Opinión | ¿Y los proyectos de ley sociales?

Opinión | ¿Y los proyectos de ley sociales?

En Colombia ha hecho carrera en el Congreso y en el Ejecutivo que los proyectos de Ley de carácter social, es decir, los que benefician a las poblaciones más vulnerables, duermen en sus laureles, engavetados en los escritorios del congreso y presidencia. Son varios los proyectos con toque social que perecen en el olvido deliberado por la falta de voluntad política para impulsarlos.

El proyecto de Pasantías como experiencia laboral, la cual pretende que éstas se tomen como experiencia laboral, con el fin de facilitar que los jóvenes consigan empleos una vez obtengan el título. El proyecto de Transporte Escolar Rural, que busca garantizar la prestación del servicio de transporte escolar en zonas rurales. El de Seguridad Ciudadana, que busca judicializar el tocamiento y el exhibicionismo libidinoso en el transporte público especialmente contra las mujeres. Estos proyectos benefician a la ciudadanía, sin constituirse en ningún subsidio costoso para el estado. ¿Por qué la apatía?

También duermen en las gavetas del olvido el proyecto de Pago a Plazos justos, que busca que las grandes empresas paguen sus facturas de compras máximo a 45 días, para evitar las continuas quiebras de pequeñas y medianas empresas, con pagos que superan los 120 días, dejándolos en una situación de iliquidez casi que permanente. Los beneficiarios de este proyecto no son las poblaciones más vulnerables, sino las pequeñas y medianas empresas, cuyos propietarios son miembros en su mayoría de la clase media, esa que lleva el peso y la carga tributaria y social del país encima. Aunque según el Dane son de clase alta, a la par de los banqueros. ¿Qué tal? Estos que defienden el establecimiento, pero que no hacen parte de esa élite que maneja el país y que todo lo quieren para sí, asfixiándolos con plazos de pagos hasta de 120 días, mientras sus compras las hacen de contado, a 30 o 45 días, generándoles la necesidad de recurrir al endeudamiento bancario o con particulares, haciendo más costosa su operación. ¡La ley del embudo!

La Emergencia Económica y Ecológica le permitió al Presidente legislar, reemplazando al Congreso de la República. Oportunidad de oro para priorizar el gasto en salud pública y combatir la pandemia con todo el rigor necesario y evitar tantas muertes. Pero no, el gobierno no pensó en la gente sino en la economía y con paños de agua tibia afrontó la crisis, ordenó la cuarentena solo por 30 días, la cual hoy se tiende a agravar con un aislamiento disque inteligente y mucho más con los días sin IVA, los días de la recuperación económica de las grandes cadenas de almacenes. ¡Todo para mí!

Los recursos destinados por el gobierno no solo fueron insuficientes, sino que lastimosamente y como suele ocurrir, muchas de las cédulas de ciudadanos beneficiados con estos recursos, resultaron pertenecer a difuntos, los mismos que salen a votar en las elecciones. ¡Cuánto descaro, ni la pandemia se salvó de las mafias de la corrupción! ¡Esa platica se perdió!. Dado que este programa se quedó corto en la cobertura de los hogares realmente afectados por la pandemia, un grupo de 53 senadores de los partidos alternativos, incluyendo sólo dos senadores de Cambio Radical propusieron modificar el Decreto 518 con el fin de lograr una mayor cobertura.

Proponen establecer una renta básica mensual de un salario mínimo, durante 3 meses, esperando beneficiar a unos 7 millones de hogares, unos 30 millones de personas aproximadamente, incluyendo a independientes y trabajadores de micronegocios. El costo de este programa asciende a unos $20 billones, durante los próximos 3 meses, o sea un 2,3% del PIB, porcentaje bastante bajo comparado con las inversiones de otros países en el manejo de la pandemia, como Perú el 9% del PIB; Brasil el 8%; Paraguay el 6% y Chile el 5%. Sin mencionar a países como Japón con el 21% del PIB, seguido por Luxemburgo el 20% y Bélgica el 19%.

El Ministro Carrasquilla y el gobierno nuevamente se oponen a que una iniciativa que beneficia a los pobres surja, manifestaron no estar de acuerdo con la renta básica de emergencia. Por todos es conocido que a este señor le encanta, por algo será, legislar en favor de los grandes capitalistas. Recordemos los famosos bonos de agua. Lo que sí muy malévolamente permitió en plena pandemia fue la liberación del encaje bancario el pasado 14 de abril, buscando inyectar recursos frescos a la Banca para que los irrigaran en la economía, con préstamos a costosas tasas de interés. La liberación de recursos fue del orden de los $9 billones, al reducir el encaje del 11% al 8%. ¡Malévolo!

La insensibilidad social de nuestros gobernantes no para, pero esos son los que el pueblo eligió, sólo toca ir aprendiendo en el camino para que la próxima vez, miremos a los candidatos con otros ojos. En esta emergencia económica un presidente con sensibilidad social, hubiera aprovechado para reformar totalmente, el precario sistema de salud, dotándolo de equipos y de un modelo menos mercantilista que el actual.

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