Opinión | Benditos mercaditos

Opinión | Benditos mercaditos

Por Edelberto José de la Ossa Anaya*

Los corazones de muchos colombianos han sido tocados por la fragilidad de aquellos que por la crisis actual no han podido asegurar diariamente su necesidad alimentaria y que en estos momentos están padeciendo de este flagelo.

Arroz, aceite, atún, azúcar, sal, panela, frijoles, etc… son algunos de los alimentos no perecederos que hacen parte de los mercaditos que se están entregando a lo largo y ancho de nuestro país a esos ciudadanos en estado de necesidad; alcanzan para unos días, o como máximo, para una semana, pero son un gran alivio para las familias que los reciben. Estas acciones demuestran que los colombianos no somos indiferentes a la situación de adversidad del prójimo. ¡Estos mercaditos son una bendición! Y como dicen popularmente, “nos matan el hambre”, así sean una solución momentánea.

Sin embargo, estos benditos mercaditos y la adversidad que padecen miles de familias, hoy en día, no solo en Colombia, sino, en el mundo, han puesto al descubierto la necesidad que existe de replantear hacia donde debemos enfocar la inversión social porque a mediano plazo estas buenas acciones solo quedan en el recuerdo y las familias seguirán desprotegidas.

Haciendo alusión al viejo proverbio chino: “Regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida”; debemos asociar y darle las herramientas suficientes y necesarias a las comunidades para qué aprendan técnicas y empleen tecnologías en proyectos productivos y en actividades que les otorguen auto-sostenimiento, El estado debe direccionar el gasto público para estos objetivos.

Ahora bien, así como para unos son benditos, dulces y esperanzadores, para otros se han convertido en un trago amargo, y específicamente, hago referencia al sector opuesto al privado, en virtud del cual, quienes ejecutan el gasto, por presuntos sobrecostos en los benditos mercaditos, han tenido que verse envueltos en investigaciones de tipo disciplinario, fiscal y penal.

Los entes de control han puesto la lupa sobre todas estas contrataciones estatales, las cuales amparadas en el estado de emergencia económico, social y ecológico, decretado por el presidente de la república, se les ha facilitado la selección de los contratistas, sin embargo, las oficinas de contratación del gobierno, supuestamente, han cometidos errores en las cotizaciones e incurrido en sobrecostos de los bienes objeto de los contratos: los benditos mercaditos.

En el sector público no basta con tener buenas intenciones; las formas y las influencias externas, en muchas ocasiones, convierten una buena política pública en 12 años de inhabilidad para ejercer cargos públicos.

La historia le agradecerá a todos los que han tenido la voluntad de contribuir con la causa, sin embargo, y seguramente, colocará en un lugar especial a aquellos que tengan un mayor sentido social y nos enseñen a pescar.

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