ESPIRITUALIDAD

Reflexión dominical: ¡Encuéntrese con usted mismo y con Dios!

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Hay muchos que atan sus propias manos con sus formas de actuar. Y no se amaran de manera específica con sogas o cadenas, lo hacen con acciones desenfocadas que los llevan a extraviarse cada día más.

A veces ni siquiera es culpa de ellos, lo que pasa es que se sienten presionados por todo lo que les rodea: no tienen tiempo para descansar, la plata no les alcanza y, en cierta medida, viven atosigados porque la sociedad casi que los obliga a demostrar lo que no son.

El ritmo trepidante de sus vidas, sin siquiera ellos notarlo, los aleja de su mundo interior y los hace olvidar que tienen cinco sentidos y que todos son importantes para reencontrar su propia alma.

¿Hace usted parte de esos hombres que viven atosigados por el día a día?

Debería tener claro que el secreto de la felicidad no radica en conseguir más, sino en desear menos. Además, mejorarse a sí mismo es una ‘empresa’ que suele dar excelentes resultados.

Le recomiendo simplificar su agenda. ¿Cómo? Podría empezar por ser usted mismo: siéntese a repasar su estilo de vida y descubra si esa forma de ser refleja su esencia.

Tómese unos momentos para imaginarse lo sencillo que sería si dejara de fingir y aprendiera a ser tal y como es; es decir, vivir de una forma menos complicada. En ese tiempo que se dé, escúchese a usted mismo.

No le estoy diciendo que se vaya a una montaña o que se aleje de su mundo; solo le planteo que por un instante aprenda a disfrutar del silencio porque, aunque no lo crea, la soledad y la calma, bien empleadas, sanan nuestra vida.

Claro que debe seguir con sus agendas, cumplir los horarios y los objetivos diarios, pero al mismo tiempo sea imaginativo para hacer y disfrutar cosas que nunca ha hecho.

Recuerde, en medio de sus quehaceres, que los pequeños acontecimientos cotidianos son los que conforman su vida. Darle importancia a cada acto emprendido, a cada movimiento realizado y a cada palabra pronunciada, le aportará ilusión y felicidad.

La propuesta es clara: debe dedicar un minuto de su agitado tiempo para pensar en su tranquilidad.

Hay otras tácticas más prácticas, pero no menos importantes, para no vivir amarrado. Usted podrá vivir bien si es capaz de amar y trabajar, sin pensar en quejarse.

Recobre su paz interior y confíe en que Dios le dará sabiduría, claridad y fortaleza para recomponer su estado de ánimo.

Dicho de una manera más directa: ¡Concéntrese en su vida! Viva a través de todos sus sentidos, aproveche el momento presente y deje de estar preocupado por el antes o el después.

También conéctese a Dios. Jamás olvide las posibilidades infinitas que nacen de la fe y utilice esa gracia que ha recibido.

Permita que la presencia del Señor se aloje en su corazón y le dé libertad a su alma. ¡Hágame caso y me cuenta cómo le va!

Por: Euclides Kilô Ardila

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