Opinión | Más recursos sí, pero no así

Opinión | Más recursos sí, pero no así

Por: Juan Carlos Castilla Cruz*

Colombia en sí misma parece una parodia, una imitación burlesca de esas repúblicas bananeras descritas por García Márquez en El Otoño del Patriarca, o por Vargas Llosa en La Fiesta del Chivo.

El país del Sagrado Corazón, cada vez menos camandulero y al mismo tiempo más superficial, al parecer nunca nos va a dejar de sorprender.

Esta tierra macondiana, donde la realidad supera la ficción, parece un chiste mal contado, esos ante los cuales uno no sabe si reír, enfurecer o llorar.

Lo más reciente y que por obvias razones no puede pasar desapercibido, aunque parezca de poca monta, es la afirmación del Ministro de Hacienda en el sentido que una docena de huevos cuesta mil ochocientos pesos. Ello evidencia un aterrador y vergonzoso desconocimiento de las realidades sociales y económicas del país, una total desconexión con la cotidianidad de quienes pretende gobernar, lo que le impide tener un poco de empatía. Pero bueno, esto no es nuevo, hace algunos años sostuvo que el salario mínimo de los colombianos era “ridículamente” alto. Lo grave del asunto, es que su manifestación evidencia que carece de algo tan básico para gobernar o tomar decisiones en una sociedad, como lo es el conocimiento de esta.

Lo anterior adquiere mayor relevancia en esta época de pandemia en la que el gobierno Nacional y en especial el Ministro, presentan una reforma tributaria para aprobación del Congreso de la República, argumentando falta de recursos como consecuencia de la pandemia. Lo que puede resultar cierto, pero al mismo tiempo contradictorio e indignante, pues a la vez que se pide soportar una mayor carga tributaria, se incurre en gastos innecesarios como la compra de aviones militares por catorce billones de pesos y la inversión de seis mil millones en un programa de televisión que nadie ve.

Aunado a lo anterior, se insiste en la perpetuación de prebendas y beneficios para una clase gobernante que no se ha enterado que su razón de ser es servir al pueblo, y no aprovecharse de este para incrementar su patrimonio y privilegios, como si de una monarquía se tratara. A gritos se pide el recorte de los gastos burocráticos, como lo son los altos sueldos, los desmedidos gastos de funcionamiento que representan una afrenta para toda la sociedad, pues no tiene razón de ser que el Estado con recursos de los contribuyentes siga por ejemplo pagando planes de celular, vehículos y esquemas de seguridad a funcionarios que en realidad no los necesitan, quienes perfectamente podrían sufragarlos con recursos propios, y de paso se enterarían cuánto cuestan algunos bienes y servicios básicos.

El país no necesita una reforma tributaria, basta con eliminar gastos innecesarios como los mencionados, con recuperar lo que se pierde por la corrupción -no es posible que una entidad como la Contraloría General de la República recupere menos del tres por ciento de los recursos que se apropian los corruptos-, con reducir el Congreso a uno o dos representantes por departamento, con suprimir dependencias innecesarias como la Vicepresidencia de la República y algunas altas consejerías ineficientes, a lo que debe sumarse acciones eficaces contra el contrabando, la evasión y la elusión tributaria, y el remate de bienes incautados a la mafia.

Postdata: El IVA a los servicios públicos es una muestra del desconocimiento del país y de la falta de empatía con sus habitantes, ¡Adiós al aire acondicionado en la Costa Caribe!

*Abogado

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