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OPINIÓN

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Por Marcos Velásquez.

¡Doctor Calle!  Venga tomémonos un tintico de afán, porque hay que ir a trabajar, pero usted sabe cómo somos nosotros, no tenemos vida sin un tintico en la maña, es como un acto de contrición pa’ matar el hambre del día que viene.

Es que le cuento, porque necesito desahogarme, ¡usted sabe!  Estoy preocupado por la salud mental de Colombia.  No es que la gente esté loca, ni más faltaba, aunque no falta el loco, claro está, pero la neurosis sí está desbordada definitivamente.

Para explicarme y no caer en terminología médica o farmacéutica que, a lo sumo, sólo la entienden esos que pasaron por la U y dizque aprendieron algo: ¿no sé si has notado últimamente que a mucha gente le está dando la chiripiorca?

¡Si hombre!  Yo veo que hay mucha gente de mal genio, con unas rabias tenaces y si no, buscando pleito, pelea, a toda hora, contra el que sea.  Eso ya se salió de las peleítas tradicionales entre la esposa y el marido o entre los papás contra los hijos o los hermanos entre ellos.  Ya eso va entre un vecino con otro, en el que está en el trancón o en el que le pasó por el lado, o en el trabajo, entre compañeros o jefes déspotas que se la quieren desquitar con el que se les atraviese.  En fin, pregunte y verá que cada vez hay más peleas entre la gente y a eso no se le ha parado bolas.

Es como si se hubiera normalizado el mal genio en la gente, y ni qué decir de la tristeza o del miedo.  ¿Si me entiende de lo que le estoy hablando?  Uno se pone a hablar con la gente y cuando uno profundiza una palabrita más allá de lo cotidiano, agárrese porque lo que va a escuchar, son tristezas o una cantidad de miedos ni los, ¡ya usted sabe!

Esto está más teso que la reforma tributaria, el alza de la gasolina y todas las maricadas que la oposición está viendo en el inicio del gobierno de mi presidente Petro, tratando de echarle mal ojo a sus pasos, a través del odio y la frustración que los tiene condenados a no comprender que, si Colombia hubiera seguido como iba, el despiporre era ni el, ¡usted sabe!

Y si es que esa forma de sembrar cizaña y ese afán de producir odio en una sociedad que se cansó del odio, del miedo, del desplazamiento y de ver cómo sólo los que tienen, eran los únicos que podían tener y de resto, cada día que pasa, para el que no tiene es otro de agonía para llegar a fin de mes, o el tremendo susto del vendito cuenta gotas en esas motos con esos bolsitos manos libres, donde no se sabe si lo que llevan ahí es el talonario pa’ cobrar, o el fierro pa’ quebrar, ¿usted me entiende?

No por Dios mi doc, qué cosa tan berraca este país indolente y egoísta que se formó.  Yo le echo cabeza a este problema y llego al 25 de agosto del 87.  Ese día, cuando me enteré, ese día lloré mis ojos de la rabia, la tristeza, la frustración y la impotencia de ver cómo asesinaron, si no al único, sí a uno de los últimos políticos buenos de este país.

Ese día mataron al doctor Héctor Abad Gómez, un hombre bueno, médico, político preocupado por la salud pública de la gente y defensor de los derechos humanos.  Para ese año ya este país empezaba a ser el país indolente e indiferente en el que estamos, un país narcoparamilitar que se resiste a comprender que aquí cabemos todos, como era la preocupación del doctor Héctor Abad Gómez, y no como insisten los godos que quieren vivir sabroso de cuenta de los demás.

Tan indiferentes son que, ni se percatan de su propia chiripiorca, llenos de miedo, proyectando odio y rencor a toda hora y en cada trino.

La salud mental en Colombia es un problema berraco, empezando porque todavía se piensa que esta se cura y, sobre todo, con psicólogos o con pastillas.  Si bien eso ayuda, también la responsabilidad social exige un compromiso con el lazo social, donde los medios de comunicación, los políticos incendiarios y las redes sociales, son responsables de la zozobra y el miedo en el que se encuentra Colombia porque antes que mermarle a la incertidumbre, viven arrechos echándole leña al fuego.

Yo sé que es complejo entender que después de la pandemia el mundo está cambiando y con el nuevo gobierno, comprender que antes que emular a Venezuela, lo que se busca es equilibrar la cruda realidad de una sociedad en la que unos pensaban que era imposible vivir con dignidad, mientras que los otros creían que la única forma digna de vivir era la que ellos tenían, sin importar el costo que no asumían para vivir así.

En Colombia hay más gente buena que mala, más gente que trabaja que flojos, más gente dispuesta a vivir en paz que aguzadores de violencia.  Por eso mi doctor Calle, le agradezco que a partir de hoy procure ayudar a los suyos a identificar sus chiripiorcas, antes que caer en la trampa de responderles sus demandas, porque ahí sí, pierde el otro y pierde usted.  ¿Me hago entender?

Muchas gracias por la compañía y tranquilo que el tintico lo invito yo.  Mi señora, ¿qué le debo?

Por Marcos Velásquez.

Cuando no existe una conciencia social, la cual implica, sí o sí, pensar en el bien común, el infantilismo aflora hasta en los sujetos que están en la etapa del adulto mayor.

Ello es propio del sujeto egoísta que, a pesar de pasarle los años, lo sigue habitando el niño que nunca se desarrolló en él, gracias a la sobre protección recibida y la maniquea formación que, la más de las veces en Colombia, fue la iglesia católica quien se encargó de formar en este una moral donde, antes que ilustrar el bien y el amor de Dios para todos, en su proceso de control de almas, procuró dividir lo “bueno” (azul) de lo “malo” (rojo) para su beneficio y afanada perpetuidad.

Festejar el mal ajeno con plena consciencia y alevosía, es propio del sujeto que pensando en su beneplácito delata en su risa su capacidad de maldad, con tal de lograr lo que caprichosamente quiere para sí.  Ello, antes que enunciar a un gobernante, evidencia la capacidad criminal de quien obra de dicho modo.

Sin embargo, un hombre grande y siempre humilde, nos dejó en el legado de una de sus canciones, que “la vida es un baile que con el tiempo damos la vuelta”.  Por más que se quiera reír el sujeto infantil del “mal ajeno”, también en dicho festejo expone su temor real a que las cosas se están saliendo de su supuesto control, en la medida que, si existe un liderazgo que está pensando en el bien común, manifiesta en cada paso que da, el taimado obrar de quien de palabra dice, pero en su obrar se contradice.

Colombia hace parte hoy del progreso, detona con Gustavo Petro el feudalismo que ha acompañado al país en los doscientos años de conservatismo, dado que el liberalismo que gobernó dentro de ese periodo, se había quedado corto en las propuestas sociales que exige el país.

El infantilismo de algunos sujetos de la esfera política y de quienes se alimentan del odio que el niño quiere contagiar a los que le hacen su venia por temor a su rebeldía, es a la luz de una crítica social, el ocaso del poder de quienes pensaron que todo tenía que ser como su acomodada y mal criada gana imponía.

Para dar media vuelta se giran 180°, para dar una vuelta completa tiene que haber un giro de 360 grados, con tal de no quedarse como estaba.

Mientras la era de Uribe entró a gobernar con violencia y guerra, a través de su socarrada “seguridad democrática”, la era de Petro entra con la Paz Total, pensando en cada paso que da en el bien común, 360º opuestos a una política donde reinó el miedo, el desplazamiento y el desbordamiento de los grupos al margen de la ley, dado que, al estar persiguiendo solo a su enemigo, los problemas sociales tomaron el rumbo que hoy Gustavo Petro busca frenar en una mesa de dialogo.

360º de cambio en 30 días de gobierno es más que suficiente para tomar una muestra de lo que se quiere para un país que votó por la paz.

Por ello, la posición madura frente al berrinche del niño, del infantilismo del exgobernante azul y de todos los que hoy hacen fuerza para que este nuevo gobierno y la izquierda en el Cono Sur no alce vuelo, como la buena cometa, es centrarse en la tarea de trabajar por el bien común, la desaceleración del desastre ecológico y la recuperación de la dignidad del hombre en el trabajo, dado que a punta del egoísmo de los accionistas y las corporaciones globales, quienes piensan solo en su riqueza, no se han percatado de que en Colombia también la explotación del hombre que promueve el discurso capitalista, mata el espíritu, borra los sueños y nubla la alegría.


Las opiniones expresadas de los columnistas en los artículos son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de Panorama24h o del Editor.

Por: Jairo Alvis Cuevas*

En la exposición de las principales motivaciones que inspiraron esta reforma, que hace su curso en el Congreso de la República, se destacan principalmente, los niveles de pobreza monetaria extrema, a los cuales ha llegado el país, entre los más altos de la región, alcanzando en 2021 el 39,3%, la segunda más alta de la región, después de México, 52,8% y por encima de Bolivia, Ecuador, Paraguay, Perú, Costa Rica y Chile. La mayor tragedia social que arropa a Colombia es el hambre, generada básicamente por la falta de justicia social.

Los principales objetivos que se observan en este proyecto de reforma son: Primero, disminución de las exenciones inequitativas de las que gozan las personas de altos ingresos y de algunas empresas. Por estas exenciones, el impuesto de Renta de Personas Naturales en Colombia es supremamente bajo, sólo el 1,3% del PIB, 6,2 veces menos que el promedio de los paises OCDE (8% del PIB). Segundo, cerrar los caminos para la evasión y elusión tributaria. Tercero, lograr los recursos para fortalecer el sistema de protección social.

Para esto, el proyecto de reforma pretende ajustar el sistema tributario, de tal manera que permita el avance en progresividad, equidad, justica, simplicidad y eficiencia. Contempla mejorar la progresividad, en cumplimiento del principio de equidad vertical del sistema, disminuyendo los topes de rentas exentas y deducciones y fijando nuevos límites de tal forma que un contribuyente de renta con ingresos brutos mayores a $10 millones mensuales, no pueda tener una renta exenta superior a un contribuyente con ingresos brutos inferiores a ese monto. Según datos de la Dirección General de Política Económica, únicamente el 2,4% de las personas con ingresos en Colombia, perciben ingresos brutos superiores a $10 millones mensuales, lo cual corresponde al 13,2% de los declarantes de ingresos por renta personal de mayores ingresos.

En cuanto a los pensionados, hoy prácticamente las mesadas son exentas en un 100%, y sólo el 0,2% de ellos, recibe una mesada igual o superior a $10 millones. Por esto el proyecto contempla reducir la renta exenta de pensiones y se gravarán las pensiones a partir de $10 millones de mensuales. La población adulta mayor tiene protegido sus ingresos por concepto de pensión, no estará obligada a tributar, partiendo del hecho de que no tenga otros ingresos.

En cuanto al impuesto al patrimonio, el cual venía gravado con una tarifa del 1% para patrimonios líquidos superiores a $5.000 millones, la reforma contempla rebaja de ese monto a $3.000 millones, pero con tarifas diferenciales, que mejoran la progresividad y favorece su fiscalización, así: De 0 a $3.000 millones al 0%. Mayores a $3.000 millones hasta $5.000 millones con una tarifa del 0,5% y mayores de $5.000 millones al 1%. El patrimonio líquido se calcula restando al patrimonio bruto las deudas o pasivos totales y a este resultado se le resta el valor de la vivienda de habitación del contribuyente, hasta por 12.000 UVT, que son $4560.048.000. Esto en razón a que el impuesto al patrimonio va en armonía con los fundamentos constitucionales de protección a la propiedad de vivienda del núcleo familiar.

Sin duda, la equidad en la tributación es el objetivo principal de este proyecto de reforma. Esta vez no se buscarán recursos gravando a las personas de bajos ingresos con mayores tasas, ni de renta ni de IVA a productos de la canasta familiar, favoreciendo a las personas de altos ingresos y empresas con exenciones cada vez mayores, lo cual es arbitrario e injusto. En el 2021 el estado dejó de recibir por cuenta de estas exenciones y beneficios tributarios, alrededor de $93 billones, según el Diario La República, los cuales no cumplieron con el objetivo de generar mayores empleos, sólo aumentaron los flujos de estas personas y empresas.

Es inconcebible que Colombia entre los paises de la OCDE sea uno de los menos equitativos y con mayor pobreza extrema. Según el ministro de hacienda esta reforma, no desestimularía la inversión extranjera en Colombia, toda vez que los flujos de capital están principalmente determinados por “factores de empuje”, como las tasas de interés de economías avanzadas, preferencia por la liquidez de los inversionistas y su aversión al riego asociada.

*Consultor – AG Gestores y Consultores de Desarrollo Empresarial- AGecode

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Por Marcos Velásquez.

Que <<la Paz Total no es posible>>, dice ahora la nueva oposición, en su afanada propaganda de generar incertidumbre y su malintencionada campaña de desinformación.

Claro que para ellos no es posible, porque, o desconocen el motor financiero del país, o desean que no se desmonte la fuente de financiación de sus actividades financieras.

Tratando de situar el origen de la desenfrenada violencia, posterior a la de los años cincuenta, consecuencia de lo que para ellos no es posible, en 1972, ya la cultura traqueta hacia parte del imaginario urbano de Colombia.

Hacer plata fácil, sin matarse trabajando, disfrutar de mujeres bonitas, sin necesidad de ser bonito, tener carros último modelo, sin necesidad de venir de los pocos barrios de ricos, pasar por “inteligente”, sin haber pisado un plantel educativo, era viable para una sociedad de jóvenes que no tenían compromiso con su patria, pero sí tenían deseo de “vivir sabroso”, como lo nombró la ruin y clasista pregunta de la “periodista” de CM& a nuestra Vicepresidenta.

Allí Colombia se bifurcó.  Por un camino estaba la generación que quería dinero “fácil”, y por el otro, la “temerosa de Dios”, que quería hacer las cosas bien, aunque se demorara más tiempo.

En esta segunda, a pesar del ardor de algunos, estaba también la generación de nuestro gobernante, quien dejó las ideas guerrilleras y las armas, con tal de continuar su compromiso con su nación, en pro de restaurar el lazo social, a pesar de que los delfines del país pretendieran el poder para sí mismos y para nadie más.

En la década de los 70 se despertó la Hidra de Lerna del narcotráfico en Colombia, la que logró con su dinero, seducir a todo aquel que quería vivir sabroso, consiguiendo fijar su mirada en esa forma rápida de obtener dinero, comprar tierras, caballos y hacer negocios poniendo el precio que ellos quisieran, porque tenían con qué, después de haber vivido sin con qué comer muchos de ellos, generando también otro número de muertes que no se han registrado, porque se han justificado como ajuste de cuentas entre estos.

El dinero del narcotráfico inundó el flujo de caja del país, aflorando una mecánica comercial que ha logrado sostener negocios, empresas, dinámicas políticas y el silenciamiento de la conciencia social, una vez que las madres en la dramática época del sicariato en Colombia, con la cruda frase: <<Traiga comida a la casa mijo.  No importa cómo, pero traiga comida>>, autorizaran a sus hijos justificando la subversión del mal por el amor a la Cucha.

De modo directo o indirecto, el narcotráfico tocó el estilo de vida de una Colombia, antes de él, campesina y urbana.  En otras palabras, de una Colombia que seguía en una lucha bipartidista, tratando de creer que con un nuevo gobierno las cosas iban a cambiar, y que, si volviera Jorge Eliécer Gaitán, el pueblo iba a tener pan.

El deseo manda, a pesar y por encima del capricho y el miedo de quienes han estado acostumbrados a vivir sabroso por herencia, por delfines o por las causas y azares de sus vidas.

La generación que creció en el imaginario del <<Trabaje duro mijo, para que a los 50 tenga carro, casa y beca (leída esta como vacaciones o jubilación)>>,  enfrentando algunos un real donde el trabajo duro no les ha alcanzado para todo lo que la sociedad prometió como ilusión de vida e intentando sostener sus comodidades, a pesar de las circunstancias y apoyados por sus padres, tíos y algunos férreos abuelos, ahora quieren hacer creer a quienes no han tenido nada, o a la clase trabajadora donde algunos son sus empleados y al laborioso vendedor ambulante que no alcanza a pagar impuestos, pero se nutre de la calle para llevar comida  a casa y pagar servicios y arriendo, que por culpa de la reforma tributaria que plantea el presidente Petro, Colombia va a estar peor de como la dejó el gobierno saliente, sin reconocer, eso sí, que el gobierno saliente no dejó bien al país.

Desarticular el narcotráfico es clave para concebir una paz total.  Empezando porque al pensar el comercio ilegal de drogas como algo diferente, se pasa forzadamente a desmontar el imaginario de la cultura traqueta, donde todo es fácil, rápido y posible, porque la plata lo compra todo.

Es claro que el gobierno de Gustavo Petro no será un gobierno fácil.  No solo por ser un presidente con propuestas de progreso y de paz, por ser la antípoda del socarrado discurso mafioso que reinó en gobiernos anteriores, dándole la espalda al pueblo y rienda suelta a la violencia, sino porque quienes se oponen a un bien común, harán todo lo posible para torpedear la construcción de una Colombia humana que puede vivir en paz, siempre y cuando se administren los recursos con los que cuenta el país, para que la brecha social y el clasismo exacerbado que se han encargado de fraguar disminuya.

En sus patadas de ahorcado, hoy suenan vientos de una malintencionada protesta social que, a la luz de lo expuesto, se nutrirán las calles de personas caminando quizá por primera vez las calles, exhibiendo sus ropas, cacerolas y demás atuendos o utensilios de marca, antes que su deseo por el equilibrio social fragmentado, que hizo que el pueblo hastiado de violencia, desgarrado por la falta de oportunidades y cansado de trabajar mucho por nada, no viera un futuro posible ni para ellos ni para sus hijos en la continuidad.

Aún el pueblo pide pan, y aunque quieran malograr las intenciones del presidente Gustavo Petro, quienes nunca han pensado en el pueblo, haciendo bulla por la “reforma del salchichón” a pesar de siempre haber tenido con qué comprarlo, los que lo eligieron saben que el proceso de reparación del lazo social es lento, riesgoso y necesario para una Colombia que puede vivir en paz, a pesar de que la oposición no quiera reconocer o desmontar la violencia que les ha permitido vivir sabroso solo a ellos.

Por Marcos Velásquez.

La vida no es una foto de Instagram, sin embargo, quien no conoce y no ha vivido el discurso capitalista, se engaña y se deja seducir por este.

La base de todo el que habla, es que las palabras no lo completan.  Procuro ilustrar: más demora un ser humano en decir que quiere algo, para él verse confrontado con la imposibilidad de lograr que eso que desea se materialice.  Una vez lo tiene, ya no lo quiere, no le gusta, prefiere otra cosa o simplemente, siente que le hace falta algo a eso que pidió.

Esa imposibilidad que empuja a llenar ese vacío que deja el lenguaje, a través de lo que podemos nombrar como el saber o la materialización de lo que se quiere, al no hallar una respuesta efectiva que satisfaga eso que se quiere, produce mal-estar.  Ese mal-estar exacerbado es nombrado como “malparidez cósmica”.  Es decir, como el insoportable absoluto de no poder encontrar algo que colme lo que se nombra, o que se materialice de la manera ideal como se desea.

Ello produce frustración, impotencia, al no saber la verdad de por qué eso que se desea, no se puede completar en lo real del modo ideal que se imagina.

Ese mal-estar, paradójicamente, empuja a seguir insistiendo en la búsqueda de la materialización de eso que se desea, pero que irónicamente, no se puede obtener.  Este mecanismo hace que el ser humano que vive este real, se torne en un ser egoísta, en el sentido de que al estar enfocado solo en la búsqueda de su completud imposible, no pueda pensar en nadie más que en sí mismo y sus circunstancias.

Para burlar la falta que lo habita, el ciudadano de hoy, a través de las redes sociales, logra capotear su imaginario y el de los otros, construyendo el ideal con el que no cuenta a través de narrativas visuales, audiovisuales o textuales, por medio de imágenes que publica en sus redes sociales, mostrando, la más de las veces, lo que desea, ocultando en dichas imágenes, que ellas son lo opuesto a lo que realmente vive o, por el contrario, son la extimidad de lo que no tiene.

Ese solipsismo en el que cae el ciudadano de hoy, es efecto del discurso capitalista.  Solo existe él, su deseo imposible de completar y su desesperado afán de conseguir su completud a toda costa.  Lo que trae como consecuencia la ruptura del lazo social y como tal, el individualismo que niega al otro.

En Colombia, un país que aún habita el imaginario de un feudalismo católico tal y como lo ilustró en “Cóndores no entierran todos los días” (1984), Gustavo Álvarez Gardeazábal, la tecnología hace que, a pesar de continuar en una producción semifeudal, el colombiano de hoy esté afectado por la lógica del discurso capitalista, quien impone pensar que todo es posible y que todo es normal.

Al borrar la historia de la formación secundaria, al vivir inmersos en una propaganda política a través de los medios masivos de comunicación que se han encargado de ser bufones del veneno del establecimiento y al encontrarse con el real de la tecnología y sus diversas materializaciones que empuja a la autocomplacencia, antes que contemplar las diversas posibilidades de la construcción del bien común, es comprensible que, a día de hoy, ante <<50.770 personas secuestradas, 121.768 desaparecidas, 450.664 asesinadas y 7,7 millones desplazadas forzadamente>>, según el Informe Final de la Comisión de la Verdad, como el genocidio de la UP en Colombia que tuvo <<4.616 asesinados y 1.117 desaparecidos>>, la indiferencia sea el síntoma social, como lo expuso José Fernando Velásquez, de una nación que sin ser capitalista cien por ciento, no comprende lo que está en juego en su historia y su proceso político actual.

El capitalismo no es solo la acumulación de riqueza para los accionistas y el empobrecimiento de la clase trabajadora que paga su producción con su sudor, su cansancio y su angustia de tener más horas de trabajo, para llegar a fin de mes.  El capitalismo es la ruptura del lazo social, es la negación del bienestar del otro, con tal de sostener el bienestar individual.

Por ello, el trabajo de la Colombia Humana como movimiento político se enfoca en el restablecimiento de ese lazo social que, a punta de indiferencia, niega todo lo que al autocomplaciente ciudadano de hoy, lo aleja de su egoísmo o lo incomoda en su narcisismo.

No se trata de caer en la manipulada y necia trampa de señalar o denunciar qué hizo la oposición o qué dejó de hacer, para defender la ruta política que está en desarrollo.

Se trata de que, si se ha de utilizar las redes sociales, sea para ilustrar con ejemplos gráficos y concretos cómo se supera el egoísmo que construye el capitalismo y se evidencia el bien común que plantea el trabajo solidario, donde el trabajador, el ciudadano y Colombia, sean la bandera de la paz y no la mordaz mentira que oculta una verdad que insiste en dividir una nación.


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Por Marcos Velásquez.

El 2% de la población colombiana pagará en la Reforma Tributaria, dado que ganan más de $10 millones de pesos o más.  Sin embargo, la oposición de hoy se encarga de viralizar la desinformación a través de sus Redes Sociales y sus medios de comunicación como en cada semana.

Han encontrado en la propaganda, al estilo Joseph Goebbels, su artilugio para alborotar a las masas incautas, partiendo de la base de que ellos se encargaron de dividir a Colombia de modo tajante, al punto que ya no somos colombianos sino, o somos guerrilleros porque votamos por Petro, o somos de derecha (ocultando claro está, lo que representa la derecha en sí misma, porque los métodos que han utilizado si no los pueden ocultar, aunque hagan un gran esfuerzo por matizarlos).

No todos los ciudadanos que votamos por Gustavo Petro somos guerrilleros.  Algunos somos intelectuales que por nuestra formación comprendimos los matices del discurso capitalista y cómo este solo produce plus de goce y borramiento del sujeto, así como también hay ciudadanos que se cansaron de un discurso guerrerista, pendenciero y busca pleitos, que aún insisten en sostener como argumento a falta de discurso, quienes quieren satanizar el trabajo de reconstruir el lazo social de una ciudadanía a quien le cuesta creer en sus instituciones y sobre todo, en sus líderes.

Al perder el poder, han ido tejiendo una campaña fundamentalista generando terror y desinformación sobre lo que el gobierno actual está proponiendo.

Con el asunto de la “expropiación”, por poner un ejemplo, la falta de historia y de civismo hace ver, en su propaganda, cómo un terrateniente que se apropia de muchas hectáreas de terrenos baldíos puede ser intervenido legalmente por su mal proceder o “proceder del avispado” por el Estado, haciéndolo pasar por víctima o por una persecución, al punto que para ganar adeptos en su defensa, tratan de seducir a un campesino que ha usufructuado un terreno pequeño para su manutención o su pancoger, haciéndolo pasar como un gran terrateniente a quien el Estado también le va a quitar su porción de tierra.

A falta de una claridad cívica que haga entender al ciudadano colombiano la importancia de la buena y sana alimentación y cómo el sistema capitalista exprime el concepto de valor, dándole a quien compra y vende en el mercado, a quien toma el producto hecho por el trabajador que emplea su energía mental (su concentración) y física para producirlo, la oportunidad de multiplicar su ganancia sin reinvertirla de modo justo en quien le permite fructificar dicha ganancia y si repartirla solo entre sus accionistas, se ponen a despotricar sobre el alza en el producto porque tiene que pagar más impuesto.

Con ello exponen cómo les interesa tener una ciudadanía sometida, agradecida y débil, con tal de continuar reinando en un país de ciegos.  Al punto que, en su patético esfuerzo de sostener su máscara en su comedia, utilizan a un bufón del veneno que siendo afrocolombiano habla como nazi, sin notar su propia contradicción, ni cómo es solo un idiota útil de su causa.

Las patadas de ahorcado de esta oposición pueden continuar generando, como niño malcriado que no quiere aceptar lo real, el mismo síntoma de violencia en el que se acostumbraron a vivir, dado que históricamente está claro que las ciernes del gobierno que sale y muchos de sus adeptos nacieron o se formaron en la década del setenta, cuando Pablo Escobar Gaviria era el Patrón, por ello es tan complejo para ellos entender que se puede construir una sociedad donde la paz sea total y el trabajo dignifique al hombre.

Por Marcos Velásquez.

Es normal que estemos cargando los complejos de la conquista.  Que aún nos creamos blancos, cuando somos mestizos y que seamos racistas y por tanta misa y tanta confesión pensemos de modo inconsciente que al rezar y pecar estemos empatando y no nos demos cuenta de que moralmente obramos mal y que el racismo lo confundimos con clasismo.

Tan normal es, que no nos dimos cuenta de lo errados que estábamos, que cuando en la historia reciente llegaron los sicarios de Pablo Escobar a la escena social con las caletas de Pablo y las rutas del patrón, comprando fincas y casas en los barrios de los ricos, que eran herederos, más no millonarios, no nos diéramos cuenta de lo que estaba pasando y para acoger a los nuevos vecinos mejor los enseñoramos diciéndoles Don, porque llegaron con plata y carros ultimo modelo, que generar el rechazo social hacia unas personas sin modales y no hiciéramos reparos en su forma mañé de vestir y obrar.

Tan frágiles estábamos que entonces empezamos a relacionarnos con personas sin escrúpulos y como manejaban dinero, nos dejamos hipnotizar por su nivel sociocultural y los empezamos a emular y sin darnos cuenta su conquista fue tal que ya la educación pasó a un segundo plano y el concepto de esfuerzo y tiempo mutó, al punto que todo valía la pena siempre y cuando el avispao que llevamos dentro aflorara para orgullo propio y congraciar con la astucia de los nuevos patrones.

No lo notamos, pero nuestro lenguaje cambió.  Dejamos de decir ganamos y empezó a reinar, para casi todos nuestros logros el coronamos.  Involucionamos en todos los aspectos del desarrollo humano, al punto que los rectores de la moral en Colombia se vieron premiados recibiendo diezmos sustanciosos de la mano de criminales que después o antes de hacer una masacre, los convocaban para celebrar una misa, con tal de espiar sus culpas, como cualquier ser humano lleno de ansiedad y miedo a morir.

Así pasaron los años setenta y los que vinieron, olvidando los horribles cincuenta, donde desde el pulpito se autorizaba matar a los liberales, con tal de preservar la cama y los manteles de las buenas almas y la rectitud moral de una sociedad que se erigió en función de complacer a la corona sostenida por esclavos y peones.

Entonces es normal que hoy, esa misma sociedad se escandalice de que por primera vez en Colombia un guerrillero sea el presidente de la nación y no pueda ver cómo el “patrón de patrones”, Pablo Escobar, ya había logrado su acenso en la sociedad, no solo a través del dinero, sino de su estilo de pensar y obrar.

Esa sociedad de “Criollos que se creen blancos” hoy se mira con el rabo del ojo porque por primera vez en la historia de Colombia tenemos una vicepresidenta afrodescendiente, al punto que los que tienen con qué, corrieron para dejar el país, y los que no tienen, están de luto cerrado, amargados porque según su cosmovisión, llegó el fin, al parecer, para su clase social.

Tan mal estamos que, viviendo los últimos años en una narcodemocracia, sale un ex presidente godo por las redes sociales enarbolando las banderas de la moral que representa la contradicción de la Colombia que ha permitido todo esto, diciendo que no acepta la invitación a la posesión del nuevo presidente, porque representa todo lo malo que va a ser el país, cuando él fue uno de los que sostuvo lo malo que ha sido este país.

El Pacto Histórico y la Colombia Humana es, a los ojos de las mentes sensatas, la consecuencia lógica de una historia que clamaba por un punto final a una involución de la transfiguración de los valores.

Nos han contado la historia de una sola manera, cuando gracias a la multiplicidad del significante, la historia tiene muchas formas de ser interpretada.  Sin embargo, la corona y la cruz temen perder sus beneficios sociales, por ello insisten en hacer existir una visión donde negros y esclavos son los encargados de servir la mesa y fregar los platos, por decir lo menos.

El nuevo gobierno representa, en la historia de Colombia, lo que Jorge Eliecer Gaitán en su momento dijo.  Parafraseándolo, celebro que este gobierno no es un hombre, es un pueblo que tiene la oportunidad de escribir la historia por sí mismo.

Por Marcos Velásquez.

Señor ministro, uno de los males de la educación superior en Colombia, es el ego.  Este ha hecho que algunos de los docentes que tienen mucho tiempo en algunas de estas empresas privadas y en algunas de las públicas, se hayan “rellenado” en su discurso, encargándose con ello de plantear el semblante de un “saber” que dicen ostentar, sin avanzar realmente en la profundización del conocimiento, atrasando con esta actitud el razonamiento de sus estudiantes, quienes necesitan comprender cómo afrontar el mundo que viene, mientras que sus docentes les entregan las fórmulas recicladas del mundo que ya está en los momentos finales de su ocaso.

Aparte de esta pereza humana, la Ley 30, al crear el Sistema Nacional de Acreditación, con el fin de garantizar a la sociedad que las instituciones y programas que voluntariamente se presenten, demuestren que cumplen con los más altos requisitos de calidad, al igual que con sus propósitos y objetivos de formación, al estar inscrita en la carrera neoliberal, ha conseguido que muchas universidades pasen los filtros de los pares evaluadores para obtener su acreditación, sin realmente estar preparadas para ello, o sin contar con la infraestructura o el talento humano que de garantía de dicho fin.

Mientras en las oficinas de las directivas de algunas de estas empresas festejan su acreditación, en las cafeterías de las mismas los estudiantes y uno que otro profesor lúcido, se preguntan cómo lo lograron.

Todo esto, porque en relación a los retos de Ciencia, Tecnología e Innovación que tenemos en el Pacto Histórico, es prioritario reevaluar la política y los filtros con que se está afrontando este renglón, cuando algunos docentes han estudiado sus maestrías y doctorados pensando más en su escalafón, que en la adquisición de conocimientos y de un despertar a una nueva visión de mundo que permita “empujar” a sus estudiantes al siglo XXI.

Es común entonces encontrar a profesores con maestrías o doctorados pensando igual que cuando estaban en sus pregrados y tener la picardía de osar no haber trasnochado ni sacrificado horas de su tiempo en la elaboración de sus tesis, y sí exigirle a sus estudiantes las fuentes de los autores en sus trabajos, para tratar de detectar en ellos un plagio, sin ser el ejemplo a seguir en lo que piden.

En la educación superior en Colombia también ha habido corrupción.  Solo que es más escandaloso hablar de dinero que hablar de plagios, falta de discurso o incapacidad para tener nuevos estilos de pensar.  Sumado a que, la política del régimen conservador en Colombia siempre ha privilegiado al obediente y penalizado a quien piensa por sí mismo e induce al pensamiento crítico a sus estudiantes.

Muchos de los actuales docentes no se han leído el “Elogio a la dificultad” de Estanislao Zuleta, y aburguesados en sus plazas de trabajo, como un amo, exigen lo que no tienen para dar, creando con su actitud “egresados de microondas”, que se gradúan tan rápido como terminan sus semestres y quieren enriquecerse, aunque sea ilícitamente, porque con el ejemplo han comprendido que el título universitario es un medio para adquirir dinero fácilmente, olvidando que este les entrega una responsabilidad para aportar y transformar a su sociedad.

Los dineros que piense invertir en Ciencia, asegúrese que realmente sean utilizados para hacer ciencia en universidades que cuenten con los laboratorios, los docentes y los grupos de investigación idóneos y acordes con la tarea, porque lo más seguro es que en el papel usted encontrará absolutamente todos los requisitos que se les pide, cuando su estrategia es la misma del caracol.

En relación a la tecnología, tenga presente por favor que sobredimensionamos a nuestros profesionales, dejándolos a la deriva en un mercado laboral que exige técnicos y la más de las veces, no les da trabajo. Por ello, para las nuevas generaciones es más oportuno la inversión en un estilo de pensar técnico y práctico, que ayude a transformar y adaptar el mundo que viene.

Así mismo, que las empresas que puedan dar fe de la creación de herramientas técnicas para el propósito de la apropiación de nuestro territorio en correspondencia con el cambio climático al que asistimos y el cambio social que necesitamos, le brinden trabajo y honorarios justos a nuestros estudiantes y técnicos profesionales.

Ahora, en cuanto a la innovación, siendo consecuente con mis palabras, estimo que hay que empezar por el dialogo honesto y abierto con quienes hasta ahora se han encargado de formar a una sociedad.

Se ha de partir del estilo de pensar, el cual ha de estar preparado para afrontar el siglo XXI y el nuevo orden global.  Si ellos no están preparados para “mirar por el parabrisas” del Pacto Histórico e insisten en defender las ideas que resguardan por el espejo retrovisor de su incapacidad de adaptación, la esperanza que tenemos algunos colombianos en su nombramiento, se apenará, porque obtendremos más de lo mismo, cuando la juventud reclama futuro, apoyo, confianza y credibilidad por parte de nosotros los adultos en sus sueños.

Por Marcos Velásquez.

El Pacto Histórico es una respuesta al silencio que oprimía el futuro del país.  Opresión que se encargaba de anudar en el poder solo a los que tienen, sin notar que, cada vez más, los pocos que tienen, no cuentan con discurso, pero sí con herramientas para consolidar su fortuna.

De ahí que el Pacto Histórico proponga la “reparación a la democracia cuarteada, a partir de la generación de trabajo, calidad de vida, sustentabilidad ambiental, paz y futuro, en oposición al desempleo, las quiebras de vida, la desesperanza, la guerra y el dolor, planteando una garantía en el acceso a la salud y la educación de calidad que incluya la universidad.

Se preocupa por resolver temas espinosos como el agua potable, el internet con cobertura para las zonas más alejadas y para todos, las energías limpias y la protección del planeta, así como la transformación tributaria para garantizar los compromisos productivos, sociales y de defensa de la naturaleza, con impuestos justos y equitativos.

Recupera los ideales, fines y propósitos del Estado, para servir desde la solidaridad, el bien común, el interés general o público, luchando contra el racismo estructural y todas las formas de patriarcalismo y discriminación en la gestión pública y la sociedad, hasta obtener el reconocimiento real de todos y todas en una sociedad solidaria que garantice la convivencia.

En otras palabras, el Pacto Histórico es una nueva forma de gobernanza democrática y pluralista en la que las diversas expresiones de la sociedad colombiana construirán los acuerdos mínimos para adelantar las transformaciones que han sido históricamente postergadas y que son indispensables para avanzar hacia una era de paz en el país”, que busca anudar el lazo social roto por el silencio de las armas, la extorsión o el mal acostumbrado silencio cómplice de quienes guardan sus intereses, por encima del bien común.

Por ello, el Pacto Histórico se erige como una propuesta en la que el discurso da cuenta de sus actos, contrario a lo que se había habituado Colombia.

Si bien, el lazo social se sostiene a partir de la palabra, de la reflexión y de la respuesta, incluso, a los silencios, el Pacto Histórico es el grito del pueblo que trabaja para sostener la economía de un país que tiene todo para crecer e insertarse en el nuevo orden mundial.

De igual modo, es la respuesta, a la historia de Colombia, que da cuenta de un presidente que no tapa su pasado y trabaja desde sus orígenes, por el futuro del bien común, sin que esto sea interpretado como empobrecimiento social, sino como el progreso económico que exige darle una vuelta de tuerca a un capitalismo que ha mostrado su cansancio y sus falencias.

Solo a través de la palabra y la sana discusión, se puede hacer lazo en la naturaleza del lenguaje que habita a lo humano.  La apuesta es grande, y la propuesta ha sido hecha para responder a ella.

Tanto el presidente Gustavo Petro, como sus senadores y coequiperos, tienen la tarea ética con la historia del país, de velar por los intereses de quienes lo han sostenido siempre, su clase trabajadora.  Hoy no se trata de políticos, hoy se trata de un pueblo dividido que se une en el interés común que ha sostenido su riqueza, el trabajo, para el bien de todos.

He ahí el secreto del lazo social que ha sostenido a Colombia.  Al descuidarlo, en favor del bienestar para pocos, la esperanza se había perdido.

Por: Jairo Alvis Cuevas

Sin duda alguna el éxito del presidente electo, Gustavo Petro, se fundamentó en su firme disposición por lograr la reconciliación nacional, ante la crítica polarización que ha vivido el país los últimos años, que lo han llevado a una división en dos extremos al parecer irreconciliables y en su preocupación por reactivar los acuerdos de la Habana. Esta disposición le permitió aglomerar en el Pacto Histórico un variado número de grupos políticos, todos ellos afines al intento de retomar los caminos de la paz, de reactivar los acuerdos congelados por el actual gobierno en su firme propósito por hacer trizas dichos acuerdos.

¿Hizo trizas la paz este gobierno? Definitivamente no. El blindaje dado por el gobierno de Santos, al elevar a rango constitucional las nuevas entidades del sistema integral, entre ellas la JEP, La Comisión de la Verdad y La Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas, permitió el avance en la implementación en los últimos meses del gobierno del presidente Santos y en la protección final a las embestidas del gobierno de Duque, quien no pudo ante tan fuerte escudo de salvaguardia y blindaje. Gran acierto de Juan Manuel Santos en este propósito.

Este blindaje permitió que hoy los acuerdos se encuentren en un avance aproximado al 70%, quedando pendiente la mayor parte de lo relacionado con la mesa de alistamiento jurídico, en la cual adormece la Ley de Tierras, norma relacionada con el acceso a terrenos baldíos. Están congeladas también las leyes para que haya jueces rurales dedicados a resolver los conflictos sobre el uso y la propiedad de la tierra; la reforma política para poner en marcha la misión especial electoral; la ley para fortalecer la participación ciudadana y regular la protesta pacífica; la ley de sometimiento de bandas criminales y la ley de tratamiento especial de cultivadores.

Estos aspectos de los acuerdos que no han avanzado, casi todos hacen parte del plan de gobierno que el presidente electo presentó al pueblo colombiano, de ahí su gran aceptación por parte de los partidos políticos que votaron sí a los acuerdos de paz y que, a pesar de ser minorías en el congreso actual, dieron una dura batalla en su defensa, alcanzando, no avances en la implementación, pero sí logrando junto al blindaje, defender las arremetidas por hacer trizas lo acordado. Por esto no es incoherente que en la composición del gabinete del presidente Petro y en las coaliciones que se hagan en el Congreso, estos partidos que apoyaron el proceso de paz, tenga una importante participación.

Pese a los obstáculos del gobierno de Duque, la JEP ha logrado que alrededor de 10.000 ex combatientes se acogieran al proceso; en reparación integral se han registrado un gran número de víctimas, a los cuales la respuesta ha sido mínima; los macro procesos de secuestro y falsos positivos, se lograron tipificar como crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad. Se encuentran engavetados, la ley de transporte escolar, la ley de compras públicas de productos a los campesinos por parte de los entes territoriales, la cual garantizaría a los pequeños productores una demanda permanente de sus productos.

La reforma política para poner en marcha la misión especial electoral, es de suma importancia, sacarla adelante a la mayor brevedad posible. El sistema electoral actual presentó considerables fallas en las elecciones del congreso, sino es por el seguimiento estricto dado por el equipo de trabajo de Gustavo Petro, hubiera perdida 3 curules, las cuales recuperó en el reconteo. Esto arrojó una mancha de dudas sobre el software, por lo cual se pidió se hiciera una auditoría, la cual nunca se hizo, pero al final, los resultados de la primera y segunda vuelta presidencial, no dejaron ninguna duda sobre el proceso electoral, pero que es necesario hacia futuro se tecnifique mucho más, para evitar tantos errores humanos, voluntarios o involuntarios.

Por todo esto es necesario un pacto por la paz, es decir, un acuerdo para erradicar la ácida polarización política e implementar todas estas leyes que, sin lugar a dudas, propician mejores condiciones de vida para nuestras comunidades campesinas, indígenas, negritudes, mujeres, juventudes. No se trata de una paz divina, sabemos que esa no la logramos con nuestros propios esfuerzos, se trata es de darle fin a tantos conflictos armados y a tantas inequidades sociales, lo cual nos puede propiciar una mejor convivencia, combatir la pobreza y la desigualdad. ¡Dios bendiga a Colombia!

Por: Juan Carlos Castilla Cruz*

Lo mejor de las pasadas elecciones presidenciales, es precisamente eso, que ya pasaron.

La avalancha de insultos, de improperios, y en general, de toda clase de bajezas, demuestran que este es un país enfermo, en el que la decencia no tiene cabida y en el que están llamados a figurar aquellos que más escándalo hagan, que más dividan y polaricen, pues aplican a la perfección lo de dividir para reinar.

Reconozco, en un claro acto de renuncia al sigilo del voto, que no voté por Gustavo Petro, pero ello no me impide desearle un buen gobierno, no porque sea pecado augurarle mal al prójimo, si no porque está en juego el futuro del país. Por ello, en un acto precisamente de decencia, de altura y de patriotismo, quienes no simpatizamos con él deberíamos comprometernos a no darle de su propia medicina, sí, en la vida no siempre es sano devolver lo recibido. Así, a partir de este momento, nadie debe empeñar sus esfuerzos en desprestigiar un gobierno que ni siquiera ha empezado, las bodegas de la injuria y la calumnia deben desmontarse, el llamado a la movilización violenta disfrazada de legítima protesta debe ser erradicado; y en lugar de todo ello, acoger a un Petro que parece, si me permiten el término, deconstruir su personalidad.

En el discurso del pasado domingo observé a una persona con intención de unir al país, dejar de lado los odios y “construir una política del amor”; lo anterior es plausible, bajo el entendido de que todos tenemos derecho a cambiar, pues, si comparamos esta nueva versión de Gustavo Petro con la del personaje que perdió las elecciones del 2018, ya no hay llamados a movilizaciones populares ni predicciones en el sentido de que el gobierno entrante sería su mejor campaña, en un claro deseo de fracaso para el neófito Iván Duque, sin importar llevarse por delante al país. Claro está, esta vez es él el vencedor, y su contrincante demostró altura al reconocer los resultados sin amenazar venganza.

Ahora bien, resta esperar que el candidato Petro dé paso al presidente en que se convirtió, lo que implica cumplirle a ese medio país que dentro de un ambiente de desesperanza, exclusión y abandono, ve en él la reivindicación de sus derechos, porque para nadie es un secreto que existe una Colombia resquebrajada que merece un mejor futuro. De igual modo, debe controlar la incontinencia verbal que a veces parece asaltarlo, y entender que entidades como la Fiscalía y la Procuraduría gozan de independencia, por lo que no tiene presentación impartirles órdenes.

Por último, a los desesperanzados con el resultado electoral, sobra recordarles que aquí cabemos todos, que nuestras instituciones son sólidas y que la democracia precisamente consiste en permitir la participación en la institucionalidad de quienes tienen posturas distintas, y que no se reduce “al derecho que tienen los piojos a comer de los leones porque son mayoría”.

*Abogado

Por: Marcos Velásquez

Sí, Colombia dio un paso en su evolución política.  Demostró que, a través de las elecciones, se pueden tomar decisiones, aunque no necesariamente tengamos que estar de acuerdo.

Eso es un principio de la democracia, algo a lo que muchos no están acostumbrados, dado que se habituaron a pensar en que sólo se tiene que obrar como dice el amo (el patrón).

Desde el Frente Nacional no se había planteado una posibilidad de tomar la política como una opción de paz.  Lo expongo en el sentido que, de no haber sido por dicho pacto político, los Conservadores hubieran exterminado a los liberales.  Para los más jóvenes, les recomiendo la lectura de la novela Viento Seco de Daniel Caicedo, donde él se encarga de narrar lo que ocurrió en octubre de 1949.

Con ese pacto se puso límite a la violencia política, hasta que llegó la semilla del mal para nuestro país, con el estilo de pensar de Pablo Escobar Gaviria, quien catapultó en su frase “plata o plomo”, la forma más diabólica de obtener lo que se quiere.

Lamentablemente, a raíz de ese estilo de pensar, la política involucionó en nuestro país, adhiriéndose a esa forma de obrar y permitiendo el exterminio de todo quien políticamente no pensara como el amo del momento lo planteara.

Entramos sin notarlo en un comportamiento feudal en pleno siglo XXI, donde el Señor Feudal decía qué se hacía y qué no se hacía y bueno, permitió todas las masacres y desapariciones que aún muchos cándidos colombianos piensan que no existieron o que no pasaron, sólo por estar atentos a sus seguridades.

Mientras algunos colombianos estaban bien, otros han padecido las inclemencias de un conflicto que tiene un gobierno paralelo.  Un conflicto donde la voz de quien piensa diferente y bajo la frase “algo tendría”, fueron matando uno a uno a los lideres sociales que, en última instancia, solo les duele a sus familiares y amigos.

El Pacto Histórico no es solo la cifra de 11.281.013 colombianos que votaron por Gustavo Petro y Francia Márquez Mina.  Es la respuesta histórica al cansancio, la agonía y la desolación de la imposibilidad de que se reconociera la violencia de los últimos años en Colombia:

El exterminio de un grupo político, la matanza de la población civil (seres humanos pacíficos sin armas) en sus casas, la desaparición de jóvenes a través del mecanismo de “falso positivo”, el asesinato sistemático de lideres civiles y el exilio auto impuesto para preservar la vida, dado que en Colombia sólo le creen al muerto que lo mataron, mientras que al amenazado de muerte se le pone en tela de juicio, o se le justifica su fatídico presente con la lapidaria e insolidaria frase: “Quién lo manda!”, o la posición egoísta de :“Él se lo buscó”.

10.580.412 colombianos no comprenden esto, porque no lo han vivido, o porque su cómodo ego, solo les permite pensar que, como ellos están bien y no han hecho nada malo, no tienen por qué resolverle los problemas a quienes los tienen.

El Pacto Histórico es una respuesta a ese silencio que asfixió el futuro del país, el cual iba en la vía de solo los que tienen son los que pueden, sin notar que cada vez más los pocos que tienen no cuentan con discurso, pero sí con herramientas de poder para consolidar su fortuna.

Con esto celebro la capacidad discursiva de Gustavo Petro, quien públicamente asumió y no negó su pasado, al igual que su capacidad de asumir el riesgo de hacer política a través de la palabra, abandonando las armas, instrumento predilecto de quien no tiene capacidad de hilar una idea y desea ser respetado en sus caprichos y admirado por sus gustos, a la fuerza.

Espero que El Pacto Histórico traiga los vientos de la paz anhelada después de más de setenta años de soledad.  Al igual que espero que este Pacto Histórico le devuelva a la escena política el político de sangre de discurso, de esencia de pueblo y de carisma de líder, dado que también nos acostumbramos a que todo era compra de votos, porque era más fácil para quien no sabe hilar palabras, no ha leído y no tiene pensamiento propio, comprar un voto, que afrontar la sed del pueblo que clama por palabras de aliento que guíen sus afugias, con soluciones posibles y cercanas.

De igual modo, espero que este Pacto Histórico reviva a maestros del periodismo como Antonio Caballero, quien, desde su elegante prosa y su izquierda intelectual, nunca utilizó el periodismo como instrumento de extorsión, persecución o imposición, dado que ya son pocos los periodistas en Colombia que cuentan con una ética de la palabra, al servicio de la crítica y la protección de la sociedad.

Así como el Pacto Histórico se lo debemos históricamente a Gustavo Petro Urrego, hay que resaltar el trabajo de Nicolás Fernando Petro Burgos, quien asumió con convicción una posición política abierta, donde entregó su esencia a su pueblo, el Caribe Colombiano, el cual ha estado a la deriva de “falsos profetas” y especuladores del voto.

Nicolás Petro, con su trabajo fraterno y humilde, le recordó al manoseado votante del Caribe colombiano, lo que es un político de pueblo, el que ya estaba quedando en el olvido, gracias a la compra de votos y la incapacidad humana del ego insolidario de los políticos que toman la necesidad humana como “empresa electoral”.

Sentado en el corredor de la casa o en la mesa sin mantel de sus conciudadanos, Nicolás no solo habló de las propuestas de su padre.  Sin notarlo, le devolvió la credibilidad a la gente de a pie en el hombre político que, a pesar de trabajar por los intereses de una sociedad, también se toma el tiempo para sentir cómo se vive en una necesidad apremiante, en gobiernos que piensan en el ego y no en la gente.

Y cómo no celebrar en este Pacto Histórico, el triunfo de la nueva “Negra Grande de Colombia”: Francia Márquez Mina.  Sus raíces, su dolor y su amor por la patria, fueron reconocidos por los colombianos que nos regocijamos viendo por primera vez en la Casa de Nariño, el color purpura que engalana toda fiesta, más, cuando ella está investida por su espiritualidad, discernimiento reflexivo y el anhelo de ayudar a la mujer colombiana y a la infancia desprotegida.

Así las cosas, hoy, mientras los que temen por sus egoístas seguridades y su sesgado clasismo social reniegan, los colombianos que hemos vivido la Colombia de a pie, oramos para que Dios ilumine los pasos de nuestros nuevos gobernantes y el Universo proteja las acciones que permitirán la inserción de nuestro país a las lógicas del siglo XXI.

Por: Juan Carlos Castilla Cruz*

A propósito de la suspensión provisional del alcalde de Medellín, Daniel Quintero, se ha opinado de todo, como si se tratara de un asunto meramente político y no jurídico.

Al respecto, hay que decir algo que parece lógico y de sentido común, y es que una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa.

Así, en primer lugar, hay que advertir que es flagrante y descarada la participación en política del burgomaestre, pues en la era del gran hermano, en la que todo queda grabado o documentado, son varios los videos en los que este aparece manifestando su apoyo irrestricto a Gustavo Petro, el último de ellos, al parecer, fue la gota que rebosó la copa.

Ahora bien, dicho lo anterior, es del caso precisar que la Procuraduría General de la Nación no es competente para investigar ni sancionar a funcionarios de elección popular, así lo estableció la Corte Interamericana de Derechos Humanos -CIDH en la sentencia del caso Petro versus Colombia, en la que de manera inequívoca y clara precisó que una autoridad administrativa no puede limitar los derechos políticos de los funcionarios elegidos popularmente, pues ello compete única y exclusivamente a los jueces de la República, en concreto a los jueces penales.

Pues bien, con el ánimo de aparentar dar cumplimiento a la sentencia de la CIDH, el Congreso de la República por iniciativa de la Procuraduría General de la Nación aprobó la Ley 2094 de 2021, en la que en una interpretación bastante amañada del artículo 116 de la Constitución Política, se le otorgó a una autoridad eminentemente administrativa facultades jurisdiccionales, y de paso la justificación para ampliar su planta de personal a sabiendas de que la nueva norma no cumple con lo ordenado por el organismo internacional.

¿Sabrá la Doctora Cabello que incumplir las decisiones judiciales es una falta disciplinaria?

Ahora bien, me pregunto ¿por qué insiste la Procuraduría General de la Nación en conservar su competencia para juzgar a funcionarios de elección popular, a sabiendas que estos a lo sumo representan un 10% de los sujetos disciplinables? ¿Vale la pena sacrificar la reputación institucional para satisfacer intereses individuales? Al parecer, este es otro caso de los tantos en los que los funcionarios quieren imponer sus intereses (mezquinos) sobre la institucionalidad.

Si este país se precia de ser respetuoso de las decisiones de los organismos internacionales y de los tratados que ha suscrito y ratificado, debería implementarse una verdadera reforma en la que se cree en cabeza de verdaderos jueces de la República una jurisdicción disciplinaria.

Resulta curioso que, en aproximadamente 500 actuaciones disciplinarias por participación en política de funcionarios públicos, solo en seis de ellas se haya decretado la medida de suspensión provisional, incluyendo la del mencionado alcalde de Medellín.

Por último, me llama inmensamente la atención el hecho de que una suspensión provisional que tiene los mismos efectos de una decisión sancionatoria definitiva, en el sentido de que separa del cargo a un funcionario, sea de aplicación inmediata sin pasar por la revisión de un juez de la República como sucede en los casos de los fallos o sentencias sancionatorias contra funcionarios de elección popular ¿qué soporta este trato diferencial? ¿será otro de los tantos yerros que trae la Ley 2094? Solo resta decir: ¡Corte Constitucional salve usted la Patria¡

Añadidura: Por cuenta de las peripecias de la Procuraduría para conservar su competencia en los casos señalados, contamos con tres codificaciones disciplinarias vigentes (Ley 734 de 2002, Ley 1952 de 2019 y Ley 2094 de 2021, más un decreto que corrige yerros), lo que ha ocasionado una incertidumbre jurídica en la materia, y es otra razón para aquellos que piden la desaparición de esta entidad.

*Abogado

Por Javier Lastra Fuscaldo*

Las empresas se deben a sus usuarios y el reconocimiento y percepción que estos tengan sobre la marca, lo que es fundamental para la sostenibilidad de cualquier compañía.

Afinia entró a la región Caribe colombiana desde octubre del 2020, a operar el negocio de distribución de energía eléctrica en los departamentos de Bolívar, Cesar, Córdoba, Sucre y once municipios del departamento del Magdalena en unas condiciones muy difíciles no solo por la obsolescencia de la infraestructura que recibió sino por los peores indicadores empresariales que tenía la antigua compañía agravados por la pandemia del COVID-19.

La llegada del Grupo EPM, dueño de Afinia, genera una gran expectativa en la región, puesto que los usuarios esperan cambios positivos e inmediatos en la calidad del servicio.

Conscientes de esa gran responsabilidad, el grupo ha presupuestado en el plan empresarial 8.7 billones de pesos hasta el 2030 para mejorar el servicio, cambiando redes y subestaciones, repotenciando algunas de las existentes y además implementando tecnología de punta en los equipos y sistemas de medición.

Hasta diciembre del 2021 ya se habían invertido 623 mil millones de pesos, y para este año se presupuestaron más de un billón de pesos cuya ejecución se basa en trabajos que en su mayoría nos obliga a interrumpir el servicio a nuestros clientes generando incomodidades en su actividad diaria. Para el logro de ese propósito se requiere que los usuarios estén informados y permitan el ingreso de nuestro personal técnico a los barrios y residencias para realizar los trabajos de modernización de la infraestructura.

Todo esto es posible si se logra contar con la confianza de la gente en nuestra marca, este es un punto de llegada y somos conscientes que si bien esta se gana con resultados, para ello es importante empezar con el conocimiento e información que los usuarios tengan sobre la empresa y lo que estamos haciendo.

Conocer y apoyar las tradiciones en los departamentos del área de cobertura es una de las tantas tareas que debemos hacer para generar confianza, al tiempo en que brindamos información de nuestros proyectos y ejecutorias, nos involucramos en los eventos culturales, deportivos y artísticos que despiertan sentimiento de pertenencia en la gente para lograr mayor cercanía y arraigo en el corazón de nuestros usuarios; y así mismo con estas acciones contribuimos a mover la economía para generar desarrollo y bienestar.

Este fin de semana participaremos en el Festival de la Leyenda Vallenata en Valledupar con patrocinios y relacionamiento, y también planeamos hacerlo a lo largo del territorio en la Feria de la Ganadería en Montería, las Fiestas de la Independencia de Cartagena, las del 20 de enero en Sincelejo y en tantas otras actividades de los 134 municipios que atendemos en nuestra querida costa atlántica que hacen parte de nuestra identidad y patrimonio cultural.

*Gerente General de Afinia

El pasado 6 de abril, nuestra alma mater cumplió 58 años de vida institucional; celebración que permite reflexionar sobre el trasegar de una institución nacida de la mente, sueños e ideales de su fundador, Don Elías Bechara Zainum, idea inspiradora que congregó seguidores para sacar adelante este proyecto que hoy conocemos como: Universidad de Córdoba. Sería inconcebible, no pensar lo que ha sido el andar de nuestra Universidad. Un ente que ha venido contribuyendo con el pasado y presente del Departamento de Córdoba pensando en la transformación humana y social; soportado en la ciencia, el saber y el conocimiento. No obstante, hoy, desde la adversidad forjamos la génesis y evolución de esta Institución y, en medio de estas vicisitudes inherentes a su trasegar, formamos el carácter e identidad que caracteriza a los unicordobeses.

Unicórdoba ha sido hecha a pulso, sostenida con éxito en medio de adversidades, carencias, conflictos, desencuentros y tensiones; muchas de ellas, violentas y dolorosas; pero, a pesar de todo, hemos mantenido el pulso y continuado por el mejor camino. Es grato recordar en estos 58 años la perseverancia y tenacidad del nuestro fundador dando inicio a las labores académicas en el Colegio Nacional José María Córdoba; en esta Institución educativa funcionamos durante 4 meses; posteriormente, la Universidad se trasladó a la Plaza de Ferias, y, en este lugar, se continuó con las actividades académicas de los programas de Medicina Veterinaria e Ingeniería Agronómica; con dichos programas nació la Universidad de Córdoba y respondían a la vocación productiva del Departamento. En este lugar permanecimos durante cuatro años. Después, con esfuerzos financieros obtenidos a través de créditos, se compró lo que para la época era la hacienda Nueva York; conformada por 64 hectáreas de tierra; lugar donde encontramos el campus central de la Universidad de Córdoba. De esta manera, se sentaron las bases y rieles por donde se ha movido y construido la Universidad durante estos 58 años.

Es esta la ocasión para reconocer y exaltar el trabajo y aporte de rectores, profesores, estudiantes y trabajadores que, durante todos estos años han hecho posible la construcción de este proyecto educativo que ha formado 44 mil profesionales en distintas disciplinas científicas; que tiene una cobertura estudiantil de 18 mil estudiantes, 32 programas académicos de pregrado, 22 programas de maestría y 5 doctorados haciendo presencia en distintas regiones del Departamento. Además, nuestra proyección científica permite hacer presencia en gran parte del territorio nacional; aportando conocimiento a través de nuestra capacidad científica a las comunidades.

El presente histórico de la Universidad de Córdoba reafirma los principios concebidos por nuestro fundador; tanto él, como todos los que hicieron posible este proyecto de transformación social y humana. A las generaciones que hacen presencia en nuestro territorio, le expresamos nuestra gratitud eterna por haber creado y dejar como legado la alma mater de los cordobeses; el bien público y social más valiosos de este Departamento. Por consiguiente, corresponde a quienes hacemos parte de esta generación, continuar dicho legado. Como dice nuestro himno: Unicor eres grande y nos haces mucho honor, a Dios pedimos que te guarde para bien de la Nación.

Por: Jairo Alvis Cuevas*

En el escrito pasado vimos las falacias del sólido respaldo patrimonial y la supuesta alta rentabilidad que ofrecen los Fondos de Pensiones Privados a sus afiliados, pero por espacio y tiempo no se alcanzó presentar otros aspectos que profundizan las dudas sobre la certeza de la bondad de estos indicadores, especialmente el de la altísima rentabilidad, la cual no existe para pensionados ni cotizantes, sino para los dueños de dichos Fondos.

En la muy famosa y detestable ley 100 de 1993 se estableció en el artículo 20 el monto de la cotización para pensión, la cual hoy es del 16%, el empleado aporta el 12% y el empleador a nombre del empleado aporta el 4%. Es decir, un empleado con un sueldo de $1.000.000, oo que viene a ser su ingreso base de liquidación del aporte, paga a su Fondo $160.000, oo mensuales, durante su vida laboral. Estos aportes son los que se acumulan y forman su Bono pensional, para los que aportan a Colpensiones y el ahorro individual para los que aportan a los Fondos privados.

En el artículo 104 de la misma ley se establece que: “Las administradoras cobrarán a sus afiliados una comisión de administración cuyos montos máximos y condiciones serán fijados por la Superintendencia Bancaria, dentro de los limites consagrados en el artículo 20 de esta Ley. El Gobierno reglamentará las comisiones de administración por el manejo de las cotizaciones voluntarias”. Esta comisión hoy está en el 3% sobre el valor cotizado o aportado mensualmente, es decir sobre los $160.000, oo del ejemplo expuesto anteriormente. Esta comisión en este caso sería de $4.800, oo

La ley 1328 de 2009 en su artículo 53 modifica la ley 100 de 1993 adicionando lo siguiente: En ningún caso el ciento por ciento (100%) de la comisión total de administración de aportes obligatorios será calculado sobre el ingreso base de cotización”. Léase bien, en ningún caso, es muy claro este artículo, pero revise su extracto, revise las páginas web de los fondos privados y observará, que la comisión no la están cobrando sobre el valor cotizado mensualmente, sino, sobre su salario reportado. En el caso del ejemplo, su comisión debería de ser $160.000, oo por el 3%, daría $4.800, oo el valor descontado por comisiones. Pero no, los fondos liquidan la comisión sobre el sueldo de $1.000.000, oo es y le descuentan $30.000, oo mensuales.

He aquí otro gran robo a los colombianos, en el ejemplo están cobrando de más, $30.000, oo menos $4.800, oo la módica suma de $25.200, oo mensuales o sea $302.400, oo anuales. Este vil robo viene desde el año 1994, saque la cuenta. Abogados expertos en la materia dicen que una persona que ha cotizado con un salario mínimo desde 1994, hasta el año 2016, deberían de devolverle $200.000.000, oo a valor presente de ese año. ¿Cuántos afiliados hay en los fondos? Saque sus cálculos y se dará cuenta lo perverso de este sistema pensional y la actitud complaciente de los gobiernos de turno, cuyas campañas presidenciales fueron financiadas por los propietarios de dichos fondos.

Entiendo que existe una acción de grupo instaurada por abogados expertos en contra de los fondos de pensiones reclamando estos dineros, pero dichos procesos han sido dilatados, como todo en este país, la justicia funciona solo para defender los privilegios de los poderosos. A esta acción de grupo pueden acceder, quienes hayan cotizado desde 1994, pensionados y hasta los herederos legítimos de las pensiones.

Por esta razón y las expuestas en el anterior escrito, el próximo gobierno debe revaluar el sistema pensional, es necesario una reforma estructural, que priorice a los afiliados, que son los dueños del dinero, en vez de en contubernio con los fondos, robarles descaradamente.

Leer también: Opinión | La rentabilidad real de los fondos de pensiones privados

El gran problema en nuestro país, es que, entre los candidatos en campaña, los que han ganado dijeron lo que la gente quería oír. Sin un plan de gobierno serio y consensuado, simplemente endulzaron los oídos de los ciudadanos y cuando llegaron a la presidencia, mostraron lo que su corazón engañoso, realmente tenía en mente. Se acaba de aprobar el aborto y el gobierno, no hizo el más mínimo esfuerzo por oponerse, a pesar de que, en campaña, les endulzaron el oído a muchos incautos con una intención diferente. Nos vemos las caras, pero no los corazones.

*Consultor- AG Gestores y Consultores de Desarrollo Empresarial- AGecode

A propósito de las propuestas de los candidatos a la presidencia de la república, he observado con atención, la defensa que hacen de los Fondos Privados de Pensiones algunos candidatos y mucha gente que se cree que sabe mucho del asunto y de esto no tienen ni idea.

Llama mucho la atención que en tiempos de campaña muchos defiendan los Fondos Privados, pero en el resto del tiempo el deseo mayor es pasarse a Colpensiones, el Fondo de Pensiones Público y de hecho la fuga de cotizantes y pensionados es cada día mayor. Nadie quiere colocar su dinero en un Fondo Privado, pese a los supuestos “altos rendimientos” y el supuesto “respaldo patrimonial” de los propietarios de estas instituciones.

Lo que da grima es que esa defensa que se hace sin razonamiento, sino, por puro apasionamiento político por candidatos, que infunden miedo a la gente, ante un posible cambio de sistema, argumentando que la administración pública es irresponsable y que los privados administran mejor los recursos. Esto es muy cierto, pero en los negocios que estos empresarios manejan con sus propios recursos, pero cuando el dinero es del público, es otro cantar. Ahora dirán que esos dineros no son públicos, que son de las personas, sí, muy cierto, pero de miles de personas, lo que debería obligar al gobierno a ejercer vigilancia, en defensa de los intereses de sus ciudadanos.

Así que, lo del mayor respaldo patrimonial cuando es un Fondo Privado, es una falacia, lo hemos visto con la Banca, son varios los bancos privados que se han quebrado en el país y siempre quien respondió a los ahorradores fue la nación, nunca sus propietarios.

En cuanto a los rendimientos, se nos habla de altas tarifas, pero también es otra falacia. Tengo a la mano un extracto de un pensionado de Porvenir a diciembre 31 de 2021 el cual muestra un rendimiento real sobre el saldo de su ahorro del 2,94%, dicho extracto informa que la rentabilidad del Fondo fue del 7,6% y al lado de este aparece rentabilidad mínima obligatoria el 4,83%. ¿Qué pasó aquí? Abonan a la cuenta de ahorro del pensionado, sólo el 2,94%, cuando el mínimo debió ser el 4,83% y lo que debieron de abonarle a su cuenta debió ser el 7,6% menos los gastos de administración ¿explíquenme esto?

Ahí no termina la historia, resulta que del total del “alto rendimiento” al pensionado sólo le entregan como mesada el 12,71% ¿cuál es la rentabilidad efectivamente pagada al pensionado? Tan solo el 0,37%. Bueno y ¿qué pasó con el resto? El extracto te muestra que después de descontarse la comisión de manejo, la diferencia te la suman a tu cuenta de ahorro, pero a esto no tienes ningún derecho de reclamar absolutamente nada. Te dan una mesada mínima, ridícula, frente a tu rendimiento real y la mayor tajada se queda en los Fondos junto con el capital. Lo peor es que cuando el pensionado fallece y no tiene heredero, esa platica se pierde. Así que la gran rentabilidad es para los Fondos, no para el pensionado.

Si hiciéramos el mismo ejercicio en Colpensiones, el rendimiento real lo ve mensualmente el pensionado en su mesada y es 3 o 4 veces más alto que el de los Fondos Privados.

Es claro que todos los candidatos deberían de proponer alternativas que propendan por desestimular este gran negocio de los Fondos Privados, ajustándolos a un sistema que beneficie al pensionado y que para el Fondo también sea un negocio bueno, pero no el gran negocio, que apalanca sus inversiones en otros negocios.

Por: Marcos Daniel Pineda García

Colombia comenzará a cambiar el día que elijamos a políticos que hagan lo que tienen que hacer: ¡trabajar en beneficio de la gente!

Mucho se ha discutido acerca del futuro del país, y cómo este solo puede ser mejor si se da un giro ideológico, bien sea hacia una izquierda radical o hacia la extrema derecha. Ambas alternativas han comenzado a escalar peligrosamente, como única salida posible a una crisis que parece eterna y que hoy tiene a todo un país desesperanzado en su clase política.

Pues yo soy de los que no cree en lo uno ni en lo otro, ya que la respuesta es mucho más sencilla y nada tiene que ver con la polarización, que lo único que logra es dividir a los colombianos, quienes más que cambio, lo que piden a gritos es resultados.

Cuando toda una sociedad deja de creer, se corre el riesgo de caer en la ruleta rusa de elegir desde concejales, alcaldes, gobernadores y hasta presidentes, que sin tener preparación o bases sólidas para el ejercicio de lo público, o al menos mínimas habilidades administrativas, llegan al poder con el único mérito de representar la antítesis de los gobiernos de turno o de la política tradicional. Centenares de casos a través de la historia se han dado en el mundo, y a la postre han resultado en un remedio con consecuencias más nefastas que la misma enfermedad.

Independiente a su ideología, el líder político tiene que ser una persona que se entregue a la comunidad. La confianza necesaria para gobernar solo se logra manteniendo el contacto permanente entre gobernante y el ciudadano, generando coherencia entre lo que se dice en campaña y lo que se hace en el ejercicio de su cargo, que demanda una gran responsabilidad social.

Soy un crítico de aquellos políticos que ejercen esta actividad solo cada cuatro años, visitando comunidades en campaña, prometiendo el oro y el moro, para desaparecer luego de ser elegidos. Irónicamente muchos, logran hacerse reelegir.

Colombia requiere con urgencia, líderes que le pongan el alma a su responsabilidad, tal como lo hacen nuestros gladiadores deportistas; que se inspiren al soñar con un país mejor, así como se inspiran nuestros más talentosos artistas; políticos que trabajen sin descanso, como trabajan nuestros luchadores campesinos, y que tengan vocación de servicio como la tienen nuestros heroicos docentes.

Siempre he creído que el buen político no es el que gana campañas, es el que gracias a los resultados es llamado una y otra vez por el pueblo, para que siga liderando la realización de sus ilusiones y anhelos. El día que Colombia esté lleno de políticos exitosos, será sin duda una gran nación.

No olvidemos que al final la responsabilidad de elegir bien recae sobre el pueblo, saber escoger a quienes sin descuidar el presente, ayuden a construir un futuro mejor.

“El político se convierte en estadista, cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”, Wiston Churchill.

La subregión costanera constituida por los municipios de Moñitos, Puerto Escondido, San Bernardo del Viento, San Antero, Canalete y Los córdobas; territorio con ventajas geográficas, agrícolas, culturales y el espíritu resiliente de su gente. De igual modo, la belleza de sus playas y el inmenso Mar Atlántico es la evidencia, no solo de la belleza geográfica y paisajística de esta subregión llamada por sus habitantes el “Caribe Cordobés”; belleza que contrasta con la pobreza y carencias de estas poblaciones. Pero, por qué esta región se encuentra marginal y excluida del acceso al bienestar social y el desarrollo.

En relación con lo anterior, las teorías del Desarrollismo Económico plantean que, para que un territorio sea rico y desarrollado debe poseer recursos naturales y posición estratégica; pero, esta teoría por sí sola no tiene sentido sino se complementa con inversión social, educación, creación de condiciones en materia de infraestructura vial, sanitaria, agua potable entre otras. La subregión costanera posee lo primero; pero carece de lo segundo. Una subregión que tiene 124 km de costa sobre el Mar Caribe y con potencialidades para el turismo, la pesca y el desarrollo portuario se encuentra de espaldas al desarrollo. Sus necesidades básicas insatisfechas NBI, al igual que la pobreza multidimensional en conjunto supera el umbral del 80%. Sus servicios públicos son bajos y escasos, su conectividad vial rural es casi inexistente; en la zona urbana solo se aprecia en las calles principales de la cabecera y lo más paradójico aún… no existe conectividad regional para unir al Urabá Antioqueño con el Golfo de Morrosquillo; lo que ha generado un terreno propicio para la ilegalidad. Es decir, el mar lo aprecian y utilizan los grupos al margen de la ley y no el Estado. Mientras tanto, el vecino Departamento de Antioquia está haciendo millonarias inversiones para unir su capital con el mar, fortaleciendo la salida de sus productos al exterior, construyendo puertos y terminando la doble calzada entre Turbo, Apartadó, Carepa y Chigorodó. Cabe señalar que, estas principales ciudades del Urabá antioqueño están construyendo sedes universitarias; además, la presencia del SENA y zonas francas convertirlas en polos de desarrollo.

Por su parte, el Departamento de Córdoba tiene en el mar su territorio con mayor pobreza; es decir, los dos extremos de Córdoba; tanto el Sur como el Norte. El primero con 504 mil hectáreas de biodiversidad y riqueza minera en todos los alrededores de sus cinco municipios, y el norte con 124 Km de costa. En los dos extremos se encuentra una gran riqueza sin explotar; contrario a esto, en esta subregión impera la desigualdad y el abandono estatal; convirtiéndolas en terreno fértil para los grupos al margen de la ley, que son quienes controlan el territorio e imponen su poderío. Es el momento de actuar y construir un gran pacto social por el desarrollo del Caribe cordobés; en donde no imperen las lógicas de la politiquería que quisieron darle color político al desarrollo generando atraso y pobreza. Es imperioso escuchar la posición de los aspirantes al Congreso con propuestas que trasciendan el plano electoral.

Mencionar el sur del Departamento de Córdoba implica hacer referencia a una región geográfica conformada por los municipios de Tierralta, Valencia, Puerto Libertador, Montelíbano y San José de Uré; territorio geográfico marcado históricamente por el abandono estatal. Esta subregión cuenta con inmensas riquezas naturales reconocida por su biodiversidad, su posición estratégica y la variedad de sus recursos que contrasta con la pobreza de las condiciones de vida de sus habitantes y la violencia que ha marcado el pasado y presente. Paradójicamente, la posición estratégica no ha permitido superar su aislamiento geográfico, las características selváticas, la riqueza hídrica y los diferentes pisos térmicos que posee, aunado a que es una zona de colonización reciente y con escasa presencia del Estado, favoreció en la década de los sesenta, la llegada de diferentes grupos al margen de la ley y, con ello, el conflicto armado en todas sus dimensiones. A finales de los ochenta, con la aparición de los cultivos ilícitos, se produce un fuerte impacto ambiental y social sobre este territorio con alta fragilidad. Teniendo en cuenta que el 60% de los bosques húmedos tropicales del Departamento se localizan en la subregión Alto Sinú; de igual manera, allí se localiza el Parque Natural, Nudo de Paramillo; un territorio de 504.000 hectáreas con riqueza hídrica; donde nacen los ríos: San Jorge, Sinú, Manso, Esmeralda, Verde y un sinnúmero de quebradas, considerado una estrella fluvial y fábrica de agua que abastece la mayoría de los municipios del Departamento. Asimismo, Tierralta y Valencia forman parte de la reserva forestal Pacífico.

Esta riqueza ambiental contrasta con los indicadores socioeconómicos de pobladores de la región que revelan las necesidades básicas insatisfechas; de acuerdo con datos del DANE, se encuentran por encima del promedio nacional (27,7 %), regional (47,2 %) y departamental (59,1 %). En pobreza multidimensional representan más del doble del promedio nacional (26,9), departamental (45,8), y el empleo informal supera el 90 %. La informalidad en la tenencia de la tierra supera el 75 %, que evidencia formas precarias de vida en la población. Lo anterior, corrobora la ausencia de un Estado que han permitido un modelo económico y productivo centrado en cultivos de uso ilícito y aparición de todas las expresiones de ilegalidad.

En este sentido, el sur de Córdoba es una de las principales regiones productoras y comercializadoras de coca y minería ilegal; condiciones que mantiene vigente el conflicto armado y la cadena del narcotráfico. Así las cosas, los problemas provocados por el narcotráfico siguen vigentes. Situación que requiere la presencia integral del Estado y una política de sustitución de cultivos de uso ilícito, articulado con una reforma agraria integral que recupere el verdadero uso de la tierra. ¡Señores aspirantes al Congreso! necesitamos su compromiso y voluntad política con el sur de Córdoba; pero, no para buscar votos y aprovechar la pobreza de su gente; sino hacer propuestas viables y transformadoras. Esperamos que la curul otorgada al sur de nuestro Departamento sea ocupada por las víctimas y no por los victimarios y la politiquería.

 

Por Marcos Daniel Pineda García.

Cuenta la leyenda que en Colombia existía una entidad llamada Caminos Vecinales, que respondía por la atención de las vías terciarias. A mi generación le tocó ver el fracaso del Instituto Nacional de Vías (Invías), cuando por decisión gubernamental asumió la responsabilidad, al acabarse aquella entidad.

Durante mis ocho años como alcalde, comprobé que es más fácil tirarle piedras al sol que lograr que el Invías en Bogotá le dé curso a una solicitud de un ente territorial.

Además de que los recursos son insuficientes, tan solo el 10% del presupuesto de Invías se destina a “atender” las vías terciarias del país. La mayor parte de su presupuesto se va en las vías nacionales, tanto en mantenimiento como en construcción de nueva infraestructura, que no está concesionada y que se encuentra en manos de la ANI.

Hoy, en Colombia no existe una entidad nacional que responda por la red terciaria. Si bien el Invías tiene la función, claramente no es una de sus prioridades, y por el contrario ha relegado la red terciaria al cuarto de San Alejo. Sumado a esto, la carga por lo general se le impone a los entes territoriales, que no tienen la capacidad de atender los 142 mil kilómetros de vías terciarias que tiene Colombia y que representan casi el 70% de toda la malla vial nacional.

Además de la falta de presupuesto, otro problema es la desconexión entre las decisiones que se toman en el Invías y la realidad de los territorios. ¡Qué van a saber en Bogotá, que el porro y el bullerengue se encuentran entre Montería y San Pelayo, conectando las vías de Buenos Aires y el Pantano Tierra Bonita! ¡Qué van a saber en las frías oficinas del Invías, que el puente de El Balsal en la vía a Loma Verde, lleva varios años caído y no hay quien atienda esta calamidad, que tiene a los campesinos de la zona incomunicados!

Las vías rurales en Colombia deberían ser sinónimo de calidad de vida y competitividad. De nada sirve el esfuerzo que durante toda una temporada hace un campesino para producir una buena cosecha, si no puede transportar sus productos por el mal estado de las vías que debe transitar para comercializarlos.

Nuestro país necesita darle la cara al campo y uno de los principales retos para lograrlo, es mejorar las condiciones de sus vías terciarias. Por eso, quiero proponer que en el próximo Plan Nacional de Desarrollo, se incluya la creación de una agencia diferente al Invías y a la ANI, que se encargue de construir, atender y mantener la red terciaria en Colombia.

No se trata de generar más burocracia, sino por el contrario, incluir en esta tercera entidad, personal calificado de las instituciones ya existentes, que más que capital humano, necesitaría contar con presupuesto, inversión, ¡leña gruesa, no escaramuza! Solo así podremos hacer grandes obras en beneficio de la red terciaria del país y no dejarla a la suerte de las chequeritas de los entes territoriales.

¡Las vías rurales no pueden seguir siendo el vagón de atrás del tren del desarrollo! Todo lo contrario: tienen que ser uno de los motores que pongan en movimiento el progreso de nuestro país.

Por Javier Lastra Fuscaldo

Gerente General de Afinia

El principal objetivo de Afinia es mejorar la calidad del servicio de energía eléctrica en su área de cobertura (Bolívar, Cesar, Córdoba, Sucre y 11 municipios del sur del Magdalena) y es ahí donde enfocamos nuestros mayores esfuerzos. Para cumplir con este propósito Afinia debe enfrentar tres retos claves e ineludibles.

El primero de ellos es contar con la capacidad para hacer frente al gran salto presupuestal para ejecutar las inversiones requeridas en materia de infraestructura, que incluyen obras asociadas a la construcción y reforzamiento de subestaciones, de transformadores de potencia, reposición de kilómetros de redes, la instalación de medidores inteligentes, entre muchas otras acciones. Estas inversiones en las magnitudes planeadas por Afinia, son las que harán posible que el servicio siga mejorando a un buen ritmo para de esta manera alcanzar prontamente los resultados.

Cabe resaltar que, en el pasado, estas actividades venían de un letargo de muchos años con inversiones por debajo de los 140 mil millones de pesos que ahora contrastan con las metas proyectadas por Afinia de más de un billón de pesos para el 2022.

Este reto ha exigido que tanto Afinia como sus empresas contratistas se preparen rigurosamente para ejecutar este tren de inversiones, adquiriendo los equipos y los vehículos especializados necesarios, así como el capital humano que hoy demanda la empresa.

Ejecutar tantos y cuantiosos proyectos en medio de un entorno económico mundial que ha generado incrementos en los precios de los materiales y del transporte, así como los retrasos en los periodos de entregas, sumado a la volatilidad del dólar y escasez de la mano de obra, nos ha exigido contar rápidamente con una óptima capacidad de gestión que garantice el desarrollo de la cadena de suministro y la ejecución de las obras de la infraestructura eléctrica en la Región.

Y es importante destacar que la experiencia y aprendizaje que se ha venido adquiriendo luego de quince meses de operación han permitido progresar en el fortalecimiento de esa capacidad institucional que se necesita para enfrentar los retos.

De igual manera, hemos desplegado la estrategia para un mejor relacionamiento con nuestros grupos de interés, entendiendo los puntos comunes de sus necesidades y expectativas.

El segundo reto tiene que ver con la actualización tecnológica; si bien este reto trasciende el 2022, es necesario migrar de los viejos sistemas de la antigua empresa a modernas plataformas que permitan mayor eficiencia en nuestros aplicativos comerciales, atención al cliente, centro de control y por supuesto, nuestros sistemas operativos para lograr eficiencias en los procesos administrativos internos.

El tercer gran reto, con la salvedad que el orden no define su importancia, es lograr que nuestros clientes conozcan a Afinia, que sepan que se ha constituido una nueva empresa con un nuevo dueño y con nuevas formas de trabajar mucho más eficientes.

Hay quienes consideran de manera equivocada, en razón al periodo que toma la evolución de la mejora del servicio, que se trata de la misma empresa anterior, pero con otro nombre; por el contrario, somos una compañía que cuenta con un gran respaldo del Grupo EPM y que tiene una nueva forma de hacer las cosas.

Sabemos que revertir esta percepción de algunos clientes requiere, además, de la mejora del servicio con grandes inversiones, de un robusto plan de comunicaciones el cual venimos estructurando y ejecutando, lo que nos permitirá dar a conocer cómo de manera gradual estamos optimizando el servicio.

Ganarnos el respeto, el cariño y la confianza de nuestros usuarios es una de nuestras principales motivaciones, pues de ellos depende la sostenibilidad de la compañía. Empezamos el año asumiendo todos los retos, seguros de lograrlos, inspirados en que con un mejor servicio de energía eléctrica estamos contribuyendo al desarrollo económico de nuestra Región y del país.

Por: Marcos Daniel Pineda García.

Tan diversa como compleja, así es Colombia, la misma cuyo territorio incluye picos nevados, desiertos secos y salados, selvas tropicales, bosques secos, fríos páramos, dos mares, centenares de ríos, crudos inviernos y veranos extremos.

Un país en el que se mezclan todas y cada una de las tonalidades de piel que ofrece la raza humana, así como las culturas y tradiciones ancestrales provenientes también de otras geografías, arraigadas y adoptadas en otros tiempos, y que hoy hacen parte de aquello a lo que llamamos nuestro.

Algunos pensarán que es muy difícil gobernar en medio de tantas diferencias, y ha sido eso quizá lo que ha llevado a uno de los errores históricos más grandes y recurrentes desde la independencia; la desconexión con sus regiones, el creer que todo se puede ordenar desde un frío escritorio en la capital, sin necesidad de escuchar, de aprender, reconocer y entender los diferentes matices y retos de las diferentes territorios que conforman al país.

Mucho se ha hablado del “cambio” que Colombia necesita; casi podría decirse que esa palabra ha estado en todos los discursos de gobierno desde que tenemos memoria. Pero, qué tal si en lugar de pensar en un viraje ideológico o de color político de quien ocupe la Casa de Nariño, pensamos en un cambio hacia un enfoque regional, en el que así como hemos propendido por el progreso de las grandes capitales, trabajemos por el desarrollo de aquellos pequeños pueblos y ciudades rezagados en el tiempo.

El reto es sintonizar las decisiones gubernamentales con las realidades locales, para traducirlas en soluciones a los problemas más apremiantes de los territorios, en resultados reales, que la ciudadanía vuelva a creer en una dirigencia que no solo aparezca cada cuatro años en época de campaña, sino que dé la cara constantemente y trabaje hombro a hombro en la construcción de un mejor país para todos.

Territorios con más oportunidades en educación y en crecimiento económico, así como en el mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes, con acceso a salud de calidad, saneamiento básico y servicios públicos. Donde el campo sea más productivo, con mayor competitividad, tecnificado, asociativo. Municipios sostenibles con un desarrollo diferencial basado en sus ventajas comparativas.

El alma de Colombia son sus regiones. Nuestro país necesita entrar en una nueva era, en la que se valoren sus verdaderas riquezas y sus diferencias: la era de las regiones.

Por Marcos Velásquez.

El perro se muerde la cola

 Colombia está en una tensión social que, solo quienes la viven, pueden dar cuenta de ella.  Sin embargo, algunas personas piensan que eso no está pasando y que todo está o igual que antes o bien.

Que uno piense que las cosas están bien, no significa que las cosas están bien.  Estimo que el país tocó fondo en muchos aspectos estructurales, al igual que ya estamos viviendo lo que algunos creen que podemos vivir.  Ya hay un común social inconforme.  Esto implica pensar la realidad para buscar soluciones pero, están quienes insisten en que ellos siempre serán la solución.

Hablar de los muertos

 Cuando escribí “¡Todo Sigue Vivo! Testimonios de la masacre de Mejor Esquina”, muchas personas me dijeron, me advirtieron, que no me metiera en problemas, que ya eso había pasado y que <<no valía la pena hablar de esos muertos que ya no les importaban a nadie>>.

En mi espíritu de escritor, sabía que hasta el momento no se había hecho un trabajo de periodismo testimonial con las víctimas, los familiares de esos muertos “que no les importaban a nadie”.  Y claro, era más que obvio encontrar el dolor de estos seres humanos como venas abiertas que emanan sangre de indignación porque, pasan los años y todo sigue igual para ellos.

Psicológicamente están desequilibrados y Córdoba, con cuatro facultades de psicología, ninguna de ellas se ha propuesto hacer un trabajo de intervención psicosocial en una población donde el recuerdo no descansa y el olvido no aparece, para tratar de darle, si no paz, por lo pronto, aliento a través de un proceso clínico a personas que viven sin poder conciliar el sueño.

Hoy traigo a colación mi libro porque jamás me imaginé, al igual que el profesor Tomás Berrío Wilches, quien fue el primero de todos los masacrados esa noche del 3 de abril de 1988, que por tratar de conciliar y de mostrar que la realidad que vivimos tiene cómo mejorar, fuera a ser yo amenazado de muerte.

Tristemente el profesor Berrío fue asesinado en el acto, cuando buscaba la conciliación.  Yo pude librarme del hecho porque, si tronaban el arma que sacó el sicario de su cinto cuando me abordaron en una motocicleta a la altura de la Villa Olímpica de Montería, a las 7:15 pm, el pasado jueves 9 de diciembre, se hubieran delatado ellos y los habían podido capturar después de los disparos, y como es sabido, eso no le conviene a quienes mandaron el mensaje.

Una amenaza es una orden

¿Quién o quienes fueron los que me amenazaron de muerte?  No lo sé.  Tengo claro que mis ideas en un país como Colombia no son tomadas con buenos ojos y mis escritos, que yo pensaba que ayudaban a aclarar lo que está sucediendo en el país para tomar decisiones que ayuden a mejorar la realidad social, terminaron incomodando a quienes no comparten estilos de pensar diferentes.

Lo cierto es que, a falta de discurso, en una sociedad acostumbrada a pensar siempre de la misma manera, mis escritos, incomodaron a alguien o a algunos.

Estos hombres me hablaron con un halo de seguridad e intimidación que hace que se desmorone cuando se está solo, hasta el más fuerte:

<<¡Oíste gonorrea!  Sí, vos.  ¡Quedate callao malparido!  Dejá de escribir guevonadas que son pura mierda.  Aquí no gustamos de esas chimbadas que ustedes piensan, estás buscando que te vacíe toda esta mierda malparido.  Tenés dos días pa largarte de acá, porque si te volvemos a ver, te matamos hijueputa.  Y pilas que sabemos donde vivís malparido.  Largate gonorrea.  Te ví, te ví>>.

El que se bajó de la moto y se acercó a mí a decirme lo que me dijo, me empujó duro, tanto que me tumbó.  Como si nada, se montó en la moto y se fueron despacio, haciendo parecer que no estuviera pasando lo que ahí pasó.

Aturdido, no lo podía creer.  Se me vino el mundo encima, más cuando sé que en Colombia una amenaza es una orden y no un juego.  Pensé en mi familia y en que no vale la pena, en un país donde no es posible hacer tomar conciencia a una sociedad, hablar de un cambio necesario para el bien de las nuevas generaciones.

TIPS para no sufrir.

No sé qué es más peligroso para una sociedad: ¿pensar que las cosas no pueden cambiar o someterse a una realidad por pereza o miedo a cambiar?

Tengo claro que por encima de todo está la vida.  Que mis palabras y mi escritura hacen parte de mi esencia, por ello, para poder seguir escribiendo, me acojo a lo que me enseñó Germán Castro Caycedo: <<La verdad se escribe mejor en novela>>.

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Por Marcos Velásquez.

 Jean Paul es mi amigo de infancia.  Estudiamos el quinto elemental.  A él lo admirábamos por que su papá, quien fue un piloto veterano de la guerra de Vietnam, no permitía que ningún profesor se la montara a su hijo.

Así lo conocí yo.  Un man super querido que tenía el coraje de salirse del salón sin pedirle permiso al profesor en cualquier momento a llamar a su papá del teléfono público (al que había que echarle monedas para hacer la llamada), que había dentro del colegio, si algún profesor se estaba propasando en el trato hacia él, dado que para 1982, no faltaba el profesor de colegio que aburrido se encarnara, por sus fantasmas, en desquitarse sus frustraciones con algún alumno tal y como lo veíamos en el video de The Wall de Pink Floyd por esa época.

Como Paul tenía papá, era consentido.  Eso hacía que a uno que otro profesor le diera rabia y claro, se la montaban, y obviamente, Jean Paul no se la dejaba montar y llamaba a su papá, quien llegaba en menos de veinte minutos a ver qué le estaban haciendo a Paul.

El profesor apenas veía al padre de familia lo negaba y Paul, que tenía papá desmentía al profesor y el papá le reviraba al profesor por mentiroso (porque le creía a su hijo) y porque se la estaba montando al pelao.

Así, llegaba el coordinador -el Hermano Antolín-, al salón a ver qué era lo que estaba pasando y se armaba la de Troya, porque el Hermano tratando de mediar le daba más el lado al profesor que al alumno y el papá de Paul, que era un veterano de guerra y sabía que no había nada que perder en la defensa de los derechos y el respeto al otro, se solevaba porque se la estaban montando a su pelao y no se lo estaban reconociendo.

Mientras, nosotros ahí, todos pendientes de la pelea que se desarrollaba en la puerta del salón, porque Paul se ponía nervioso y se agarraba a llorar en la mitad de los tres adultos y la voz super alzada de su papá.

Todos en el salón pegábamos los ojos en la putería del papá de Paul, la fuerza que hacía el Hermano Antolín para que las cosas volvieran a su cause y en la rabia y el resentimiento del profesor, porque sabía que la había cagado, que Paul lo había desmantelado y tenía que tragarse sus argumentos y su impotencia para evitar que las cosas se le empeoraran más a él.

Obviamente, nosotros felices porque estábamos perdiendo clase y porque veíamos a un papá que tenía el ímpetu de defender a su hijo, por encima del cagado concepto conservador hipócrita que plantea que a la autoridad hay que respetarla por sobre todas las cosas.

Al papá de Paul lo recuerdo siempre con mucho cariño.  Él me enseñó que la autoridad tiene sus límites y que a quien abuse de ella, se le puede confrontar.  Cosa que no hacían nuestros papás convencionales que crecieron bajo el yugo de una religión que adoctrinó y sometió a un pueblo a la costumbre de los abusos del poder, planteando que las sotanas y quien represente la autoridad, antes que cuestionarles su “santidad”, eran ante todo la autoridad.

Chat de WhatsApp.

En un chat de WhatsApp de exalumnos del colegio nos volvimos a encontrar Paul y yo.  La sorpresa de muchos fue que Marcos Velásquez, hijo de familia ganadera, estuviera apoyando a Gustavo Petro, cuando en el colegio hablaba pestes de la guerrilla y de cómo esta estaba arrodillando al país, y a punta de secuestros, abigeato y extorsiones, estaba haciendo su guerra de liberación y reivindicación de los derechos sociales.

Mayor contradicción no podían encontrar los miembros del chat que me advirtieron que todos eran Uribistas y sobre todo, capitalistas.  Obviamente, yo solté la risa y les dije: <<Take it easy, man!>>.

Pasados unos días, comprendí que la visión de muchos de los participantes del chat está provista de una mirada en la que los privilegios de la vida (que no está mal) les nubla la visión objetiva de la realidad de un país que cree que ha vivido en el capitalismo, cuando no ha podido salir del feudalismo (señores y vasallos) administrado por gobiernos gamonalitas (hacendados adinerados, patrones de peones, que ejercen una influencia política y económica abusiva en su comarca y en Colombia, en sus rebaños de votantes).

Muchos piensan que Colombia es un país capitalista, pero no.  Colombia, en tres o cuatro cascos urbanos de ciudades capitales, puede tener unos visos capitalistas, y aunque el comportamiento del consumidor colombiano se desarrolle por la influencia del comercio electrónico como consumidor compulsivo (uno de los rasgos del capitalismo), hoy más que nunca, con el nivel de inflación al alza y la crisis económica que produjo la pandemia del Covid-19, volvemos a la realidad de un país que no es industrial y que gracias al maravilloso aporte del gobierno liberal de Gaviria (1990-1994) que, sin el país estar preparado para una apertura económica, la permitió, contamos con una crisis de insolvencia y flujo de dinero en las calles.

A pesar de que lo real nos está mostrando lo que somos y de querer negar la realidad en la que estamos, hay un sector de la población colombiana que creció dentro de unos privilegios que piensa que todo el país es tal y como ellos lo viven y que los pobres que existen en Colombia, lo son por flojos y porque no quieren trabajar.

Que los obreros y la cantidad de desempleados que no saben para donde pegar, y por eso ahora existe tanto “emprendimiento”, surgen porque no saben ahorrar, o porque malgastan el dinero que consiguen en mujeres, alcohol y llenando el mundo de hijos que engendran más pobreza.

Al estar centrados mis compañeros en su juicioso trabajo de empresarios, que han hecho a pulso algunos de ellos o con el apoyo de su familia, mientras que otros han tomado el testigo del trabajo de sus ancestros y  uno que otro ha sostenido su trabajo asalariado al haber contado con un golpe de suerte (porque en Colombia hay que contar con un golpe de suerte para poder prosperar, o con un padrino político que brinde buena sombra), en el grupo me advirtieron apenas me ingresaron: <<¡Pilas Marcos que aquí no gustamos de zurdos!>>.

Con ello me hicieron entender que la izquierda no es una posición aceptable y que hay un desconocimiento o una negación a una posición crítica de la realidad en la que todo lo que no es derecha en Colombia, es tildado o visto como guerrilla.

Yo no soy guerrillero, soy un intelectual formado en la escuela estructuralista francesa donde se lee a Freud, Marx y a Lacan, Foucault, Lévi-Strauss (estos dos excelentes escritores) y Barthes, entre otros filósofos, antropólogos y sociólogos que hacen uso de su intelecto para pensar y con ello, criticar la realidad social y por ende política, para plantear un mundo más cercano a lo ideal que, a día de hoy, donde la pandemia nos dejó aturdidos y a algunos sin norte al desdibujar las seguridades en las que se movían, tenemos que hablar de una sociedad mesurada.

Hablar de esa sociedad que Alfredo Molano describió en sus trabajos de periodismo testimonial y para muchos pasó inadvertido, así como aún se endiosa a un expresidente que no da cuenta de las masacres que se cometieron en su gobierno (porque las masacres no se hacen solas) y se justifican dichos actos violentos y se niega el dolor de las víctimas y de los inocentes porque, aunque el remedio fue peor que la enfermedad, no importó y sigue sin importar, so pretexto -que no es mentira-, de todo el daño que cometió la guerrilla bajo su consigna revolucionaria atropellando al pueblo y dejándonos a los colombianos una de las sombras más macabras en tanto a dignidad se refiere: el secuestro.

De este modo, no es posible en un mundo empresarial, que solo piensa en producción, costos y rentabilidad, tratar de mostrar las grandes fisuras que tiene el Estado colombiano y como estas incrementan la deuda social que está engendrando el caldo de cultivo de una revuelta civil que clama más que por una igualdad, por unos derechos que no vislumbran en ningún horizonte cercano.

Se podrán imaginar el chat tan controversial después de estar en su mayoría Uribistas endiosando al lobo disfrazado de cordero hablando mal de Petro y dándole rienda suelta a todos sus miedos y a las comparaciones con Venezuela, como argumento a la mano para negar que el país se puede pensar de otra manera y que si un gobierno diferente a Uribe se sienta en el solio del Palacio de Nariño, se acaba la nación y el estado de derecho.

Allí, desde su afán de negar a la contraparte y con el propósito de poder saber algo de lo que se está discutiendo, Paul preguntó: <<Y a todas estas, ¿qué es el socialismo?>>.

¿Qué es el socialismo?

Me comprometí en dar respuesta a esta pregunta espinosa en estos tiempos donde ya no hay un concepto de ideología, sino una afirmación del fin de la historia proclamado por Fukuyama al postular que el capitalismo es el sistema ideológico que cierra la lucha de las ideas y plantea el estilo de vida de una sociedad ideal, según su propio análisis.

Para tratar de dar respuesta a la pregunta de Paul, le recuerdo que su papá combatió las ideas comunistas en Vietnam, que son la antípoda del capitalismo.  Y que el gran temor de todo empresario es que al hablar de socialismo, existe la sombra de la perdida de la propiedad privada, dado que el Estado entra a tomar las riendas del manejo de los bienes y servicios que se le prestan a los ciudadanos.

Allí surge el miedo de que todo se vea empobrecido como en Cuba, sin tener presente que ello se derruyó, a raíz del bloqueo económico de Estados Unidos y las consecuencias de la Guerra Fría (1947-1991) que sobrecogieron a la isla por defender las ideas socialistas, con el agravante de la dictadura de los Castro.

En términos de sistema social, el socialismo está pensado como un sistema en el que la educación es para todos, sin pasar por la estratificación social, lo que implica que el estado proporciona un sistema educativo para que todos los ciudadanos alcancen los niveles de formación más elevados posible, buscando con ello que al haber más preocupación por las letras y tener más herramientas para pensar y dirimir los problemas, la sociedad sea lo menos violenta posible.

De igual modo, el Estado ha de garantizar la salud a partir de la promoción de los buenos hábitos y la prevención de las enfermedades, acompañado de una disciplina deportiva que permita la salud física y cultive la fortaleza mental, garantizando además, una buena y sana alimentación.

Visto así, no hay mayores peros, sin embargo, cuando se entra a mirar el sistema de producción y la política de precios que el Estado sería el encargado de su administración para poder garantizar las políticas de empleo y el reparto de la plus valía entre los ciudadanos, surge el pero que tanto preocupa a una visión del mundo como la que hemos recibido nosotros los nacidos en Colombia en la década del setenta que, gracias a nuestros estilos de vida urbanos, no hemos tenido que padecer la atroz realidad de la Colombia rural, campesina, desplazada, masacrada y desprotegida.

Con ello se busca que la riqueza sea equitativa y que el valor de las cosas no entre en la lógica especulativa del libre mercado que defiende el capitalismo, tratando de generar un bienestar social a favor de todos y no en manos de unos pocos.

Así mi apreciado Paul, groso modo espero haber dado respuesta a tu pregunta, y mi respetado Juan Fernando, espero que entre tanto “humo” esté más claro la disertación que inició en el chat.

TIPS para no sufrir.

  1. Es comprensible el temor que existe ante un cambio de modelo ideológico en nuestra sociedad, sin embargo, es oportuno resaltar que Colombia ha tenido visos capitalistas, pero no ha sido una sociedad capitalista propiamente dicha. Así las cosas, acentuar un modelo social es oportuno para que el trabajo, la producción y el reparto de las tensiones existentes contengan el malestar social que vivimos.
  2. Si Colombia se organiza en función de la producción equitativa y justa, aflorará la riqueza para todos. Como estamos, ya hemos construido un comunismo donde los pobres son comunes y los ricos los mismos de siempre, sin entrar a plantear el desastre que existe en la cloaca del Congreso.
  3. Se habla de la guerrilla y el malestar existente en relación a la negociación de Paz con las FARC y todo lo que quedó pendiente por parte de ella en los acuerdos, pero tampoco se da ejemplo ni respuestas claras a la responsabilidad del Estado en relación a las masacres, los desaparecidos y las muertes selectivas de líderes sociales.
  4. Gustavo Petro fue guerrillero y lo asumió, pero en el gobierno y en el senado hay cualquier cantidad de personas infiltradas que trabajan con grupos al margen de la ley, o son sus jefes o han negociado con ellos para conseguir sus objetivos y no lo asumen. Petro dejó la guerrilla y las armas para dedicarse a la política, del otro lado, mucha crítica a la oposición y mucho silencio cuando se les trata de entreabrir la puerta de sus relaciones oscuras.
  5. El capitalismo está en crisis, tal y como lo expone Robert Reich, exsecretario de Trabajo de EE.UU. Colombia está en crisis y no lo aceptamos. ¿Qué propuestas hace la derecha y el centro camuflado, que también es de derecha pero no se atreve a decirlo, para salvar el capitalismo en un país que no es capitalista en tanto tal?

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