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OPINIÓN

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Por: Jairo Alvis Cuevas

Sin duda alguna el éxito del presidente electo, Gustavo Petro, se fundamentó en su firme disposición por lograr la reconciliación nacional, ante la crítica polarización que ha vivido el país los últimos años, que lo han llevado a una división en dos extremos al parecer irreconciliables y en su preocupación por reactivar los acuerdos de la Habana. Esta disposición le permitió aglomerar en el Pacto Histórico un variado número de grupos políticos, todos ellos afines al intento de retomar los caminos de la paz, de reactivar los acuerdos congelados por el actual gobierno en su firme propósito por hacer trizas dichos acuerdos.

¿Hizo trizas la paz este gobierno? Definitivamente no. El blindaje dado por el gobierno de Santos, al elevar a rango constitucional las nuevas entidades del sistema integral, entre ellas la JEP, La Comisión de la Verdad y La Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas, permitió el avance en la implementación en los últimos meses del gobierno del presidente Santos y en la protección final a las embestidas del gobierno de Duque, quien no pudo ante tan fuerte escudo de salvaguardia y blindaje. Gran acierto de Juan Manuel Santos en este propósito.

Este blindaje permitió que hoy los acuerdos se encuentren en un avance aproximado al 70%, quedando pendiente la mayor parte de lo relacionado con la mesa de alistamiento jurídico, en la cual adormece la Ley de Tierras, norma relacionada con el acceso a terrenos baldíos. Están congeladas también las leyes para que haya jueces rurales dedicados a resolver los conflictos sobre el uso y la propiedad de la tierra; la reforma política para poner en marcha la misión especial electoral; la ley para fortalecer la participación ciudadana y regular la protesta pacífica; la ley de sometimiento de bandas criminales y la ley de tratamiento especial de cultivadores.

Estos aspectos de los acuerdos que no han avanzado, casi todos hacen parte del plan de gobierno que el presidente electo presentó al pueblo colombiano, de ahí su gran aceptación por parte de los partidos políticos que votaron sí a los acuerdos de paz y que, a pesar de ser minorías en el congreso actual, dieron una dura batalla en su defensa, alcanzando, no avances en la implementación, pero sí logrando junto al blindaje, defender las arremetidas por hacer trizas lo acordado. Por esto no es incoherente que en la composición del gabinete del presidente Petro y en las coaliciones que se hagan en el Congreso, estos partidos que apoyaron el proceso de paz, tenga una importante participación.

Pese a los obstáculos del gobierno de Duque, la JEP ha logrado que alrededor de 10.000 ex combatientes se acogieran al proceso; en reparación integral se han registrado un gran número de víctimas, a los cuales la respuesta ha sido mínima; los macro procesos de secuestro y falsos positivos, se lograron tipificar como crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad. Se encuentran engavetados, la ley de transporte escolar, la ley de compras públicas de productos a los campesinos por parte de los entes territoriales, la cual garantizaría a los pequeños productores una demanda permanente de sus productos.

La reforma política para poner en marcha la misión especial electoral, es de suma importancia, sacarla adelante a la mayor brevedad posible. El sistema electoral actual presentó considerables fallas en las elecciones del congreso, sino es por el seguimiento estricto dado por el equipo de trabajo de Gustavo Petro, hubiera perdida 3 curules, las cuales recuperó en el reconteo. Esto arrojó una mancha de dudas sobre el software, por lo cual se pidió se hiciera una auditoría, la cual nunca se hizo, pero al final, los resultados de la primera y segunda vuelta presidencial, no dejaron ninguna duda sobre el proceso electoral, pero que es necesario hacia futuro se tecnifique mucho más, para evitar tantos errores humanos, voluntarios o involuntarios.

Por todo esto es necesario un pacto por la paz, es decir, un acuerdo para erradicar la ácida polarización política e implementar todas estas leyes que, sin lugar a dudas, propician mejores condiciones de vida para nuestras comunidades campesinas, indígenas, negritudes, mujeres, juventudes. No se trata de una paz divina, sabemos que esa no la logramos con nuestros propios esfuerzos, se trata es de darle fin a tantos conflictos armados y a tantas inequidades sociales, lo cual nos puede propiciar una mejor convivencia, combatir la pobreza y la desigualdad. ¡Dios bendiga a Colombia!

Por: Juan Carlos Castilla Cruz*

Lo mejor de las pasadas elecciones presidenciales, es precisamente eso, que ya pasaron.

La avalancha de insultos, de improperios, y en general, de toda clase de bajezas, demuestran que este es un país enfermo, en el que la decencia no tiene cabida y en el que están llamados a figurar aquellos que más escándalo hagan, que más dividan y polaricen, pues aplican a la perfección lo de dividir para reinar.

Reconozco, en un claro acto de renuncia al sigilo del voto, que no voté por Gustavo Petro, pero ello no me impide desearle un buen gobierno, no porque sea pecado augurarle mal al prójimo, si no porque está en juego el futuro del país. Por ello, en un acto precisamente de decencia, de altura y de patriotismo, quienes no simpatizamos con él deberíamos comprometernos a no darle de su propia medicina, sí, en la vida no siempre es sano devolver lo recibido. Así, a partir de este momento, nadie debe empeñar sus esfuerzos en desprestigiar un gobierno que ni siquiera ha empezado, las bodegas de la injuria y la calumnia deben desmontarse, el llamado a la movilización violenta disfrazada de legítima protesta debe ser erradicado; y en lugar de todo ello, acoger a un Petro que parece, si me permiten el término, deconstruir su personalidad.

En el discurso del pasado domingo observé a una persona con intención de unir al país, dejar de lado los odios y “construir una política del amor”; lo anterior es plausible, bajo el entendido de que todos tenemos derecho a cambiar, pues, si comparamos esta nueva versión de Gustavo Petro con la del personaje que perdió las elecciones del 2018, ya no hay llamados a movilizaciones populares ni predicciones en el sentido de que el gobierno entrante sería su mejor campaña, en un claro deseo de fracaso para el neófito Iván Duque, sin importar llevarse por delante al país. Claro está, esta vez es él el vencedor, y su contrincante demostró altura al reconocer los resultados sin amenazar venganza.

Ahora bien, resta esperar que el candidato Petro dé paso al presidente en que se convirtió, lo que implica cumplirle a ese medio país que dentro de un ambiente de desesperanza, exclusión y abandono, ve en él la reivindicación de sus derechos, porque para nadie es un secreto que existe una Colombia resquebrajada que merece un mejor futuro. De igual modo, debe controlar la incontinencia verbal que a veces parece asaltarlo, y entender que entidades como la Fiscalía y la Procuraduría gozan de independencia, por lo que no tiene presentación impartirles órdenes.

Por último, a los desesperanzados con el resultado electoral, sobra recordarles que aquí cabemos todos, que nuestras instituciones son sólidas y que la democracia precisamente consiste en permitir la participación en la institucionalidad de quienes tienen posturas distintas, y que no se reduce “al derecho que tienen los piojos a comer de los leones porque son mayoría”.

*Abogado

Por: Marcos Velásquez

Sí, Colombia dio un paso en su evolución política.  Demostró que, a través de las elecciones, se pueden tomar decisiones, aunque no necesariamente tengamos que estar de acuerdo.

Eso es un principio de la democracia, algo a lo que muchos no están acostumbrados, dado que se habituaron a pensar en que sólo se tiene que obrar como dice el amo (el patrón).

Desde el Frente Nacional no se había planteado una posibilidad de tomar la política como una opción de paz.  Lo expongo en el sentido que, de no haber sido por dicho pacto político, los Conservadores hubieran exterminado a los liberales.  Para los más jóvenes, les recomiendo la lectura de la novela Viento Seco de Daniel Caicedo, donde él se encarga de narrar lo que ocurrió en octubre de 1949.

Con ese pacto se puso límite a la violencia política, hasta que llegó la semilla del mal para nuestro país, con el estilo de pensar de Pablo Escobar Gaviria, quien catapultó en su frase “plata o plomo”, la forma más diabólica de obtener lo que se quiere.

Lamentablemente, a raíz de ese estilo de pensar, la política involucionó en nuestro país, adhiriéndose a esa forma de obrar y permitiendo el exterminio de todo quien políticamente no pensara como el amo del momento lo planteara.

Entramos sin notarlo en un comportamiento feudal en pleno siglo XXI, donde el Señor Feudal decía qué se hacía y qué no se hacía y bueno, permitió todas las masacres y desapariciones que aún muchos cándidos colombianos piensan que no existieron o que no pasaron, sólo por estar atentos a sus seguridades.

Mientras algunos colombianos estaban bien, otros han padecido las inclemencias de un conflicto que tiene un gobierno paralelo.  Un conflicto donde la voz de quien piensa diferente y bajo la frase “algo tendría”, fueron matando uno a uno a los lideres sociales que, en última instancia, solo les duele a sus familiares y amigos.

El Pacto Histórico no es solo la cifra de 11.281.013 colombianos que votaron por Gustavo Petro y Francia Márquez Mina.  Es la respuesta histórica al cansancio, la agonía y la desolación de la imposibilidad de que se reconociera la violencia de los últimos años en Colombia:

El exterminio de un grupo político, la matanza de la población civil (seres humanos pacíficos sin armas) en sus casas, la desaparición de jóvenes a través del mecanismo de “falso positivo”, el asesinato sistemático de lideres civiles y el exilio auto impuesto para preservar la vida, dado que en Colombia sólo le creen al muerto que lo mataron, mientras que al amenazado de muerte se le pone en tela de juicio, o se le justifica su fatídico presente con la lapidaria e insolidaria frase: “Quién lo manda!”, o la posición egoísta de :“Él se lo buscó”.

10.580.412 colombianos no comprenden esto, porque no lo han vivido, o porque su cómodo ego, solo les permite pensar que, como ellos están bien y no han hecho nada malo, no tienen por qué resolverle los problemas a quienes los tienen.

El Pacto Histórico es una respuesta a ese silencio que asfixió el futuro del país, el cual iba en la vía de solo los que tienen son los que pueden, sin notar que cada vez más los pocos que tienen no cuentan con discurso, pero sí con herramientas de poder para consolidar su fortuna.

Con esto celebro la capacidad discursiva de Gustavo Petro, quien públicamente asumió y no negó su pasado, al igual que su capacidad de asumir el riesgo de hacer política a través de la palabra, abandonando las armas, instrumento predilecto de quien no tiene capacidad de hilar una idea y desea ser respetado en sus caprichos y admirado por sus gustos, a la fuerza.

Espero que El Pacto Histórico traiga los vientos de la paz anhelada después de más de setenta años de soledad.  Al igual que espero que este Pacto Histórico le devuelva a la escena política el político de sangre de discurso, de esencia de pueblo y de carisma de líder, dado que también nos acostumbramos a que todo era compra de votos, porque era más fácil para quien no sabe hilar palabras, no ha leído y no tiene pensamiento propio, comprar un voto, que afrontar la sed del pueblo que clama por palabras de aliento que guíen sus afugias, con soluciones posibles y cercanas.

De igual modo, espero que este Pacto Histórico reviva a maestros del periodismo como Antonio Caballero, quien, desde su elegante prosa y su izquierda intelectual, nunca utilizó el periodismo como instrumento de extorsión, persecución o imposición, dado que ya son pocos los periodistas en Colombia que cuentan con una ética de la palabra, al servicio de la crítica y la protección de la sociedad.

Así como el Pacto Histórico se lo debemos históricamente a Gustavo Petro Urrego, hay que resaltar el trabajo de Nicolás Fernando Petro Burgos, quien asumió con convicción una posición política abierta, donde entregó su esencia a su pueblo, el Caribe Colombiano, el cual ha estado a la deriva de “falsos profetas” y especuladores del voto.

Nicolás Petro, con su trabajo fraterno y humilde, le recordó al manoseado votante del Caribe colombiano, lo que es un político de pueblo, el que ya estaba quedando en el olvido, gracias a la compra de votos y la incapacidad humana del ego insolidario de los políticos que toman la necesidad humana como “empresa electoral”.

Sentado en el corredor de la casa o en la mesa sin mantel de sus conciudadanos, Nicolás no solo habló de las propuestas de su padre.  Sin notarlo, le devolvió la credibilidad a la gente de a pie en el hombre político que, a pesar de trabajar por los intereses de una sociedad, también se toma el tiempo para sentir cómo se vive en una necesidad apremiante, en gobiernos que piensan en el ego y no en la gente.

Y cómo no celebrar en este Pacto Histórico, el triunfo de la nueva “Negra Grande de Colombia”: Francia Márquez Mina.  Sus raíces, su dolor y su amor por la patria, fueron reconocidos por los colombianos que nos regocijamos viendo por primera vez en la Casa de Nariño, el color purpura que engalana toda fiesta, más, cuando ella está investida por su espiritualidad, discernimiento reflexivo y el anhelo de ayudar a la mujer colombiana y a la infancia desprotegida.

Así las cosas, hoy, mientras los que temen por sus egoístas seguridades y su sesgado clasismo social reniegan, los colombianos que hemos vivido la Colombia de a pie, oramos para que Dios ilumine los pasos de nuestros nuevos gobernantes y el Universo proteja las acciones que permitirán la inserción de nuestro país a las lógicas del siglo XXI.

Por: Juan Carlos Castilla Cruz*

A propósito de la suspensión provisional del alcalde de Medellín, Daniel Quintero, se ha opinado de todo, como si se tratara de un asunto meramente político y no jurídico.

Al respecto, hay que decir algo que parece lógico y de sentido común, y es que una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa.

Así, en primer lugar, hay que advertir que es flagrante y descarada la participación en política del burgomaestre, pues en la era del gran hermano, en la que todo queda grabado o documentado, son varios los videos en los que este aparece manifestando su apoyo irrestricto a Gustavo Petro, el último de ellos, al parecer, fue la gota que rebosó la copa.

Ahora bien, dicho lo anterior, es del caso precisar que la Procuraduría General de la Nación no es competente para investigar ni sancionar a funcionarios de elección popular, así lo estableció la Corte Interamericana de Derechos Humanos -CIDH en la sentencia del caso Petro versus Colombia, en la que de manera inequívoca y clara precisó que una autoridad administrativa no puede limitar los derechos políticos de los funcionarios elegidos popularmente, pues ello compete única y exclusivamente a los jueces de la República, en concreto a los jueces penales.

Pues bien, con el ánimo de aparentar dar cumplimiento a la sentencia de la CIDH, el Congreso de la República por iniciativa de la Procuraduría General de la Nación aprobó la Ley 2094 de 2021, en la que en una interpretación bastante amañada del artículo 116 de la Constitución Política, se le otorgó a una autoridad eminentemente administrativa facultades jurisdiccionales, y de paso la justificación para ampliar su planta de personal a sabiendas de que la nueva norma no cumple con lo ordenado por el organismo internacional.

¿Sabrá la Doctora Cabello que incumplir las decisiones judiciales es una falta disciplinaria?

Ahora bien, me pregunto ¿por qué insiste la Procuraduría General de la Nación en conservar su competencia para juzgar a funcionarios de elección popular, a sabiendas que estos a lo sumo representan un 10% de los sujetos disciplinables? ¿Vale la pena sacrificar la reputación institucional para satisfacer intereses individuales? Al parecer, este es otro caso de los tantos en los que los funcionarios quieren imponer sus intereses (mezquinos) sobre la institucionalidad.

Si este país se precia de ser respetuoso de las decisiones de los organismos internacionales y de los tratados que ha suscrito y ratificado, debería implementarse una verdadera reforma en la que se cree en cabeza de verdaderos jueces de la República una jurisdicción disciplinaria.

Resulta curioso que, en aproximadamente 500 actuaciones disciplinarias por participación en política de funcionarios públicos, solo en seis de ellas se haya decretado la medida de suspensión provisional, incluyendo la del mencionado alcalde de Medellín.

Por último, me llama inmensamente la atención el hecho de que una suspensión provisional que tiene los mismos efectos de una decisión sancionatoria definitiva, en el sentido de que separa del cargo a un funcionario, sea de aplicación inmediata sin pasar por la revisión de un juez de la República como sucede en los casos de los fallos o sentencias sancionatorias contra funcionarios de elección popular ¿qué soporta este trato diferencial? ¿será otro de los tantos yerros que trae la Ley 2094? Solo resta decir: ¡Corte Constitucional salve usted la Patria¡

Añadidura: Por cuenta de las peripecias de la Procuraduría para conservar su competencia en los casos señalados, contamos con tres codificaciones disciplinarias vigentes (Ley 734 de 2002, Ley 1952 de 2019 y Ley 2094 de 2021, más un decreto que corrige yerros), lo que ha ocasionado una incertidumbre jurídica en la materia, y es otra razón para aquellos que piden la desaparición de esta entidad.

*Abogado

Por Javier Lastra Fuscaldo*

Las empresas se deben a sus usuarios y el reconocimiento y percepción que estos tengan sobre la marca, lo que es fundamental para la sostenibilidad de cualquier compañía.

Afinia entró a la región Caribe colombiana desde octubre del 2020, a operar el negocio de distribución de energía eléctrica en los departamentos de Bolívar, Cesar, Córdoba, Sucre y once municipios del departamento del Magdalena en unas condiciones muy difíciles no solo por la obsolescencia de la infraestructura que recibió sino por los peores indicadores empresariales que tenía la antigua compañía agravados por la pandemia del COVID-19.

La llegada del Grupo EPM, dueño de Afinia, genera una gran expectativa en la región, puesto que los usuarios esperan cambios positivos e inmediatos en la calidad del servicio.

Conscientes de esa gran responsabilidad, el grupo ha presupuestado en el plan empresarial 8.7 billones de pesos hasta el 2030 para mejorar el servicio, cambiando redes y subestaciones, repotenciando algunas de las existentes y además implementando tecnología de punta en los equipos y sistemas de medición.

Hasta diciembre del 2021 ya se habían invertido 623 mil millones de pesos, y para este año se presupuestaron más de un billón de pesos cuya ejecución se basa en trabajos que en su mayoría nos obliga a interrumpir el servicio a nuestros clientes generando incomodidades en su actividad diaria. Para el logro de ese propósito se requiere que los usuarios estén informados y permitan el ingreso de nuestro personal técnico a los barrios y residencias para realizar los trabajos de modernización de la infraestructura.

Todo esto es posible si se logra contar con la confianza de la gente en nuestra marca, este es un punto de llegada y somos conscientes que si bien esta se gana con resultados, para ello es importante empezar con el conocimiento e información que los usuarios tengan sobre la empresa y lo que estamos haciendo.

Conocer y apoyar las tradiciones en los departamentos del área de cobertura es una de las tantas tareas que debemos hacer para generar confianza, al tiempo en que brindamos información de nuestros proyectos y ejecutorias, nos involucramos en los eventos culturales, deportivos y artísticos que despiertan sentimiento de pertenencia en la gente para lograr mayor cercanía y arraigo en el corazón de nuestros usuarios; y así mismo con estas acciones contribuimos a mover la economía para generar desarrollo y bienestar.

Este fin de semana participaremos en el Festival de la Leyenda Vallenata en Valledupar con patrocinios y relacionamiento, y también planeamos hacerlo a lo largo del territorio en la Feria de la Ganadería en Montería, las Fiestas de la Independencia de Cartagena, las del 20 de enero en Sincelejo y en tantas otras actividades de los 134 municipios que atendemos en nuestra querida costa atlántica que hacen parte de nuestra identidad y patrimonio cultural.

*Gerente General de Afinia

El pasado 6 de abril, nuestra alma mater cumplió 58 años de vida institucional; celebración que permite reflexionar sobre el trasegar de una institución nacida de la mente, sueños e ideales de su fundador, Don Elías Bechara Zainum, idea inspiradora que congregó seguidores para sacar adelante este proyecto que hoy conocemos como: Universidad de Córdoba. Sería inconcebible, no pensar lo que ha sido el andar de nuestra Universidad. Un ente que ha venido contribuyendo con el pasado y presente del Departamento de Córdoba pensando en la transformación humana y social; soportado en la ciencia, el saber y el conocimiento. No obstante, hoy, desde la adversidad forjamos la génesis y evolución de esta Institución y, en medio de estas vicisitudes inherentes a su trasegar, formamos el carácter e identidad que caracteriza a los unicordobeses.

Unicórdoba ha sido hecha a pulso, sostenida con éxito en medio de adversidades, carencias, conflictos, desencuentros y tensiones; muchas de ellas, violentas y dolorosas; pero, a pesar de todo, hemos mantenido el pulso y continuado por el mejor camino. Es grato recordar en estos 58 años la perseverancia y tenacidad del nuestro fundador dando inicio a las labores académicas en el Colegio Nacional José María Córdoba; en esta Institución educativa funcionamos durante 4 meses; posteriormente, la Universidad se trasladó a la Plaza de Ferias, y, en este lugar, se continuó con las actividades académicas de los programas de Medicina Veterinaria e Ingeniería Agronómica; con dichos programas nació la Universidad de Córdoba y respondían a la vocación productiva del Departamento. En este lugar permanecimos durante cuatro años. Después, con esfuerzos financieros obtenidos a través de créditos, se compró lo que para la época era la hacienda Nueva York; conformada por 64 hectáreas de tierra; lugar donde encontramos el campus central de la Universidad de Córdoba. De esta manera, se sentaron las bases y rieles por donde se ha movido y construido la Universidad durante estos 58 años.

Es esta la ocasión para reconocer y exaltar el trabajo y aporte de rectores, profesores, estudiantes y trabajadores que, durante todos estos años han hecho posible la construcción de este proyecto educativo que ha formado 44 mil profesionales en distintas disciplinas científicas; que tiene una cobertura estudiantil de 18 mil estudiantes, 32 programas académicos de pregrado, 22 programas de maestría y 5 doctorados haciendo presencia en distintas regiones del Departamento. Además, nuestra proyección científica permite hacer presencia en gran parte del territorio nacional; aportando conocimiento a través de nuestra capacidad científica a las comunidades.

El presente histórico de la Universidad de Córdoba reafirma los principios concebidos por nuestro fundador; tanto él, como todos los que hicieron posible este proyecto de transformación social y humana. A las generaciones que hacen presencia en nuestro territorio, le expresamos nuestra gratitud eterna por haber creado y dejar como legado la alma mater de los cordobeses; el bien público y social más valiosos de este Departamento. Por consiguiente, corresponde a quienes hacemos parte de esta generación, continuar dicho legado. Como dice nuestro himno: Unicor eres grande y nos haces mucho honor, a Dios pedimos que te guarde para bien de la Nación.

Por: Jairo Alvis Cuevas*

En el escrito pasado vimos las falacias del sólido respaldo patrimonial y la supuesta alta rentabilidad que ofrecen los Fondos de Pensiones Privados a sus afiliados, pero por espacio y tiempo no se alcanzó presentar otros aspectos que profundizan las dudas sobre la certeza de la bondad de estos indicadores, especialmente el de la altísima rentabilidad, la cual no existe para pensionados ni cotizantes, sino para los dueños de dichos Fondos.

En la muy famosa y detestable ley 100 de 1993 se estableció en el artículo 20 el monto de la cotización para pensión, la cual hoy es del 16%, el empleado aporta el 12% y el empleador a nombre del empleado aporta el 4%. Es decir, un empleado con un sueldo de $1.000.000, oo que viene a ser su ingreso base de liquidación del aporte, paga a su Fondo $160.000, oo mensuales, durante su vida laboral. Estos aportes son los que se acumulan y forman su Bono pensional, para los que aportan a Colpensiones y el ahorro individual para los que aportan a los Fondos privados.

En el artículo 104 de la misma ley se establece que: “Las administradoras cobrarán a sus afiliados una comisión de administración cuyos montos máximos y condiciones serán fijados por la Superintendencia Bancaria, dentro de los limites consagrados en el artículo 20 de esta Ley. El Gobierno reglamentará las comisiones de administración por el manejo de las cotizaciones voluntarias”. Esta comisión hoy está en el 3% sobre el valor cotizado o aportado mensualmente, es decir sobre los $160.000, oo del ejemplo expuesto anteriormente. Esta comisión en este caso sería de $4.800, oo

La ley 1328 de 2009 en su artículo 53 modifica la ley 100 de 1993 adicionando lo siguiente: En ningún caso el ciento por ciento (100%) de la comisión total de administración de aportes obligatorios será calculado sobre el ingreso base de cotización”. Léase bien, en ningún caso, es muy claro este artículo, pero revise su extracto, revise las páginas web de los fondos privados y observará, que la comisión no la están cobrando sobre el valor cotizado mensualmente, sino, sobre su salario reportado. En el caso del ejemplo, su comisión debería de ser $160.000, oo por el 3%, daría $4.800, oo el valor descontado por comisiones. Pero no, los fondos liquidan la comisión sobre el sueldo de $1.000.000, oo es y le descuentan $30.000, oo mensuales.

He aquí otro gran robo a los colombianos, en el ejemplo están cobrando de más, $30.000, oo menos $4.800, oo la módica suma de $25.200, oo mensuales o sea $302.400, oo anuales. Este vil robo viene desde el año 1994, saque la cuenta. Abogados expertos en la materia dicen que una persona que ha cotizado con un salario mínimo desde 1994, hasta el año 2016, deberían de devolverle $200.000.000, oo a valor presente de ese año. ¿Cuántos afiliados hay en los fondos? Saque sus cálculos y se dará cuenta lo perverso de este sistema pensional y la actitud complaciente de los gobiernos de turno, cuyas campañas presidenciales fueron financiadas por los propietarios de dichos fondos.

Entiendo que existe una acción de grupo instaurada por abogados expertos en contra de los fondos de pensiones reclamando estos dineros, pero dichos procesos han sido dilatados, como todo en este país, la justicia funciona solo para defender los privilegios de los poderosos. A esta acción de grupo pueden acceder, quienes hayan cotizado desde 1994, pensionados y hasta los herederos legítimos de las pensiones.

Por esta razón y las expuestas en el anterior escrito, el próximo gobierno debe revaluar el sistema pensional, es necesario una reforma estructural, que priorice a los afiliados, que son los dueños del dinero, en vez de en contubernio con los fondos, robarles descaradamente.

Leer también: Opinión | La rentabilidad real de los fondos de pensiones privados

El gran problema en nuestro país, es que, entre los candidatos en campaña, los que han ganado dijeron lo que la gente quería oír. Sin un plan de gobierno serio y consensuado, simplemente endulzaron los oídos de los ciudadanos y cuando llegaron a la presidencia, mostraron lo que su corazón engañoso, realmente tenía en mente. Se acaba de aprobar el aborto y el gobierno, no hizo el más mínimo esfuerzo por oponerse, a pesar de que, en campaña, les endulzaron el oído a muchos incautos con una intención diferente. Nos vemos las caras, pero no los corazones.

*Consultor- AG Gestores y Consultores de Desarrollo Empresarial- AGecode

A propósito de las propuestas de los candidatos a la presidencia de la república, he observado con atención, la defensa que hacen de los Fondos Privados de Pensiones algunos candidatos y mucha gente que se cree que sabe mucho del asunto y de esto no tienen ni idea.

Llama mucho la atención que en tiempos de campaña muchos defiendan los Fondos Privados, pero en el resto del tiempo el deseo mayor es pasarse a Colpensiones, el Fondo de Pensiones Público y de hecho la fuga de cotizantes y pensionados es cada día mayor. Nadie quiere colocar su dinero en un Fondo Privado, pese a los supuestos “altos rendimientos” y el supuesto “respaldo patrimonial” de los propietarios de estas instituciones.

Lo que da grima es que esa defensa que se hace sin razonamiento, sino, por puro apasionamiento político por candidatos, que infunden miedo a la gente, ante un posible cambio de sistema, argumentando que la administración pública es irresponsable y que los privados administran mejor los recursos. Esto es muy cierto, pero en los negocios que estos empresarios manejan con sus propios recursos, pero cuando el dinero es del público, es otro cantar. Ahora dirán que esos dineros no son públicos, que son de las personas, sí, muy cierto, pero de miles de personas, lo que debería obligar al gobierno a ejercer vigilancia, en defensa de los intereses de sus ciudadanos.

Así que, lo del mayor respaldo patrimonial cuando es un Fondo Privado, es una falacia, lo hemos visto con la Banca, son varios los bancos privados que se han quebrado en el país y siempre quien respondió a los ahorradores fue la nación, nunca sus propietarios.

En cuanto a los rendimientos, se nos habla de altas tarifas, pero también es otra falacia. Tengo a la mano un extracto de un pensionado de Porvenir a diciembre 31 de 2021 el cual muestra un rendimiento real sobre el saldo de su ahorro del 2,94%, dicho extracto informa que la rentabilidad del Fondo fue del 7,6% y al lado de este aparece rentabilidad mínima obligatoria el 4,83%. ¿Qué pasó aquí? Abonan a la cuenta de ahorro del pensionado, sólo el 2,94%, cuando el mínimo debió ser el 4,83% y lo que debieron de abonarle a su cuenta debió ser el 7,6% menos los gastos de administración ¿explíquenme esto?

Ahí no termina la historia, resulta que del total del “alto rendimiento” al pensionado sólo le entregan como mesada el 12,71% ¿cuál es la rentabilidad efectivamente pagada al pensionado? Tan solo el 0,37%. Bueno y ¿qué pasó con el resto? El extracto te muestra que después de descontarse la comisión de manejo, la diferencia te la suman a tu cuenta de ahorro, pero a esto no tienes ningún derecho de reclamar absolutamente nada. Te dan una mesada mínima, ridícula, frente a tu rendimiento real y la mayor tajada se queda en los Fondos junto con el capital. Lo peor es que cuando el pensionado fallece y no tiene heredero, esa platica se pierde. Así que la gran rentabilidad es para los Fondos, no para el pensionado.

Si hiciéramos el mismo ejercicio en Colpensiones, el rendimiento real lo ve mensualmente el pensionado en su mesada y es 3 o 4 veces más alto que el de los Fondos Privados.

Es claro que todos los candidatos deberían de proponer alternativas que propendan por desestimular este gran negocio de los Fondos Privados, ajustándolos a un sistema que beneficie al pensionado y que para el Fondo también sea un negocio bueno, pero no el gran negocio, que apalanca sus inversiones en otros negocios.

Por: Marcos Daniel Pineda García

Colombia comenzará a cambiar el día que elijamos a políticos que hagan lo que tienen que hacer: ¡trabajar en beneficio de la gente!

Mucho se ha discutido acerca del futuro del país, y cómo este solo puede ser mejor si se da un giro ideológico, bien sea hacia una izquierda radical o hacia la extrema derecha. Ambas alternativas han comenzado a escalar peligrosamente, como única salida posible a una crisis que parece eterna y que hoy tiene a todo un país desesperanzado en su clase política.

Pues yo soy de los que no cree en lo uno ni en lo otro, ya que la respuesta es mucho más sencilla y nada tiene que ver con la polarización, que lo único que logra es dividir a los colombianos, quienes más que cambio, lo que piden a gritos es resultados.

Cuando toda una sociedad deja de creer, se corre el riesgo de caer en la ruleta rusa de elegir desde concejales, alcaldes, gobernadores y hasta presidentes, que sin tener preparación o bases sólidas para el ejercicio de lo público, o al menos mínimas habilidades administrativas, llegan al poder con el único mérito de representar la antítesis de los gobiernos de turno o de la política tradicional. Centenares de casos a través de la historia se han dado en el mundo, y a la postre han resultado en un remedio con consecuencias más nefastas que la misma enfermedad.

Independiente a su ideología, el líder político tiene que ser una persona que se entregue a la comunidad. La confianza necesaria para gobernar solo se logra manteniendo el contacto permanente entre gobernante y el ciudadano, generando coherencia entre lo que se dice en campaña y lo que se hace en el ejercicio de su cargo, que demanda una gran responsabilidad social.

Soy un crítico de aquellos políticos que ejercen esta actividad solo cada cuatro años, visitando comunidades en campaña, prometiendo el oro y el moro, para desaparecer luego de ser elegidos. Irónicamente muchos, logran hacerse reelegir.

Colombia requiere con urgencia, líderes que le pongan el alma a su responsabilidad, tal como lo hacen nuestros gladiadores deportistas; que se inspiren al soñar con un país mejor, así como se inspiran nuestros más talentosos artistas; políticos que trabajen sin descanso, como trabajan nuestros luchadores campesinos, y que tengan vocación de servicio como la tienen nuestros heroicos docentes.

Siempre he creído que el buen político no es el que gana campañas, es el que gracias a los resultados es llamado una y otra vez por el pueblo, para que siga liderando la realización de sus ilusiones y anhelos. El día que Colombia esté lleno de políticos exitosos, será sin duda una gran nación.

No olvidemos que al final la responsabilidad de elegir bien recae sobre el pueblo, saber escoger a quienes sin descuidar el presente, ayuden a construir un futuro mejor.

“El político se convierte en estadista, cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”, Wiston Churchill.

La subregión costanera constituida por los municipios de Moñitos, Puerto Escondido, San Bernardo del Viento, San Antero, Canalete y Los córdobas; territorio con ventajas geográficas, agrícolas, culturales y el espíritu resiliente de su gente. De igual modo, la belleza de sus playas y el inmenso Mar Atlántico es la evidencia, no solo de la belleza geográfica y paisajística de esta subregión llamada por sus habitantes el “Caribe Cordobés”; belleza que contrasta con la pobreza y carencias de estas poblaciones. Pero, por qué esta región se encuentra marginal y excluida del acceso al bienestar social y el desarrollo.

En relación con lo anterior, las teorías del Desarrollismo Económico plantean que, para que un territorio sea rico y desarrollado debe poseer recursos naturales y posición estratégica; pero, esta teoría por sí sola no tiene sentido sino se complementa con inversión social, educación, creación de condiciones en materia de infraestructura vial, sanitaria, agua potable entre otras. La subregión costanera posee lo primero; pero carece de lo segundo. Una subregión que tiene 124 km de costa sobre el Mar Caribe y con potencialidades para el turismo, la pesca y el desarrollo portuario se encuentra de espaldas al desarrollo. Sus necesidades básicas insatisfechas NBI, al igual que la pobreza multidimensional en conjunto supera el umbral del 80%. Sus servicios públicos son bajos y escasos, su conectividad vial rural es casi inexistente; en la zona urbana solo se aprecia en las calles principales de la cabecera y lo más paradójico aún… no existe conectividad regional para unir al Urabá Antioqueño con el Golfo de Morrosquillo; lo que ha generado un terreno propicio para la ilegalidad. Es decir, el mar lo aprecian y utilizan los grupos al margen de la ley y no el Estado. Mientras tanto, el vecino Departamento de Antioquia está haciendo millonarias inversiones para unir su capital con el mar, fortaleciendo la salida de sus productos al exterior, construyendo puertos y terminando la doble calzada entre Turbo, Apartadó, Carepa y Chigorodó. Cabe señalar que, estas principales ciudades del Urabá antioqueño están construyendo sedes universitarias; además, la presencia del SENA y zonas francas convertirlas en polos de desarrollo.

Por su parte, el Departamento de Córdoba tiene en el mar su territorio con mayor pobreza; es decir, los dos extremos de Córdoba; tanto el Sur como el Norte. El primero con 504 mil hectáreas de biodiversidad y riqueza minera en todos los alrededores de sus cinco municipios, y el norte con 124 Km de costa. En los dos extremos se encuentra una gran riqueza sin explotar; contrario a esto, en esta subregión impera la desigualdad y el abandono estatal; convirtiéndolas en terreno fértil para los grupos al margen de la ley, que son quienes controlan el territorio e imponen su poderío. Es el momento de actuar y construir un gran pacto social por el desarrollo del Caribe cordobés; en donde no imperen las lógicas de la politiquería que quisieron darle color político al desarrollo generando atraso y pobreza. Es imperioso escuchar la posición de los aspirantes al Congreso con propuestas que trasciendan el plano electoral.

Mencionar el sur del Departamento de Córdoba implica hacer referencia a una región geográfica conformada por los municipios de Tierralta, Valencia, Puerto Libertador, Montelíbano y San José de Uré; territorio geográfico marcado históricamente por el abandono estatal. Esta subregión cuenta con inmensas riquezas naturales reconocida por su biodiversidad, su posición estratégica y la variedad de sus recursos que contrasta con la pobreza de las condiciones de vida de sus habitantes y la violencia que ha marcado el pasado y presente. Paradójicamente, la posición estratégica no ha permitido superar su aislamiento geográfico, las características selváticas, la riqueza hídrica y los diferentes pisos térmicos que posee, aunado a que es una zona de colonización reciente y con escasa presencia del Estado, favoreció en la década de los sesenta, la llegada de diferentes grupos al margen de la ley y, con ello, el conflicto armado en todas sus dimensiones. A finales de los ochenta, con la aparición de los cultivos ilícitos, se produce un fuerte impacto ambiental y social sobre este territorio con alta fragilidad. Teniendo en cuenta que el 60% de los bosques húmedos tropicales del Departamento se localizan en la subregión Alto Sinú; de igual manera, allí se localiza el Parque Natural, Nudo de Paramillo; un territorio de 504.000 hectáreas con riqueza hídrica; donde nacen los ríos: San Jorge, Sinú, Manso, Esmeralda, Verde y un sinnúmero de quebradas, considerado una estrella fluvial y fábrica de agua que abastece la mayoría de los municipios del Departamento. Asimismo, Tierralta y Valencia forman parte de la reserva forestal Pacífico.

Esta riqueza ambiental contrasta con los indicadores socioeconómicos de pobladores de la región que revelan las necesidades básicas insatisfechas; de acuerdo con datos del DANE, se encuentran por encima del promedio nacional (27,7 %), regional (47,2 %) y departamental (59,1 %). En pobreza multidimensional representan más del doble del promedio nacional (26,9), departamental (45,8), y el empleo informal supera el 90 %. La informalidad en la tenencia de la tierra supera el 75 %, que evidencia formas precarias de vida en la población. Lo anterior, corrobora la ausencia de un Estado que han permitido un modelo económico y productivo centrado en cultivos de uso ilícito y aparición de todas las expresiones de ilegalidad.

En este sentido, el sur de Córdoba es una de las principales regiones productoras y comercializadoras de coca y minería ilegal; condiciones que mantiene vigente el conflicto armado y la cadena del narcotráfico. Así las cosas, los problemas provocados por el narcotráfico siguen vigentes. Situación que requiere la presencia integral del Estado y una política de sustitución de cultivos de uso ilícito, articulado con una reforma agraria integral que recupere el verdadero uso de la tierra. ¡Señores aspirantes al Congreso! necesitamos su compromiso y voluntad política con el sur de Córdoba; pero, no para buscar votos y aprovechar la pobreza de su gente; sino hacer propuestas viables y transformadoras. Esperamos que la curul otorgada al sur de nuestro Departamento sea ocupada por las víctimas y no por los victimarios y la politiquería.

 

Por Marcos Daniel Pineda García.

Cuenta la leyenda que en Colombia existía una entidad llamada Caminos Vecinales, que respondía por la atención de las vías terciarias. A mi generación le tocó ver el fracaso del Instituto Nacional de Vías (Invías), cuando por decisión gubernamental asumió la responsabilidad, al acabarse aquella entidad.

Durante mis ocho años como alcalde, comprobé que es más fácil tirarle piedras al sol que lograr que el Invías en Bogotá le dé curso a una solicitud de un ente territorial.

Además de que los recursos son insuficientes, tan solo el 10% del presupuesto de Invías se destina a “atender” las vías terciarias del país. La mayor parte de su presupuesto se va en las vías nacionales, tanto en mantenimiento como en construcción de nueva infraestructura, que no está concesionada y que se encuentra en manos de la ANI.

Hoy, en Colombia no existe una entidad nacional que responda por la red terciaria. Si bien el Invías tiene la función, claramente no es una de sus prioridades, y por el contrario ha relegado la red terciaria al cuarto de San Alejo. Sumado a esto, la carga por lo general se le impone a los entes territoriales, que no tienen la capacidad de atender los 142 mil kilómetros de vías terciarias que tiene Colombia y que representan casi el 70% de toda la malla vial nacional.

Además de la falta de presupuesto, otro problema es la desconexión entre las decisiones que se toman en el Invías y la realidad de los territorios. ¡Qué van a saber en Bogotá, que el porro y el bullerengue se encuentran entre Montería y San Pelayo, conectando las vías de Buenos Aires y el Pantano Tierra Bonita! ¡Qué van a saber en las frías oficinas del Invías, que el puente de El Balsal en la vía a Loma Verde, lleva varios años caído y no hay quien atienda esta calamidad, que tiene a los campesinos de la zona incomunicados!

Las vías rurales en Colombia deberían ser sinónimo de calidad de vida y competitividad. De nada sirve el esfuerzo que durante toda una temporada hace un campesino para producir una buena cosecha, si no puede transportar sus productos por el mal estado de las vías que debe transitar para comercializarlos.

Nuestro país necesita darle la cara al campo y uno de los principales retos para lograrlo, es mejorar las condiciones de sus vías terciarias. Por eso, quiero proponer que en el próximo Plan Nacional de Desarrollo, se incluya la creación de una agencia diferente al Invías y a la ANI, que se encargue de construir, atender y mantener la red terciaria en Colombia.

No se trata de generar más burocracia, sino por el contrario, incluir en esta tercera entidad, personal calificado de las instituciones ya existentes, que más que capital humano, necesitaría contar con presupuesto, inversión, ¡leña gruesa, no escaramuza! Solo así podremos hacer grandes obras en beneficio de la red terciaria del país y no dejarla a la suerte de las chequeritas de los entes territoriales.

¡Las vías rurales no pueden seguir siendo el vagón de atrás del tren del desarrollo! Todo lo contrario: tienen que ser uno de los motores que pongan en movimiento el progreso de nuestro país.

Por Javier Lastra Fuscaldo

Gerente General de Afinia

El principal objetivo de Afinia es mejorar la calidad del servicio de energía eléctrica en su área de cobertura (Bolívar, Cesar, Córdoba, Sucre y 11 municipios del sur del Magdalena) y es ahí donde enfocamos nuestros mayores esfuerzos. Para cumplir con este propósito Afinia debe enfrentar tres retos claves e ineludibles.

El primero de ellos es contar con la capacidad para hacer frente al gran salto presupuestal para ejecutar las inversiones requeridas en materia de infraestructura, que incluyen obras asociadas a la construcción y reforzamiento de subestaciones, de transformadores de potencia, reposición de kilómetros de redes, la instalación de medidores inteligentes, entre muchas otras acciones. Estas inversiones en las magnitudes planeadas por Afinia, son las que harán posible que el servicio siga mejorando a un buen ritmo para de esta manera alcanzar prontamente los resultados.

Cabe resaltar que, en el pasado, estas actividades venían de un letargo de muchos años con inversiones por debajo de los 140 mil millones de pesos que ahora contrastan con las metas proyectadas por Afinia de más de un billón de pesos para el 2022.

Este reto ha exigido que tanto Afinia como sus empresas contratistas se preparen rigurosamente para ejecutar este tren de inversiones, adquiriendo los equipos y los vehículos especializados necesarios, así como el capital humano que hoy demanda la empresa.

Ejecutar tantos y cuantiosos proyectos en medio de un entorno económico mundial que ha generado incrementos en los precios de los materiales y del transporte, así como los retrasos en los periodos de entregas, sumado a la volatilidad del dólar y escasez de la mano de obra, nos ha exigido contar rápidamente con una óptima capacidad de gestión que garantice el desarrollo de la cadena de suministro y la ejecución de las obras de la infraestructura eléctrica en la Región.

Y es importante destacar que la experiencia y aprendizaje que se ha venido adquiriendo luego de quince meses de operación han permitido progresar en el fortalecimiento de esa capacidad institucional que se necesita para enfrentar los retos.

De igual manera, hemos desplegado la estrategia para un mejor relacionamiento con nuestros grupos de interés, entendiendo los puntos comunes de sus necesidades y expectativas.

El segundo reto tiene que ver con la actualización tecnológica; si bien este reto trasciende el 2022, es necesario migrar de los viejos sistemas de la antigua empresa a modernas plataformas que permitan mayor eficiencia en nuestros aplicativos comerciales, atención al cliente, centro de control y por supuesto, nuestros sistemas operativos para lograr eficiencias en los procesos administrativos internos.

El tercer gran reto, con la salvedad que el orden no define su importancia, es lograr que nuestros clientes conozcan a Afinia, que sepan que se ha constituido una nueva empresa con un nuevo dueño y con nuevas formas de trabajar mucho más eficientes.

Hay quienes consideran de manera equivocada, en razón al periodo que toma la evolución de la mejora del servicio, que se trata de la misma empresa anterior, pero con otro nombre; por el contrario, somos una compañía que cuenta con un gran respaldo del Grupo EPM y que tiene una nueva forma de hacer las cosas.

Sabemos que revertir esta percepción de algunos clientes requiere, además, de la mejora del servicio con grandes inversiones, de un robusto plan de comunicaciones el cual venimos estructurando y ejecutando, lo que nos permitirá dar a conocer cómo de manera gradual estamos optimizando el servicio.

Ganarnos el respeto, el cariño y la confianza de nuestros usuarios es una de nuestras principales motivaciones, pues de ellos depende la sostenibilidad de la compañía. Empezamos el año asumiendo todos los retos, seguros de lograrlos, inspirados en que con un mejor servicio de energía eléctrica estamos contribuyendo al desarrollo económico de nuestra Región y del país.

Por: Marcos Daniel Pineda García.

Tan diversa como compleja, así es Colombia, la misma cuyo territorio incluye picos nevados, desiertos secos y salados, selvas tropicales, bosques secos, fríos páramos, dos mares, centenares de ríos, crudos inviernos y veranos extremos.

Un país en el que se mezclan todas y cada una de las tonalidades de piel que ofrece la raza humana, así como las culturas y tradiciones ancestrales provenientes también de otras geografías, arraigadas y adoptadas en otros tiempos, y que hoy hacen parte de aquello a lo que llamamos nuestro.

Algunos pensarán que es muy difícil gobernar en medio de tantas diferencias, y ha sido eso quizá lo que ha llevado a uno de los errores históricos más grandes y recurrentes desde la independencia; la desconexión con sus regiones, el creer que todo se puede ordenar desde un frío escritorio en la capital, sin necesidad de escuchar, de aprender, reconocer y entender los diferentes matices y retos de las diferentes territorios que conforman al país.

Mucho se ha hablado del “cambio” que Colombia necesita; casi podría decirse que esa palabra ha estado en todos los discursos de gobierno desde que tenemos memoria. Pero, qué tal si en lugar de pensar en un viraje ideológico o de color político de quien ocupe la Casa de Nariño, pensamos en un cambio hacia un enfoque regional, en el que así como hemos propendido por el progreso de las grandes capitales, trabajemos por el desarrollo de aquellos pequeños pueblos y ciudades rezagados en el tiempo.

El reto es sintonizar las decisiones gubernamentales con las realidades locales, para traducirlas en soluciones a los problemas más apremiantes de los territorios, en resultados reales, que la ciudadanía vuelva a creer en una dirigencia que no solo aparezca cada cuatro años en época de campaña, sino que dé la cara constantemente y trabaje hombro a hombro en la construcción de un mejor país para todos.

Territorios con más oportunidades en educación y en crecimiento económico, así como en el mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes, con acceso a salud de calidad, saneamiento básico y servicios públicos. Donde el campo sea más productivo, con mayor competitividad, tecnificado, asociativo. Municipios sostenibles con un desarrollo diferencial basado en sus ventajas comparativas.

El alma de Colombia son sus regiones. Nuestro país necesita entrar en una nueva era, en la que se valoren sus verdaderas riquezas y sus diferencias: la era de las regiones.

Por Marcos Velásquez.

El perro se muerde la cola

 Colombia está en una tensión social que, solo quienes la viven, pueden dar cuenta de ella.  Sin embargo, algunas personas piensan que eso no está pasando y que todo está o igual que antes o bien.

Que uno piense que las cosas están bien, no significa que las cosas están bien.  Estimo que el país tocó fondo en muchos aspectos estructurales, al igual que ya estamos viviendo lo que algunos creen que podemos vivir.  Ya hay un común social inconforme.  Esto implica pensar la realidad para buscar soluciones pero, están quienes insisten en que ellos siempre serán la solución.

Hablar de los muertos

 Cuando escribí “¡Todo Sigue Vivo! Testimonios de la masacre de Mejor Esquina”, muchas personas me dijeron, me advirtieron, que no me metiera en problemas, que ya eso había pasado y que <<no valía la pena hablar de esos muertos que ya no les importaban a nadie>>.

En mi espíritu de escritor, sabía que hasta el momento no se había hecho un trabajo de periodismo testimonial con las víctimas, los familiares de esos muertos “que no les importaban a nadie”.  Y claro, era más que obvio encontrar el dolor de estos seres humanos como venas abiertas que emanan sangre de indignación porque, pasan los años y todo sigue igual para ellos.

Psicológicamente están desequilibrados y Córdoba, con cuatro facultades de psicología, ninguna de ellas se ha propuesto hacer un trabajo de intervención psicosocial en una población donde el recuerdo no descansa y el olvido no aparece, para tratar de darle, si no paz, por lo pronto, aliento a través de un proceso clínico a personas que viven sin poder conciliar el sueño.

Hoy traigo a colación mi libro porque jamás me imaginé, al igual que el profesor Tomás Berrío Wilches, quien fue el primero de todos los masacrados esa noche del 3 de abril de 1988, que por tratar de conciliar y de mostrar que la realidad que vivimos tiene cómo mejorar, fuera a ser yo amenazado de muerte.

Tristemente el profesor Berrío fue asesinado en el acto, cuando buscaba la conciliación.  Yo pude librarme del hecho porque, si tronaban el arma que sacó el sicario de su cinto cuando me abordaron en una motocicleta a la altura de la Villa Olímpica de Montería, a las 7:15 pm, el pasado jueves 9 de diciembre, se hubieran delatado ellos y los habían podido capturar después de los disparos, y como es sabido, eso no le conviene a quienes mandaron el mensaje.

Una amenaza es una orden

¿Quién o quienes fueron los que me amenazaron de muerte?  No lo sé.  Tengo claro que mis ideas en un país como Colombia no son tomadas con buenos ojos y mis escritos, que yo pensaba que ayudaban a aclarar lo que está sucediendo en el país para tomar decisiones que ayuden a mejorar la realidad social, terminaron incomodando a quienes no comparten estilos de pensar diferentes.

Lo cierto es que, a falta de discurso, en una sociedad acostumbrada a pensar siempre de la misma manera, mis escritos, incomodaron a alguien o a algunos.

Estos hombres me hablaron con un halo de seguridad e intimidación que hace que se desmorone cuando se está solo, hasta el más fuerte:

<<¡Oíste gonorrea!  Sí, vos.  ¡Quedate callao malparido!  Dejá de escribir guevonadas que son pura mierda.  Aquí no gustamos de esas chimbadas que ustedes piensan, estás buscando que te vacíe toda esta mierda malparido.  Tenés dos días pa largarte de acá, porque si te volvemos a ver, te matamos hijueputa.  Y pilas que sabemos donde vivís malparido.  Largate gonorrea.  Te ví, te ví>>.

El que se bajó de la moto y se acercó a mí a decirme lo que me dijo, me empujó duro, tanto que me tumbó.  Como si nada, se montó en la moto y se fueron despacio, haciendo parecer que no estuviera pasando lo que ahí pasó.

Aturdido, no lo podía creer.  Se me vino el mundo encima, más cuando sé que en Colombia una amenaza es una orden y no un juego.  Pensé en mi familia y en que no vale la pena, en un país donde no es posible hacer tomar conciencia a una sociedad, hablar de un cambio necesario para el bien de las nuevas generaciones.

TIPS para no sufrir.

No sé qué es más peligroso para una sociedad: ¿pensar que las cosas no pueden cambiar o someterse a una realidad por pereza o miedo a cambiar?

Tengo claro que por encima de todo está la vida.  Que mis palabras y mi escritura hacen parte de mi esencia, por ello, para poder seguir escribiendo, me acojo a lo que me enseñó Germán Castro Caycedo: <<La verdad se escribe mejor en novela>>.

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Por Marcos Velásquez.

 Jean Paul es mi amigo de infancia.  Estudiamos el quinto elemental.  A él lo admirábamos por que su papá, quien fue un piloto veterano de la guerra de Vietnam, no permitía que ningún profesor se la montara a su hijo.

Así lo conocí yo.  Un man super querido que tenía el coraje de salirse del salón sin pedirle permiso al profesor en cualquier momento a llamar a su papá del teléfono público (al que había que echarle monedas para hacer la llamada), que había dentro del colegio, si algún profesor se estaba propasando en el trato hacia él, dado que para 1982, no faltaba el profesor de colegio que aburrido se encarnara, por sus fantasmas, en desquitarse sus frustraciones con algún alumno tal y como lo veíamos en el video de The Wall de Pink Floyd por esa época.

Como Paul tenía papá, era consentido.  Eso hacía que a uno que otro profesor le diera rabia y claro, se la montaban, y obviamente, Jean Paul no se la dejaba montar y llamaba a su papá, quien llegaba en menos de veinte minutos a ver qué le estaban haciendo a Paul.

El profesor apenas veía al padre de familia lo negaba y Paul, que tenía papá desmentía al profesor y el papá le reviraba al profesor por mentiroso (porque le creía a su hijo) y porque se la estaba montando al pelao.

Así, llegaba el coordinador -el Hermano Antolín-, al salón a ver qué era lo que estaba pasando y se armaba la de Troya, porque el Hermano tratando de mediar le daba más el lado al profesor que al alumno y el papá de Paul, que era un veterano de guerra y sabía que no había nada que perder en la defensa de los derechos y el respeto al otro, se solevaba porque se la estaban montando a su pelao y no se lo estaban reconociendo.

Mientras, nosotros ahí, todos pendientes de la pelea que se desarrollaba en la puerta del salón, porque Paul se ponía nervioso y se agarraba a llorar en la mitad de los tres adultos y la voz super alzada de su papá.

Todos en el salón pegábamos los ojos en la putería del papá de Paul, la fuerza que hacía el Hermano Antolín para que las cosas volvieran a su cause y en la rabia y el resentimiento del profesor, porque sabía que la había cagado, que Paul lo había desmantelado y tenía que tragarse sus argumentos y su impotencia para evitar que las cosas se le empeoraran más a él.

Obviamente, nosotros felices porque estábamos perdiendo clase y porque veíamos a un papá que tenía el ímpetu de defender a su hijo, por encima del cagado concepto conservador hipócrita que plantea que a la autoridad hay que respetarla por sobre todas las cosas.

Al papá de Paul lo recuerdo siempre con mucho cariño.  Él me enseñó que la autoridad tiene sus límites y que a quien abuse de ella, se le puede confrontar.  Cosa que no hacían nuestros papás convencionales que crecieron bajo el yugo de una religión que adoctrinó y sometió a un pueblo a la costumbre de los abusos del poder, planteando que las sotanas y quien represente la autoridad, antes que cuestionarles su “santidad”, eran ante todo la autoridad.

Chat de WhatsApp.

En un chat de WhatsApp de exalumnos del colegio nos volvimos a encontrar Paul y yo.  La sorpresa de muchos fue que Marcos Velásquez, hijo de familia ganadera, estuviera apoyando a Gustavo Petro, cuando en el colegio hablaba pestes de la guerrilla y de cómo esta estaba arrodillando al país, y a punta de secuestros, abigeato y extorsiones, estaba haciendo su guerra de liberación y reivindicación de los derechos sociales.

Mayor contradicción no podían encontrar los miembros del chat que me advirtieron que todos eran Uribistas y sobre todo, capitalistas.  Obviamente, yo solté la risa y les dije: <<Take it easy, man!>>.

Pasados unos días, comprendí que la visión de muchos de los participantes del chat está provista de una mirada en la que los privilegios de la vida (que no está mal) les nubla la visión objetiva de la realidad de un país que cree que ha vivido en el capitalismo, cuando no ha podido salir del feudalismo (señores y vasallos) administrado por gobiernos gamonalitas (hacendados adinerados, patrones de peones, que ejercen una influencia política y económica abusiva en su comarca y en Colombia, en sus rebaños de votantes).

Muchos piensan que Colombia es un país capitalista, pero no.  Colombia, en tres o cuatro cascos urbanos de ciudades capitales, puede tener unos visos capitalistas, y aunque el comportamiento del consumidor colombiano se desarrolle por la influencia del comercio electrónico como consumidor compulsivo (uno de los rasgos del capitalismo), hoy más que nunca, con el nivel de inflación al alza y la crisis económica que produjo la pandemia del Covid-19, volvemos a la realidad de un país que no es industrial y que gracias al maravilloso aporte del gobierno liberal de Gaviria (1990-1994) que, sin el país estar preparado para una apertura económica, la permitió, contamos con una crisis de insolvencia y flujo de dinero en las calles.

A pesar de que lo real nos está mostrando lo que somos y de querer negar la realidad en la que estamos, hay un sector de la población colombiana que creció dentro de unos privilegios que piensa que todo el país es tal y como ellos lo viven y que los pobres que existen en Colombia, lo son por flojos y porque no quieren trabajar.

Que los obreros y la cantidad de desempleados que no saben para donde pegar, y por eso ahora existe tanto “emprendimiento”, surgen porque no saben ahorrar, o porque malgastan el dinero que consiguen en mujeres, alcohol y llenando el mundo de hijos que engendran más pobreza.

Al estar centrados mis compañeros en su juicioso trabajo de empresarios, que han hecho a pulso algunos de ellos o con el apoyo de su familia, mientras que otros han tomado el testigo del trabajo de sus ancestros y  uno que otro ha sostenido su trabajo asalariado al haber contado con un golpe de suerte (porque en Colombia hay que contar con un golpe de suerte para poder prosperar, o con un padrino político que brinde buena sombra), en el grupo me advirtieron apenas me ingresaron: <<¡Pilas Marcos que aquí no gustamos de zurdos!>>.

Con ello me hicieron entender que la izquierda no es una posición aceptable y que hay un desconocimiento o una negación a una posición crítica de la realidad en la que todo lo que no es derecha en Colombia, es tildado o visto como guerrilla.

Yo no soy guerrillero, soy un intelectual formado en la escuela estructuralista francesa donde se lee a Freud, Marx y a Lacan, Foucault, Lévi-Strauss (estos dos excelentes escritores) y Barthes, entre otros filósofos, antropólogos y sociólogos que hacen uso de su intelecto para pensar y con ello, criticar la realidad social y por ende política, para plantear un mundo más cercano a lo ideal que, a día de hoy, donde la pandemia nos dejó aturdidos y a algunos sin norte al desdibujar las seguridades en las que se movían, tenemos que hablar de una sociedad mesurada.

Hablar de esa sociedad que Alfredo Molano describió en sus trabajos de periodismo testimonial y para muchos pasó inadvertido, así como aún se endiosa a un expresidente que no da cuenta de las masacres que se cometieron en su gobierno (porque las masacres no se hacen solas) y se justifican dichos actos violentos y se niega el dolor de las víctimas y de los inocentes porque, aunque el remedio fue peor que la enfermedad, no importó y sigue sin importar, so pretexto -que no es mentira-, de todo el daño que cometió la guerrilla bajo su consigna revolucionaria atropellando al pueblo y dejándonos a los colombianos una de las sombras más macabras en tanto a dignidad se refiere: el secuestro.

De este modo, no es posible en un mundo empresarial, que solo piensa en producción, costos y rentabilidad, tratar de mostrar las grandes fisuras que tiene el Estado colombiano y como estas incrementan la deuda social que está engendrando el caldo de cultivo de una revuelta civil que clama más que por una igualdad, por unos derechos que no vislumbran en ningún horizonte cercano.

Se podrán imaginar el chat tan controversial después de estar en su mayoría Uribistas endiosando al lobo disfrazado de cordero hablando mal de Petro y dándole rienda suelta a todos sus miedos y a las comparaciones con Venezuela, como argumento a la mano para negar que el país se puede pensar de otra manera y que si un gobierno diferente a Uribe se sienta en el solio del Palacio de Nariño, se acaba la nación y el estado de derecho.

Allí, desde su afán de negar a la contraparte y con el propósito de poder saber algo de lo que se está discutiendo, Paul preguntó: <<Y a todas estas, ¿qué es el socialismo?>>.

¿Qué es el socialismo?

Me comprometí en dar respuesta a esta pregunta espinosa en estos tiempos donde ya no hay un concepto de ideología, sino una afirmación del fin de la historia proclamado por Fukuyama al postular que el capitalismo es el sistema ideológico que cierra la lucha de las ideas y plantea el estilo de vida de una sociedad ideal, según su propio análisis.

Para tratar de dar respuesta a la pregunta de Paul, le recuerdo que su papá combatió las ideas comunistas en Vietnam, que son la antípoda del capitalismo.  Y que el gran temor de todo empresario es que al hablar de socialismo, existe la sombra de la perdida de la propiedad privada, dado que el Estado entra a tomar las riendas del manejo de los bienes y servicios que se le prestan a los ciudadanos.

Allí surge el miedo de que todo se vea empobrecido como en Cuba, sin tener presente que ello se derruyó, a raíz del bloqueo económico de Estados Unidos y las consecuencias de la Guerra Fría (1947-1991) que sobrecogieron a la isla por defender las ideas socialistas, con el agravante de la dictadura de los Castro.

En términos de sistema social, el socialismo está pensado como un sistema en el que la educación es para todos, sin pasar por la estratificación social, lo que implica que el estado proporciona un sistema educativo para que todos los ciudadanos alcancen los niveles de formación más elevados posible, buscando con ello que al haber más preocupación por las letras y tener más herramientas para pensar y dirimir los problemas, la sociedad sea lo menos violenta posible.

De igual modo, el Estado ha de garantizar la salud a partir de la promoción de los buenos hábitos y la prevención de las enfermedades, acompañado de una disciplina deportiva que permita la salud física y cultive la fortaleza mental, garantizando además, una buena y sana alimentación.

Visto así, no hay mayores peros, sin embargo, cuando se entra a mirar el sistema de producción y la política de precios que el Estado sería el encargado de su administración para poder garantizar las políticas de empleo y el reparto de la plus valía entre los ciudadanos, surge el pero que tanto preocupa a una visión del mundo como la que hemos recibido nosotros los nacidos en Colombia en la década del setenta que, gracias a nuestros estilos de vida urbanos, no hemos tenido que padecer la atroz realidad de la Colombia rural, campesina, desplazada, masacrada y desprotegida.

Con ello se busca que la riqueza sea equitativa y que el valor de las cosas no entre en la lógica especulativa del libre mercado que defiende el capitalismo, tratando de generar un bienestar social a favor de todos y no en manos de unos pocos.

Así mi apreciado Paul, groso modo espero haber dado respuesta a tu pregunta, y mi respetado Juan Fernando, espero que entre tanto “humo” esté más claro la disertación que inició en el chat.

TIPS para no sufrir.

  1. Es comprensible el temor que existe ante un cambio de modelo ideológico en nuestra sociedad, sin embargo, es oportuno resaltar que Colombia ha tenido visos capitalistas, pero no ha sido una sociedad capitalista propiamente dicha. Así las cosas, acentuar un modelo social es oportuno para que el trabajo, la producción y el reparto de las tensiones existentes contengan el malestar social que vivimos.
  2. Si Colombia se organiza en función de la producción equitativa y justa, aflorará la riqueza para todos. Como estamos, ya hemos construido un comunismo donde los pobres son comunes y los ricos los mismos de siempre, sin entrar a plantear el desastre que existe en la cloaca del Congreso.
  3. Se habla de la guerrilla y el malestar existente en relación a la negociación de Paz con las FARC y todo lo que quedó pendiente por parte de ella en los acuerdos, pero tampoco se da ejemplo ni respuestas claras a la responsabilidad del Estado en relación a las masacres, los desaparecidos y las muertes selectivas de líderes sociales.
  4. Gustavo Petro fue guerrillero y lo asumió, pero en el gobierno y en el senado hay cualquier cantidad de personas infiltradas que trabajan con grupos al margen de la ley, o son sus jefes o han negociado con ellos para conseguir sus objetivos y no lo asumen. Petro dejó la guerrilla y las armas para dedicarse a la política, del otro lado, mucha crítica a la oposición y mucho silencio cuando se les trata de entreabrir la puerta de sus relaciones oscuras.
  5. El capitalismo está en crisis, tal y como lo expone Robert Reich, exsecretario de Trabajo de EE.UU. Colombia está en crisis y no lo aceptamos. ¿Qué propuestas hace la derecha y el centro camuflado, que también es de derecha pero no se atreve a decirlo, para salvar el capitalismo en un país que no es capitalista en tanto tal?

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El pasado 5 de diciembre se realizaron las elecciones para escoger los Consejos Municipales de Juventud; en este proceso de elección estaban habilitados para votar, 12.282.273 jóvenes entre los 14 y 28 años; jornada electoral en la que participaron 1.275.098 jóvenes; lo que corresponde al 10.38%; donde se observó una abstención del 89.62%; es decir, 11.007.175 jóvenes no tuvieron participación.

Estos resultados evidencian la indiferencia de los jóvenes por los procesos políticos y democráticos; lo que muestra la débil cultura política de la sociedad colombiana que está soportada en la existencia de una generación huérfana y sin liderazgos inspiradores que construyan procesos emancipadores para movilizar idearios sociales y colectivos. Hemos construido un escenario político marcado por la mutua satanización y descalificación del otro, una especie de campo de batalla donde la pretensión es extinguir moralmente al contradictor y, con la idea de que la democracia se construye desde el unanimismo y no desde la pluralidad y la diferencia; ese contexto político, no construye democracia ni cultura política.

En este sentido, la juventud percibe que los problemas del país continúan sin resolver, las oportunidades son escasas y la política se concibió como el espacio de unos pocos; por lo general, los mismos de siempre o sus herederos buscando continuar con sus privilegios y beneficios. A lo anterior, es necesario agregarle las prácticas politiqueras y corruptas que desplazaron la verdadera política.

Este acontecimiento que debió ser una oportunidad para proponer desde la deliberación, propuestas que repensaran el país de manera propositiva con el fin de crear conciencia colectiva acerca de los principales problemas colombianos; con el compromiso de crear cultura política en los jóvenes. Esa es una de las funciones de los partidos políticos; pero, una vez más, queda evidenciado, por qué la crisis de los partidos políticos y la resistencia de los jóvenes por no participar en política y en las decisiones del país.

En consecuencia, a pesar de la abstención de los jóvenes, ellos siguen siendo nuestra responsabilidad social; por tal razón hay que garantizarles un presente digno. No se debe olvidar, que los jóvenes representan la esperanza, su compromiso de marchar y expresarse en las calles con el poder de sus convicciones y argumentos: “se debe llevar al país político representado en sus dirigentes”; a leer esa expresión, se entiende, que es un imperativo moral y social entregarles un país donde puedan construir sus sueños; además, esa expresión juvenil, debe inspirarnos y alimentarnos de optimismo y fe, en especial, a quienes tenemos responsabilidades, porque esa energía, fuerza y rebeldía juvenil significa vida en una sociedad, y cuando esa fuerza exige cambios y transformaciones, el mensaje es claro; el país tiene la fuerza más vivificantes y constructiva que una sociedad puede tener: ¡sus jóvenes! No como sujetos pasivos e indiferentes; sino activos y propositivos.

Por: Marcos Daniel Pineda García

Mañana 13 de diciembre, inicia formalmente la campaña electoral en Colombia, para elegir un nuevo Congreso de la República, el próximo 13 de marzo de 2022.

Aunque muchos podrían dar por hecho mi decisión de ser candidato al Senado, les confieso que siempre tuve dudas de aspirar a un cargo en la rama legislativa, toda vez que he venido haciendo mi carrera pública en el ejecutivo durante doce años, en los cuales he tenido la oportunidad de ocupar cargos que me han permitido trabajar en proyectos de desarrollo territorial, tanto en el Ministerio del Interior, donde me desempeñé como Director de Asuntos Políticos, como en mis dos períodos como alcalde de mi ciudad, Montería, siendo este el mayor honor que he tenido en la vida.

Pero creo que cuando coinciden la formación integral para ejercer una carrera pública, la convicción de trabajar con vocación de servicio y los deseos de cambiar al país, no importa cuál sea la posición que se ocupe, siempre y cuando se den verdaderos resultados. Soy un convencido que el próximo Congreso de la República tendrá la inmensa responsabilidad de liderar las grandes reformas estructurales que el país necesita y exige, como al acceso a la educación superior, al sistema de salud, a la justicia, legalización y acceso a la tierra, un país que le dé la cara al campo, con iniciativas que generen más desarrollo productivo y ofrezcan oportunidades a los jóvenes, y sobre todo, un Congreso que trabaje por las regiones de Colombia.

Todo esto me motivó a presentar mi nombre a consideración de los colombianos, con la ilusión de ocupar una curul en el Senado de la República y desde allí, poner al servicio del país mi experiencia y preparación, para poder liderar iniciativas, proyectos de ley, acciones y gestiones, que permitan el desarrollo de los territorios del país.
Más allá de las funciones constitucionales que tiene un congresista, de legislar y hacer control político, si la oportunidad se me brinda, quiero ser gestor del desarrollo local y defensor a ultranza de la descentralización de Colombia; quiero ser un senador de las regiones, que conozca y entienda las necesidades del país y las pueda sintonizar con las políticas, planes y acciones del Gobierno nacional, para que lleguen traducidas a las regiones en mejoramiento de calidad de vida y de oportunidades para las personas que más lo requieren. El éxito de un país es entender que cada región es diferente y por lo tanto, se debe atender con un enfoque territorial específico.

Cuando me preguntan cuál fue mi mayor logro como alcalde, en los diferentes escenarios a los que he sido invitado a compartir la experiencia de Montería como modelo de buen gobierno, no dudo en responder que más allá de las obras y los indicadores sociales de nuestra gestión, lo más importante de mi paso por este cargo es haber sido un alcalde más de calle que de oficina, más de territorio que de escritorio, que siempre estaba dispuesto a ir, escuchar y abrir espacios de participación ciudadana, para trabajar de la mano con la comunidad.

Por eso, tengo el compromiso de ser un senador de cara a la ciudadanía, que visite los barrios y las veredas, que escuche a la gente, desde los gremios más importantes de la producción hasta a las asociaciones más pequeñas de campesinos, un senador que esté dispuesto a tender puentes, abrir puertas, desenredar nudos y hacer la gestión, para que las regiones tengan en mí una esquina política, como el buen boxeador, y poder llevar resultados a las comunidades.

La vida pública me ha dado grandes retos. Les confieso que cuando aspiré a la alcaldía de Montería por primera vez, amigos cercanos decían que si ganaba, me iba a quemar, por los fracasos de muchos de los que habían ocupado el cargo, y logramos hacer una alcaldía que partió en dos la historia de la ciudad. Luego, la segunda vez que aspiré, me decían lo mismo, por aquello de que las segundas partes no son buenas, y logramos a hacer una administración incluso mejor que la primera.

Ahora, la responsabilidad es mayor. Soy consciente que estoy aspirando a una corporación desacreditada, que me exigirá llegar a hacer algo diferente. El reto hoy es doble: elegirme y destacarme, saliéndome del molde tradicional, rompiendo esquemas, para demostrarle a Colombia que sí se pueden mostrar resultados, lo mismo que ya hicimos en Montería, donde cambiamos la manera de hacer política, la política transformó una ciudad y la ciudad le cambió la vida a la gente. ¡Vamos a trabajar ahora desde el Senado, por un país que vuelva a creer!

Por Marcos Velásquez

No hay que estar de acuerdo con todos los electores, como tampoco hay que ser jueces de los actos de quienes reconocen en la propuesta política que se profesa, una solución, una opción de gobierno o una estrategia de salvación.

Trabajar la política desde la pasión, es arriesgarse a cometer errores.  Ser racional en política es un principio que permite una perspectiva de gobierno que ayuda al gobernante a ser justo.  Este principio inicia en la campaña, porque de no contar con él, cuando se necesite, puede ser demasiado tarde.

El Pacto Histórico está en campaña.

No se hacen pactos entre iguales.  Pretender hacer un pacto entre dos personas que piensen igual, es construir una logia de mutuo elogio.

Un pacto o “acuerdo entre personas o entidades, en el que se obligan a cumplir alguna cosa”, permite romper el peligroso estado de idealización en el que se cae cuando la admiración absoluta nubla la sensatez ante los hechos.

Pensar en Luis Pérez en una campaña política que tiene en su estructura ideológica la definición de Pacto Histórico: “es política de vida”, tal y como lo expone Gustavo Petro, es tener coherencia en el discurso, más allá de los ideales de maximización de “nosotros somos los buenos y los otros son los malos”, dado que así es como se construye el nazismo, la doctrina política nacionalista, racista y totalitaria que socarronamente se ha utilizado en otras campañas y en el gobierno colombiano.

La historia que enloda o humaniza a Pérez, según la óptica con la que se mire, es la misma que le permite hacer parte del pacto, dado que en su esencia, el pacto busca un acuerdo de política de vida que ayude a resarcir y reconocer a las víctimas de la Operación Orión.

En Colombia se necesita un cambio.

Idealizar la bondad en política (“nosotros somos los buenos”), es caer en el peligroso juego de desconocer que se gobierna para todos.

En política, tanto los “buenos” como los “malos” hacen parte de quienes eligen.  Por ello, tener presente dicho real, permite de modo objetivo comprender que para gobernar y llegar al solio que instala el gobierno, se necesita la concurrencia de muchos ciudadanos, hasta los que en ocasión, no hacen parte de los principios ideológicos que se profesan en un partido.

La política es cruda.  En Colombia se necesita un cambio, que solo se puede lograr, si se hace entender a quien le teme al mismo, que lo necesita.

El cambio de estilo de pensar en el poder proporcionará las herramientas para la construcción de una Colombia que desconoce la paz, la equidad, la justicia social y los principios básicos de la democracia.

El Pacto Histórico está en campaña, en el momento de la seducción.  Por tanto, hay que estar abiertos a coaliciones y acuerdos que permitan esbozar la nueva Colombia que necesitamos.  Esto implica una posición racional que permita comprender que solo desde el poder se puede gobernar porque, si se piensa desde la perspectiva de lo moral, es más fácil que quien infunde miedo, temor y genera terror, continúe con sus prácticas feudales y gamonalistas coaccionando a quienes les han votado.

TIPS para no sufrir.

  1. Idealizar a las personas que pueden hacer parte de un grupo político o de un pacto de gobierno, es arriesgarse a construir de modo inconsciente una nueva idea nazi, con un nombre diferente, en otro escenario, que puede repetir la historia de terror a la que se le huye.
  2. En campaña se está en el momento de la seducción, no en la posición de juzgar o negar a quien puede, desde su experiencia (loable o no), aportar elementos para transformar la historia que no se quiere repetir.
  3. Es más oportuno ser éticos que moralistas. Los moralistas terminan señalando, juzgando, excluyendo y condenando a quienes no son como ellos exigen que se tiene que ser.  La ética enseña con humildad que cada quien, en su momento, ha de responder por sus actos.
  4. No se ha de perder el norte: se trata de un Pacto Histórico, de un nuevo estilo de gobierno centrado en una política de vida.

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Por Jairo Torres Oviedo*

La mesa de gobernabilidad y paz del Sistema Universitario Estatal -SUE, bajo la coordinación académica de la Universidad de Antioquia y, con el apoyo de la Universidad Francisco de Paula Santander; realizó el 24 y 26 de noviembre el V Encuentro Nacional de Evaluación de la Implementación del Acuerdo de Paz.

Reconocemos como logros de particular interés, la dejación de armas, la transformación de las FARC en partido político con representación en el Congreso, el estatuto de la oposición, la instalación y puesta en marcha del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y no Repetición; al igual que, la prórroga de la Ley de víctimas por diez años. Resaltamos la importancia de la reciente declaración de la Corte Penal Internacional y el Gobierno nacional a  través de la cual, este se comprometió a garantizar el trabajo de la Jurisdicción Especial para la Paz – JEP. Destacamos el trabajo general de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad y, en particular, sus esfuerzos por disponer de informes que den cuenta del impacto del conflicto armado en las universidades públicas.

Constatamos que, al tiempo de los progresos mencionados, la implementación del Acuerdo presenta retrasos e incumplimientos, entre otros, en materia de reforma rural integral (según la Contraloría en 2020 solo se habían entregado un poco más de 8 mil hectáreas de las 3 millones que contempla dicho acuerdo) como compromiso de la superación de la pobreza extrema; tampoco se

registran avances en materia de la reforma política integral, (propuesta por la Comisión Electoral Especial presentada desde 2017); tampoco se ha progresado en el proyecto de una ley estatutaria de fortalecimiento de las organizaciones de la sociedad civil. Reconocemos la crisis en la política de sustitución de cultivos ilícitos y la precaria ejecución de los Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial.

Coincidimos en que la principal amenaza para la implementación del Acuerdo de Paz es el progresivo derrumbe de la seguridad en las regiones. Desde 2017 ya suman 294 asesinatos de excombatientes.

En consecuencia, desde el SUE proponemos: Fortalecer las ofertas académicas de formación y capacitación para excombatientes de las FARC y para la población víctima del conflicto armado; brindar apoyo académico para acompañar, desde diferentes áreas del conocimiento, iniciativas y proyectos propios del Plan Marco de Implementación del Acuerdo de Paz. Avanzar en la construcción y el fortalecimiento de alianzas de cooperación académica para atender los compromisos educativos derivados del Acuerdo de Paz; incentivar prácticas y pasantías en sectores rurales en las que estudiantes y docentes aporten a la construcción de paz; recomendar al Gobierno nacional y a los gobiernos territoriales prestar particular apoyo a los proyectos productivos y de emprendimientos concertados en los municipios PDET; defender la necesidad de que las campañas electorales en curso, tanto a Congreso como a Presidencia, incorporen en sus programas, la defensa de la implementación del Acuerdo de Paz. Las universidades públicas colombianas continuaremos atendiendo nuestras responsabilidades con la democracia, la reconciliación y la convivencia pacífica de cara al país y a la comunidad internacional.

*Rector de la Universidad de Córdoba

Por: Marcos Daniel Pineda García

La vecina que corre cargando una maleta a medianoche, vecinos que se abrazan, se besan y carcajean como si fueran familia, niños que convierten la calle en un parque lleno de bicicletas azules y rosadas con lazos y cornetas, patinetas, carritos y muñecas. ¡Llegó diciembre! El mes que reúne las más alegres y extrañas tradiciones colombianas de Navidad y fin de año.

Las celebraciones comienzan oficialmente el día siete del mes 12, con la Noche de las Velitas, en la que se conmemora el Día de la Inmaculada Concepción, y se convierte en un emotivo momento para que las familias se reúnan entorno las velas de colores. Es uno de los días favoritos de los niños y quizá uno de los pocos en que se encienden velas, sin que se haya ido la luz. Nunca falta el grupo de adolescentes que reúne las cera derretida para hacer el peligroso “chicharrón con pelo” o “llamarada del Diablo”, como le dicen en otras regiones del país.

El 16 de diciembre empiezan las Novenas de Aguinaldo, celebración única de los colombianos. Noche tras noche, todos se reúnen alrededor del pesebre, para rezar en medio de villancicos, natilla y buñuelos. Recuerdo que de niño, mi parte favorita de la novena era cuando comenzábamos a cantar: “ven a nuestras almas, Jesús ven, ven, ven, ven”, significaba que la comilona ya estaba cerca.

Cuando por fin llega la Navidad, y mientras los adultos se reúnen en sus casas a departir y esperar la cena, normalmente compuesta por pavo, pernil de cerdo o arroz con pollo, entre muchas más opciones culinarias, los jóvenes brincan de una fiesta a otra y los niños, esperan con ansias que sean las 12 de la noche, para recibir los regalos que trae el Niño Dios. El júbilo se apodera hasta de aquellos no tan creyentes, que como casi todo el mundo, lucen su pinta nueva, solo por si acaso.

Con el muñeco de año viejo ya armado, que a menudo viste el pantalón, la camisa y el sombrero que ya desechó el abuelo, llega el 31 de diciembre. La fiesta reúne a familias enteras. Nunca falta el tío borracho o los parientes que vienen de lejos y a los que se les improvisa cama en la mitad de la sala.

Esta vez, el estrene incluye morunos y pantaloncillos amarillos para la prosperidad o rojos para el amor. Algunos se llenan el bolsillo con lentejas para atraer dinero y como mencioné antes, hay quienes salen arrastrando una maleta llena de ropa, para viajar mucho durante el año venidero. Todo esto luego el abrazo colectivo del barrio, deseando un feliz año y la quema del año viejo, que simboliza dejar atrás todo lo malo del año que se termina. No pueden faltar las 12 uvas, una por cada mes del año nuevo y cada una de las cuales simboliza un deseo o propósito.

Este diciembre, además de revivir todas esas costumbres que hacen de la colombiana una Navidad única, los invito a vivir el mes más bonito del año en unidad familiar, con alegría y responsabilidad cívica. Seamos agradecidos por la vida y la salud y pidamos a Dios por las miles de familias que perdieron a sus seres queridos.

Por Marcos Velásquez.

Gustavo Petro fue entrevistado el pasado 21 de noviembre por Armando Neira, editor político de El Tiempo.  Allí, Petro planteó dos posiciones claras, abiertas y progresistas dentro de su plan de gobierno, una vez empiece su mandato el 8 de agosto de 2022.

Me permito esclarecer lo que Petro habló, dado que una de las estrategias que se está utilizando para desviar la atención del elector, es generar confusión alrededor de las palabras y las propuestas que él expone.

De modo particular, cuando no han podido generar controversia ante la contundente, clara y abierta posición de su proyecto político, se están amañando en la ironía y en la exaltación mal intencionada de su saber y conocimiento, para generar distracción y dudas al no estar a la altura del debate y las propuestas del contendor.

Qué dijo Petro sobre la Contratación de EXPLORACIÓN de petróleo.

Gustavo Petro, expuso que en su gobierno tomará medidas de tipo económico para encausar al país en una visión progresista que permita la transición hacia las exigencias necesarias dentro del debate global de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) en Glasgow y la construcción de la paz.

Planteó que <<cesa la contratación de exploración de petróleo en Colombia, para ir hacia una economía productiva, no extractivita, que preparará una transición tranquila pero segura>>.

Petro se refirió a la contratación de exploración de petróleo, lo que quiere decir que a partir del 8 de agosto de 2022, los contratos vigentes en esa área tendrán que culminar y una vez finalice su objeto contractual, no se renovarán ni habrá más exploraciones.  Esto implica que Colombia será un país que respeta las medidas de la COP26 e inicia una adaptación necesaria para entrar al sistema de generación de energías limpias.

Neira indagó en su entrevista por el valor de las acciones de Ecopetrol y los intereses económicos de sus accionistas, quienes ven con malos ojos esta decisión.

Al tener una mirada cortoplacista del valor de las acciones de Ecopetrol, Gustavo Petro respondió que <<si Ecopetrol sigue pensando en petróleo, las acciones van a cero [mientras que nosotros hemos propuesto que] Ecopetrol sea la gran generadora de energías limpias de Colombia y de América Latina, [ello implica que] sus inversiones, hechas en el pasado, crecerán>>.

De otro modo, para quien no está en la lógica del Cambio Climático y sus consecuencias irreversibles a nivel global, si no se toman las medidas apropiadas lo antes posible, pensar en el petróleo o en las fuentes extractivas de energía es la única alternativa, dado que miran el panorama económico y del ecosistema a través del espejo retrovisor, ya que de este modo les ha funcionado la economía que les ha brindado su estabilidad financiera hasta el momento.

Sin embargo, comprender la realidad y aceptar la adaptación (que no es fácil este real), permite no solo convertir a Ecopetrol en una empresa vanguardista, sino salvar su historia, sus aportes al país, al igual que sus acciones.

Temas álgidos con soluciones concretas: Empleo y Fuerzas Armadas.

Quien no quiera aceptar que en este momento de la historia de Colombia y a raíz de la pandemia y las dinámicas económicas que esta generó a nivel global, existe una crisis en materia de empleo, es porque su egoísmo lo blinda como mecanismo de defensa a comprender la realidad de los demás o porque el miedo a poner en tela de juicio la cosmovisión en la que ha convivido a partir de su nacimiento, hace que niegue una dramática situación que aqueja a las familias del campo y de la ciudad.

Pensando en tan apremiante realidad y comprendiendo que Colombia tiene elementos para dar solución al cuello de botella en el que ha caído el país en materia de empleo a raíz del sistema y la crisis económica global, Petro plantea como estrategia de gobierno <<subir los impuestos a las importaciones de cuatro ramas agrarias e industriales (producción de alimentos en el agro colombiano, transformación industrial de alimentos en Colombia, textiles y confecciones, cueros y confecciones del cuero) para defender la economía nacional y generar millones de puestos de trabajo hacia adelante>>.

Más que una propuesta concreta, viable y sensata, es una decisión de gobierno de cartas abiertas que permite aclarar que se está pensando desde el inicio en soluciones para los campesinos y los ciudadanos.  En una palabra, se piensa en una Colombia empleada que permite una convivencia pacífica.

Por otra parte, Gustavo Petro plantea para las Fuerzas Armadas de Colombia, una visión que les permita convertirse <<en el instrumento estratégico de la seguridad>>, tomando esta como <<seguridad humana, es decir, se mide en vidas.  Según las circunstancias actuales (lucha contra el cambio climático, la defensa de la selva amazónica y el agua de Colombia) implica una profesionalización de las Fuerzas Militares para cumplir estos objetivos>>.

Se reivindica la labor de las Fuerzas Armadas a través de <<la profesionalización de las fuerzas militares>>,  planteando que <<un soldado pueda tener sueldo, pueda hacer carrera militar -si las circunstancias lo permiten, ser General-, sin barreras entre oficiales y soldados, y que pueda tener una educación superior otorgada por el estado a cambio de sus servicios>>.

En otras palabras y sin restarle a sus funciones básicas, más, reconociendo su labor y dignificándolo, se piensa en los integrantes de las Fuerzas Armadas, desde una visión humana que permite construir paz, respeto y equidad en un país que se ha acostumbrado a la guerra, a la zozobra o a la disputa a falta de propuestas, argumentos o soluciones pensadas para el ciudadano.

TIPS para no sufrir.

  1. Cuando no hay discurso ni formación con visión política y de gobierno, la estrategia de ocultar dicho real en el sujeto es atacar. Por ello, en esta campaña electoral, se busca de modo pendenciero bajar el discurso a una pelea, con el objetivo de hacer que la dinámica se centre en lo que dominan y con ello ocultar la falta de formación histórica, filosófica, económica y política que los aborda.
  2. Colombia necesita respuestas concretas a problemas concretos, ello exige pensar de modo reflexivo en el momento histórico en el que se encuentra la humanidad, dado que si no se toman medidas ahora, no habrá otra oportunidad para las futuras generaciones (Esto lo planteo de manera ponderada, no desde una visión apocalíptica o negativa, sino desde el real que implica el futuro de las próximas generaciones de nuestra humanidad y el ecosistema).

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De acuerdo con las proyecciones del DANE y las estadísticas publicadas por el Ministerio de Educación Nacional, en el país, 2.180.170 jóvenes se encontrarían matriculados en programas de pregrado en alguna de las 298 IES, de una población aproximada de 4,2 millones de jóvenes en edad de cursar sus estudios universitarios; lo cual indica, que la cobertura en educación superior para el año 2020 correspondería al 51,58%.

El incremento en el indicador de cobertura estudiantil para pregrado, con base en información tomada del MEN – SNIES, matrícula 2017-2018. Donde se refleja un incremento en la cobertura estudiantil en programas de pre- grado del 57,9% entre los años 2004 y 2017, lo que significa, que las Universidades Oficiales admitieron dentro de sus campus 211.308 estudiantes adicionales de pregrado. Estos datos estadísticos muestran un gran esfuerzo que hacen las universidades oficiales por aumentar cobertura; la demanda de acceso a educación superior pública sigue siendo alta; particularmente en muchas regiones del país; teniendo en cuenta que Bogotá concentra 114 universidades; es decir, el 33% del total de universidades del país. Ciudades como Bogotá, Cali y Medellín tiene el 52% del total de la oferta educativa superior. Es decir, el centro del país posee la mayor cobertura en educación superior; lo anterior, en contraste con lo que sucede en muchas regiones de Colombia, en la que, departamentos como Vichada, Guainía y Vaupés no tienen universidades y los departamentos más afectados por el conflicto armado solo tienen entre 1 y 3 universidades.

En consecuencia, es impostergable incrementar cobertura universitaria pública; en especial, en regiones como el Caribe colombiano, Amazonía y el Pacifico; donde la presencia del Estado ha sido débil. El tema de cobertura en educación superior es un problema estructural que afecta a los jóvenes pobres de Colombia; a quienes se les vulnera el acceso a un derecho fundamental y la posibilidad de generar movilidad social. En este sentido, el Departamento de Córdoba requiere de una política pública urgente y, que garantice el derecho a la educación superior. En Córdoba, de cada 100 jóvenes que finalizan la secundaria; solo 23 ingresan a la universidad; lo que representa una cobertura del 23%; cuando la media nacional está en el 50.77%.

Por lo anterior, desde la rectoría de la Universidad de Córdoba hemos propuesto la regionalización de la Universidad; que permita llevar la universidad a cada subregión del departamento, con la finalidad de que miles de jóvenes ingresen a la educación superior pública y de calidad. Esta propuesta, la reiteramos nuevamente para el debate ciudadano; lo que constituye, un tema central en la agenda pública de desarrollo; pero, además; con la voluntad política de la institucionalidad; esperamos escuchar la posición de quienes aspiran al congreso.

Hacer posible el acceso a la educación superior significa construir justicia social, en una sociedad donde la juventud ha sido una especie de ejército de reserva para la guerra.

Por: Marcos Daniel Pineda García

Los sueños se consiguen pensando en grande y mirando lejos, nunca me cansaré de repetirlo. Visionar grandes proyectos que nos parecen difíciles hoy, es el primer paso para hacerlos realidad en el mañana.

Uno de los tantos sueños que siempre he tenido para Córdoba, es la creación del área metropolitana Montería-Cereté, que también incluya los municipios de San Carlos, San Pelayo y Ciénaga de Oro. En el pasado hemos tenido algunos intentos fallidos de llevar a cabo esta iniciativa, que no llegaron a materializarse por falta de voluntad política de otros actores.

Este es un proyecto al que no debemos renunciar, no se puede echar al olvido, porque su consolidación se traduciría en enormes ventajas y bondades para los cinco municipios. Para hacerlo posible necesitamos voluntades compartidas, además de tener muy clara la importancia de la planificación equilibrada del territorio, fundamento primordial sobre el que se debe cimentar cualquier iniciativa de desarrollo sostenible.

La Ley 1625 de 2013 (Ley de Áreas Metropolitanas), utiliza un término que me gusta mucho: “territorios amigos”. Los municipios que las conforman trabajan juntos en problemas comunes, para hacer más eficiente la gestión, dinamizar la integración y armonizar el crecimiento económico y urbano de toda el área.

Generación de oportunidades de empleo con la atracción de inversión pública y privada, producción de bienes y servicios, creación de agroindustrias, fortalecimiento de la seguridad, mejor movilidad con tarifas únicas de transporte público integrado y mayor capacidad de gestión de recursos, son solo algunas de las posibilidades que pueden abrirse con la conformación de un área metropolitana, que condense en su interior una oferta transversal para satisfacer las necesidades de sus habitantes.

La educación y la salud, deben ser también prioridades en el marco de esta oferta. Pensemos en una Universidad Metropolitana, ubicada estratégicamente en Cereté, como punto intermedio del área para facilitar el desplazamiento de jóvenes de todos los municipios de la región. Por supuesto, es un proyecto que necesitaría el apoyo financiero de los cinco municipios, la Gobernación de Córdoba y el Gobierno nacional, con el fin de ampliar la cobertura de la educación superior técnica, tecnológica y profesional en nuestro departamento.

En materia de salud, podríamos ampliar y renovar el destartalado Hospital Sandiego de Cereté, para convertirlo en un Hospital Metropolitano, que ofrezca servicios de alta calidad. ¡Déjenme seguir mirando lejos! A partir de la conformación de un área metropolitana, podemos pensar en macroproyectos como un tren de cercanías, que permita la conexión entre los cinco municipios de manera rápida, económica y amigable con el ambiente, tal como se ha implementado desde hace muchos años a lo largo y ancho del mundo. También la construcción de un centro de alto rendimiento para la formación de deportistas, con sede en Montería, pero que beneficie a todo el departamento. ¡Son tantos sueños que podemos alcanzar!

¿Se imaginan todo lo que podríamos lograr trabajando juntos, como municipios hermanos, para hacer realidad este sueño?

Me permito exponer una visión de la crisis en la que se encuentra Colombia en este momento y que, a falta de una posición objetiva en el debate político, acompañada de una incapacidad de discurso propositivo, pacificador y que permita anudar el lazo social a través de enfrentar un problema que pasó de una fisura a resquebrajar la estructura del sistema capitalista, se ha centrado en atacar al pacto histórico y a Gustavo Petro.

¿Cómo se entiende la inflación?

 La inflación se siente cuando se va a tanquear el carro o la moto.  Ahí se comprende el concepto que la teoría económica plantea, a groso modo, como <<el aumento generalizado y sostenido de los precios de los bienes y servicios existentes en el mercado durante un período de tiempo>>.

Quien tanquea su vehículo, no necesita un tratado económico en ese instante, para comprender que si tanqueaba su carro, por ejemplo,  con cien mil pesos la semana pasada y le quedaba lleno, en el presente esa misma cantidad de dinero no le alcanza para llenar el tanque como ayer.  Los cien mil pesos hoy, solo le hacen ¾ de tanque.

Si la persona es consciente y sensata se percata que el dinero que produce ya no le alcanza para lo que necesita porque los precios están más altos y ella sigue ganando igual que antes.  En otras palabras, mientras la persona trabaja y recibe el mismo valor salarial por su trabajo, los precios en el mercado han subido y con lo que antes compraba algo, en el presente ya no le alcanza para comprar la misma cantidad.

Una reacción honesta a la situación, para enfrentar el fenómeno y no perder la calidad de vida a la cual se ha acostumbrado la persona es, o dejar algunas prácticas de consumo que de modo crítico ya no serían “tan necesarias”, o por el contrario, exigirse a trabajar más para ganar más y poder seguir consumiendo como lo ha venido haciendo.

Esta última acción funciona siempre y cuando en el mercado haya la posibilidad de conseguir dentro de la oferta laboral otro trabajo o un trabajo en el que pueda ganar más que en el que está en ese momento.  O dentro de la oferta de los bienes y servicios, consumidores que estén dispuestos a comprar más cosas de las que regularmente compran.

La situación se pone espinosa en el momento en que la persona que está buscando soluciones a la situación de “todo más caro y el dinero no alcanza”, se percata de que en el mercado laboral, por el contrario, las empresas están despidiendo empleados y en el mercado, los diversos consumidores están reduciendo sus compras, se están “apretando el cinturón”, por la presión real de la imposibilidad de seguir consumiendo como antes lo hacían por falta de dinero.

El bienestar y el sostenimiento del sistema.

 Para principios del siglo XX se había trazado una visión global del manejo de la economía.  Los intereses del Capital en manos de bancos y aseguradoras tenían claro que la máquina que aceita el motor del capitalismo es la deuda, y que esta funciona en la medida en que hay trabajo para el grueso de la población.

Ello estimula a que quien tenga poder adquisitivo (quien reciba dinero fruto de su trabajo o de su actividad comercial), para que como cliente útil a los intereses de los bancos o de las aseguradoras, a través de la seguridad financiera en el contrato mercantil que se teje, el cual está soportado en que quien percibe un salario o tiene dinero, difiera, según el banco o las políticas contractuales de las aseguradoras, en el tiempo, la deuda que adquiere a un “porcentaje razonable” y pueda utilizar el servicio ofrecido, una vez evaluada su capacidad de pago.

De este modo, el banco gana dinero con el pago de los intereses de quien presta, para adquirir el bien o servicio que necesita.  El prestamista, por el contrario, pone su salario o su dinero, el cual no le alcanza para adquirir en el momento lo que quiere, al servicio de la deuda que es la ganancia del banco, quien tiene claro que hace dinero con el trabajo de otro.

Si de las aseguradoras hablamos, ellas prometen al momento de ofrecer el seguro, la seguridad imaginaria de quien de buena fe se apalanca en quien dice le va a cubrir lo que él teme perder, pero al momento de entrar a resolver quien pagó la póliza de seguros su perdida, descubre que la aseguradora se ha blindado en la letra pequeña para pagar lo que a ella le conviene y no lo que él esperanzadamente pensaba iba a tener cubierto.

Esta dinámica del flujo del dinero funciona siempre y cuando todo dentro de una sociedad fluya.  Sin embargo, las sociedades, al ser entes vivientes, están sometidas a cambios, desequilibrios y movimientos propios de la interacción de quienes hacen parte de ellas.  Esto produce tensiones que se reflejan en el dinero, la adquisición de bienes y servicios y en el comportamiento psicológico de los ciudadanos.

Este sistema que pretendo describir, estaba pensado para un concepto nombrado como clase media o clase obrera trabajadora, que en teoría, era la clase llamada a estar en la mitad de la pirámide y se iba a encargar de sostener la punta de la misma, dado que al tener la facilidad de contar con un salario o dinero fruto de su actividad comercial y poder con este cubrir la falta de sus bienes o servicios a través de las deudas adquiridas, iba, sin notar el malestar que le causa el hecho de trabajar para pagar sus deudas, a sostener el complejo andamiaje del funcionamiento del capitalismo, porque al distraerse con el “bienestar” que le produce la adquisición de lo que él ha conseguido, el hecho de trabajar más no importa, dado que por lo menos disfruta de algo que siente propio.

Es oportuno subrayar que, en dicha distracción, esta clase sostiene los intereses de la punta de la pirámide y en su bolsa, las políticas financieras se apalancan para auxiliar a la base de la pirámide con tal de sostener un mediano equilibrio.

Para explicarme, planteo el caso de quien compra su moto para ir a trabajar.  Aunque la esté pagando, se siente bien porque su movilidad cambió.  O la mujer que frente a una posición subjetiva estima que ponerse una talla de senos mayor a la que la naturaleza le entregó, se permite hacer un préstamo para una cirugía estética.  Ella, antes que pensar en su deuda, disfruta cómo subjetivamente su imaginario cambió y cómo su modo de relacionarse con los otros ahora es mejor porque ella, en sí misma, se siente más segura, hecho que le permite pensar que la deuda adquirida es nada, en relación a su ganancia subjetiva.

Así las cosas, hay una ganancia ante la exigencia de invertir en algo que no se tiene y, tal y como está concebido el sistema, se construyó el imaginario de que todo era posible, siempre y cuando el préstamo fuera aprobado.  En otras palabras, el bienestar y su búsqueda se convirtió en la carnada para que cada quien entrara en la dinámica del sostenimiento del sistema.

Una percepción de la realidad del mercado.

 El equilibrio trazado por la sociedad que era funcional en el siglo XX, se empieza a desdibujar en el momento en que la tecnología inicia la apropiación del sistema por un lado y cuando la misma dinámica de la deuda hace que el capital se concentre de modo inequitativo cada vez más en la punta de la pirámide, hecho que paradójicamente decoloró el concepto trazado y nombrado como clase media.

La tecnología subvirtió el concepto de producción.  Hizo que todo fuera más veloz, más inmediato y más desechable.  Lo cual se torna en un problema para la clase media trabajadora, quien al enfrentarse a la tecnología, pierde el dominio que creía tener sobre la mecanización.  Se desploma la industrialización al momento en que pasamos a finales del siglo XX a la digitalización.

Hoy los trabajos son más exigentes en capacitación virtual y dominio de herramientas propias de este universo.  Pensar, razonar o proponer alternativas de hacer las cosas, es cada vez menos posible.  La digitalización ha sido más voraz que la máquina al remplazar al hombre por el sistema en todos los niveles laborales, sean estos profesionales o técnicos.

Se plantea, en función de la producción, mediciones por resultados puntuales, lo que hace excluyente al gran grueso de la población en edad de producción en la medida que son muy pocos los que están a la altura de las circunstancias de las demandas de este nuevo mercado laboral.

Consecuencia de ello, la clase media o clase obrera trabajadora ha ido engrosando el nivel de la base de la pirámide.  Tanto profesionales, como técnicos y obreros, hoy son tratados en sus trabajos como obreros.  Pocos privilegios, máxima exigencia en los resultados de su productividad y mayor riesgo de exclusión por la edad o por la falta de capacitación continua.

El efecto de esto es que tanto profesionales, como técnicos y obreros entraron en la dinámica del préstamo por fuera de los bancos, al ver que los bancos revaluaron sus políticas de prestamos al tasar los niveles de ingresos y los estilos de vida (también reconocidos como niveles de consumo en función del poder adquisitivo), donde los intereses de la usura se desbordan en la especulación del préstamo, al punto que si se mira con lupa, esta práctica cada vez más generalizada, se torna en el “cuenta gotas”, conocido y padecido por quien ha tenido que acudir a este.

La coyuntura surge en el momento en que la imposibilidad de sostener la deuda, sea esta con los bancos o con el “cuenta gotas”, a raíz de los fenómenos externos a los que está sometida una sociedad en la que aproximadamente el 30% de la población es obrera (personas que trabajan en el nivel profesional, técnico o asalariado con formación básica), el 67% es autónomo o se encuentra en la informalidad y el 3% hace parte de los accionistas o de los que tienen asegurada su rentabilidad financiera, entra en una falta de flujo de dinero que produce desaceleración en las actividades de los mercados, impagos y falta de flujo de dinero para solventar las dinámicas de consumo a las que se ha acostumbrado la sociedad.

Sumado a ello la crisis a la que nos ha sometido la pandemia, es como si esta hubiera sido la zancadilla que le faltaba a la realidad económica que nos circunda, para terminar de agudizar lo que el neoliberalismo había conseguido con sus políticas de libre mercado, permitiendo que los productos importados tuvieran menor valor que los productos y servicios producidos y ofrecidos por las empresas nacionales y locales.

Si me hago entender, el coctel de desajuste económico en el que se encuentra el país en este momento, más allá de toda la propaganda que se quiera compartir por diversos medios de comunicación y todas las redes sociales, es improcedente cuando usted se permite escuchar a quienes están en el centro del huracán lidiando con la iliquidez, la desaceleración de los mercados y las dificultades para sostener sus puestos de trabajo o encontrar un trabajo que brinde una estabilidad y perdure en el tiempo.

TIPS para no sufrir.

  1. Antes que atacar al Pacto Histórico o a Gustavo Petro, pregúntese políticamente ¿qué se están proponiendo otros candidatos en materia de política social?
  2. Denigrar de quien propone es la mejor forma de ocultar la incapacidad de mostrar un discurso propio, un discurso coherente y unas acciones que apunten a recuperar la estabilidad social a partir del flujo de la economía.
  3. Quién no comprenda la realidad actual del país, difícilmente podrá comprender la necesaria visión progresista que implica pensar en el trabajador, las fuentes de empleo, el manejo de la deuda y los estragos sociales a los que se han llegado con posiciones neoliberales desaforadas al servicio del capital.
  4. Entender que la clase media hoy es la clase obrera y que esta perdió el poder adquisitivo, lo cual hace que la sociedad esté cansada y en su agotamiento viva por sostenerse, nos libera del sofisma de distracción del gobierno actual que quiere hacer creer que todo está bien, que no hay otras formas de afrontar el problema, para salvaguardar los intereses y la estabilidad de quienes en este momento piensan que todo va a seguir igual y que el coletazo del desequilibrio social que se avecina, si no se dan soluciones a lo que está ocurriendo, no los va a afectar.
  5. Necesitamos un pacto histórico, un cambio en la cosmovisión social que permita comprender que Colombia aún hace parte de una sociedad agrícola, en la que la industrialización no tuvo mayor relevancia, mientras la digitalización la ha puesto en jaque, frente a las dinámicas del mercado global y nuestra adaptación en el ámbito laboral a esta.

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