclore del país. Sacó del anonimato a Rafael Escalona, a Emiliano Zuleta, a Abel Antonio Villa -de quien fue gran amigo-, a Tobías Enrique Pumarejo, a Chema Gómez, a Luis Pitre y a Eulalio Meléndez, el compositor de «La Piña Madura». (Wikipedia).

En su repertorio musical, acompañado por LOS TROVADORES DE BARÚ, graba “Qué Criterio” (La Gota Fría) de Emiliano Zuleta Baquero; “Grito Vagabundo”, cuyo autor es Buenaventura Díaz; “La Víspera de Año Nuevo”, composición del gran Tobías Enrique Pumarejo; “La Piña Madura” de la autoría de Eulalio Meléndez;; “El Testamento” de Rafael Escalona; “El Amor de Claudia”, registrado como de su autoría, entre otras.

Sin embargo, el clarinete sigue su ruta exitosa y, a mediado de los años cincuenta, aparece un muchacho un poco alocado, guitarrista y con unos deseos inmensos de triunfar en el arte musical y el toreo: NOEL ESTEBAN PETRO HENRIQUEZ, nacido en el caserío de Buenos Aires, municipio de Cereté (Córdoba),  el 19 de marzo de 1.936. Aprendió a tocar las primeras notas de la guitarra con un primo, luego de trabajar en una prendería en Montería, con Alfonso Suárez, un paisa, quien al poco tiempo se lo lleva para Medellín, donde  continúa la búsqueda de sus sueños. Con Julio Erazo y Cristóbal Pérez, forman el “Trio Latino”, hasta cuando se le presenta  la oportunidad de conocer, por intermedio de don Alfonso, a Edmundo Arias, un músico originario del Pacifico de lo más grande que ha dado Colombia. Edmundo le propone la grabación de dos temas, uno de ellos de origen argentino y con arreglos basados en dos clarinetes y guitarra acústica: “Cabeza de Hacha” (La Tupungatina), de la autoría de Cristino Tapia, canción ya grabado por el legendario Carlos Gardel y “Me voy pal Salto”, compositores Gabriel Viñas y Alfonso Garavito Wheeler. El formato musical es el mismo de LOS TROVADORES DE BARÚ.

El trabajo musical fue todo un éxito y luego continuaron “La Puya Guamalera”, de Julio Erazo; “La Interesada”, compositor Salvador Flórez Rivera; “La Descarada”, de Cristóbal Pérez. Que prolongaron la interpretación del Vallenato con clarinetes, dejando marcada toda una época en nuestra música colombiana.

Como todo evoluciona, el acordeón se posicionó poco a poco del Vallenato, con su instrumentación acompañante, abandonándose la guitarra y el clarinete como patrones melódicos. Destacamos que Buitrago hizo sus “ensayos” con el acordeón y grabó unas cuatro canciones, con Alejandro Barros, entre los cuales está “El Bachiller” de Rafael Escalona, pero no le fue muy bien.

Hubo unos reductos posteriores con agrupaciones como Roberto Román, que grabó un merengue “Soy Parrandero”, autoría de J.M. Ospino, con el conjunto de Juancho Esquivel, para el sello Falcón; Los Caporales del Magdalena y Antolín Lenes, de corte orquestal, pero que grabaron algunos temas en aires de paseos (“Coquito de agua”, “Sonia” y “La Aventurera”, por ejemplo) donde el clarinete tenía preponderancia, agrupado con otros instrumentos de viento y acordeón, en el caso de Los Caporales y destacando en Antolín una figura musical que popularmente le llaman “Sapito” (así lo llamó Toño Fuentes) que realmente es un andante rítmico armónico, escuchada también en una grabación de Abel Antonio Villa, “El Higuerón”, donde la base melódica es el acordeón, pero lleva también dos clarinetes haciendo los acordes del “Sapito”.

Hay dos canciones por ahí que desenterramos con base musical en  clarinetes, “La Cabaña”, con Los sabaneros de Alfonso Piña, en las voces de Aniceto Molina y Policarpo Calle y una con la agrupación de Chico Cervantes y vocalizada por Alberto Fernández, “Nostalgia Campesina”. Posterior a los Trovadores de Barú,  Toño Fuentes, como gran innovador, creo los famosos “Corraleros de Majagual” con una pléyade de acordeoneros y músicos seleccionados, en donde ya el clarinete no figura en nómina, no sin antes poner a grabar al maestro Alejo Durán con el maestro Rosendo Martínez, el más grande ejecutante del bombardino en nuestro país y de quien se dice lo hizo primero con Aníbal Velásquez, para dejar en la historia musical de Colombia todo un proceso de innovación y creatividad que perduraría para siempre.  La música colombiana le debe mucho al maestro Toño Fuentes.

Medellín, Noviembre 10 de 2019.

Email: bernardorivero@gmail.com

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