Opinión | Una reforma tributaria con justicia social

Por Jairo Alvis Cuevas*

Los niveles de pobreza en Colombia son alarmantes, cada vez se profundiza aún más las condiciones angustiantes de las personas que viven en la pobreza absoluta y aún la de aquellos de estratos 2, 3 y hasta 4, que, si bien son menos angustiantes, padecen los sinsabores del sobre endeudamiento, debido a los bajos niveles salariales que recibe la clase media, aún los profesionales. Por esta razón la pobreza en Colombia no está solo en los que viven en los barrios subnormales, está copando gran parte de lo que llaman clase media.

El gobierno de un país con estas condiciones no puede estar pensando en reformas facilistas, impulsadas por los grandes empresarios. El gobierno no puede estar pensando en solo bajar y subir impuestos y menos bajarlo a las empresas y subirlo a las personas de bajos ingresos. Insistir en que esta formula genera mayor empleo y más inversión, raya ya en lo ridículo. Ahí están las experiencias del pasado, se despojó a la clase media y baja de muchas prebendas laborales, derechos adquiridos, se bajaron impuestos y se aumentaron las exenciones a las empresas y no se generó mayor empleo ni se aumentó la inversión.

Una reforma tributaria en Colombia debe ser de avanzada. Bajar los gastos por impuestos a las grandes empresas sí, pero que esa reducción no sea una sencilla y simple baja de tarifa. La reforma debe impulsar la productividad de las empresas, que esa porción de impuesto que se pretende bajar sea vía deducción tributaria por inversión en tecnología comprobable, que genere mayor productividad, lo cual incrementará la producción y por ende la mayor comercialización de los productos generará mayores ingresos a las empresas y a sus dueños. Así, solo así se puede garantizar una mayor producción de las empresas y por ahí mismo nuevos puestos de trabajo.

La reducción del gasto por impuesto de las empresas medianas y pequeñas, podría ser la opción anterior o una tasa impositiva diferencial, para las pequeñas una mayor reducción, para las medianas una menor reducción y para las nuevas empresas asignarles una tasa de impuestos menor que las de las pequeñas empresas para promocionar la creación de nuevas empresas y la formalización de muchos negocios que componen el mercado informal

Si la reforma se hace como la planteó el ministro, el ahorro en impuesto de las empresas, se convierte en mayores dividendos o participaciones de los empresarios y éstos en gastos de consumo personal. Por ningún lado se garantizaría que ese ahorro en impuesto sea invertido y que esa inversión genere más empleos. Esto es engañarse así mismo o solo pagarles el favor a los gremios por el apoyo electoral recibido.

De todas formas, habrá un hueco fiscal que hay que cubrir y no debe ser gravando cada vez sueldos e ingresos más bajos, ni aplicando el IVA a lo productos que componen la canasta familiar, con la promesa de devolverlo a las personas de bajos ingresos. Sabe el ministro que estas personas no van a gestionar la devolución de ese IVA pagado, no tienen ellos la preparación ni la disposición de adelantar ningún trámite al respecto y que ese IVA quedará en manos de las empresas. ¡Esto es un vil atropello!

La evasión fiscal en Colombia es supremamente preocupante, pocas son las medidas que se adoptan para controlarla. El gobierno anterior implementó la facturación electrónica y éste ha sido un gran paso. Indudablemente a la reforma que se haga hay que impregnarle una gran dosis de tecnología de avanzada, que permita consolidar un proceso tributario más seguro, con menos permeabilidad, pues la evasión es de proporciones gigantes, por esto no es entendible que la evasión de impuestos no sea un delito. La DIAN debe crear un bloque de búsqueda de evasores, no conformarse con revisiones aleatorias que no han sido efectivas. Se debe resaltar aún más la labor del Contador Público, para que se convierta en el primer filtro de todo el proceso de revisión y conformen los bloques de búsqueda.

Con un efectivo control a la evasión, se recaudarán los recursos para tapar el hueco fiscal, sin necesidad de afectar mas a las personas de bajos ingresos. Hay que acabar con el dicho de que para qué pagar si se roban todo, tomando medidas anticorrupción, porque la corrupción en el manejo del erario es de las causas que más genera evasión fiscal. Si los impuestos se vieran en obras, salud y educación, en menos pobreza, la evasión no fuera de esas proporciones.

*Consultor – AG Gestores y Consultores de Desarrollo Empresarial- AGecode

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