Opinión | El país de los extremos

Opinión | El país de los extremos

Por: Juan Carlos Castilla Cruz*

Una vez más el país se divide entre buenos y malos, ahora dependiendo de si se apoya o no el paro nacional, y es que lo importante al parecer es graduar de enemigo a todo aquel que piense distinto, como si se tuviera el derecho fundamental a imponer ideologías y puntos de vista sobre el resto de la humanidad.

Lo grave del asunto es que se reclaman y exigen derechos y prebendas al tiempo que se vulneran derechos ajenos, pues no es admisible atentar contra la vida, bienes y honra de los demás con tal de satisfacer pretensiones personales o colectivas. Hemos llegado al absurdo de reclamar un mejor país destruyendo el que tenemos, como si se tratara de edificar sobre los escombros y ruinas cueste lo que cueste.

Así, son incontables los contrasentidos que vemos a diario, reclamamos libertad de expresión censurando la de todo aquel que no piense igual; pedimos a gritos que se nos respete la vida atentando al mismo tiempo contra la de otros; exigimos empleo digno destruyendo la ya maltrecha industria; y así, son numerosas las paradojas en macondo. Y para colmo de males, hemos caído en el campo de las generalizaciones, al punto de señalar con premura irresponsable que todos los manifestantes son vándalos o que todos los miembros de la fuerza pública son delincuentes.

Lo anterior es sin duda alguna el eterno círculo vicioso en el que se ha movido Colombia, el cual consiste en dividir a su población entre dos posturas para conservar los privilegios que otorga el poder, empezamos por una división entre centralistas y federalistas, seguimos con la pugna entre liberales y conservadores, continuamos con amigos y enemigos de la paz, y recientemente con uribistas y petristas; con el agravante de que ahora, sin asomo de vergüenza, se construyen verdades a punta de mentiras.

Lo importante es entender que un mejor país lo construimos entre todos, independientemente de las ideologías y posturas políticas, pues lo relevante es que se creen las condiciones para que sus habitantes satisfagan las necesidades primarias de salud, educación, empleo, vejez digna, entre otras; sin distracciones, pues más importante que tener la razón es encontrar consensos.

El paro nacional sin duda alguna es justificado, entiendo el malestar, la rabia que se siente en un país que se precia de ser uno de los más desiguales del mundo, ocupamos el deshonroso según lugar en América Latina después de Brasil, según el índice de Ginni. Pero la respuesta a ello no puede reducirse a atentar contra el sistema productivo, debe entenderse que la salida está en nuevos liderazgos que desarrollen el precepto constitucional consistente en que el interés general prima sobre el particular.

Colombia ya no soporta a esos dirigentes que imponen normas que atenta contra los intereses de la sociedad en general, y después la increpan como diciendo ¿y qué va a hacer?. Yo creo que el mensaje es claro en el sentido que el soberano es el pueblo y que ellos son simples servidores de este.

Por último, ojalá el paro no se les haya salido de las manos al comité promotor del mismo -que a estas alturas del paseo no entiendo quién les dio ese mandato ni a quién representan- pues puede generar el efecto contrario al esperado, y es que un gran porcentaje de la sociedad lo rechace y se matricule definitivamente de cara a las próximas elecciones con quienes pretenden deslegitimar la protesta.

Postdata: Dónde están la Procuraduría General de la Nación, la Fiscalía y la Defensoría del Pueblo, no pueden seguir actuando como apéndices del gobierno de turno.

*Abogado

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