OPINIÓN

Opinión | La corrosión del sistema

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Por Marcos Velásquez.

La crisis financiera del 2008, donde el mercado global tambaleó, causando una iliquidez que, de manera colateral, produjo una crisis alimentaria global que se topó, sin esperarlo, con la pandemia originada por el COVID-19, tiene a día de hoy, en jaque al sistema.

La respuesta de este, a su fase de madurez, donde el consumo de masas empieza a ralentizarse fue, para conseguir la recuperación de la tasa de ganancia, enfocar su objetivo en los costos de la mano de obra, una vez que no pudo ampliar mercados con productos nuevos, al haber inundado el mercado de consumo masivo con las mil y una necesidades que construyó, para fabricar una sociedad que viviera en función del consumo y la deuda.

Ante su imposibilidad de cumplir su propuesta de progreso, inicia el desarrollo de tecnologías de procesos, para permitir ahorrar los costos laborales, acompañado de políticas organizacionales a nivel global, que permiten menores costos salariales, descansados en la liberación de movimientos de personas y capitales, de modo global.

El resultado de esta estrategia fue, el aumento de beneficios para las empresas, gracias al descenso salarial.  Como ejemplo, usted puede ver en las empresas universitarias, en los bancos, en los supermercados o en las clínicas (humanas o veterinarias), cómo los salarios de sus empleados suben muy poco cada año, pero la tasa de ganancia de estas empresas, ni se afecta, ni se deprecia y siempre se aumenta.

La estrategia de una venta de producción con salarios bajos, trajo como incentivo al consumo, renegociar el crédito y generar acceso fácil a nuevos créditos.  De igual modo, el abaratamiento de los bienes de consumo, gracias a las importaciones y la rebaja de la sensación del menor nivel de vida.

El efecto de esta estrategia fue la acumulación de grandes sumas de beneficios para las empresas, al interior de un mundo en crisis, con expectativas bajas de inversión rentable, al cerrarse el ciclo de la sociedad de consumo.

Las empresas obtuvieron beneficios, aumento desenfrenado de dividendos y no tuvieron que invertir en equipos que permitieran el aumento de su producción.

Esto trajo como resultado, un mercado de trabajo a la baja y un incremento en la proletarización de la sociedad.  Paralelo a dicha realidad, el aumento desenfrenado de dividendos de dichas empresas, sostenido por el menor costo salarial, ha conseguido que esas ganancias estén en la búsqueda de acciones, fondos e inmuebles, que permiten la continuidad del crecimiento del capital, dándole la espalda al lazo social.

Metaforizando el drama, nos encontramos en la mitad del océano, sacándole agua con una totuma a una lancha, que se quedó sin combustible.  Sumado a ello, contamos con una inmadurez política en el país que, en pleno siglo XXI, sigue insistiendo en soluciones que resuelven problemas del mundo feudal, que ha dominado a la nación e insiste en su anacrónico continuismo, negando la crisis global que empezamos a transitar.

Si la situación continúa en manos de una política que protege a la empresa y poco piensa en el trabajador, aunque usted se resista a comprender que la corrosión del sistema ya lo está afectando, las consecuencias se harán notar a través de las crisis que están en el tintero, arriesgando la extinción de la humanidad.

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