Crónica | Miguel Durán: “El Pollo Caucano”

Por Bernardo José Rivero Ramos

“Ay, que dolor; ay, que dolor,

me estoy muriendo Dalis por tu amor (Bis).

Mujer bonita, mujer sincera;

me está matando esa chiquilera…..”

La Chiquilera-Pascual Mejía

Hay un decir popular que “cada día uno aprende más”, si se lo propone y esta es la lección que nos deja Miguel Durán. Quiero empezar diciendo que hacía tiempo buscaba despejar algo que me tenía intrigado: el parentesco entre Alejo Durán y Miguel Durán; uno nacido en El Paso (Cesar) y el otro en el corregimiento de Río Viejo, jurisdicción de Caucasia (Antioquia), con una disimilitud geográfica bastante ostensible. Basado en el relato reciente que me dio nuestro protagonista MIGUEL ANTONIO DURÁN OLAYA, conocido como “El Pollo Caucano”, pude despejar mis dudas.

Me cuenta Durán, el del Bajo Cauca, que en unas corralejas de Planeta Rica se topó con el primer rey de la Leyenda Vallenata, a quién quería conocer. Alejo lo invitó a su casa a almorzar. El menú, bastante criollo por cierto, era  ubre de res, en viuda, con yuca y suero atolla buey. Después del exquisito almuerzo, quedaron charlando sin pararse de la mesa y el maestro Alejo abordó el tema. “Hombe, yo quería conocerlo a usted porque la gente no se cansa de preguntarme si ese Miguel Durán que toca es familia mía. Incluso, han llegado a decir,  si era sobrino y hasta hijo mío. Yo quiero que usted me saque de dudas: ¿De dónde depende su apellido Durán? Miguel Durán le explicó que su bisabuelo y su abuelo maternos eran de Uré (Córdoba). Que el bisabuelo emigró hacia el río Cauca y se radicó en Río Viejo, llevándose a su hijo de 12 años, el abuelo de Miguel y allí procrearon la descendencia. Fue criado por sus abuelos maternos, Gumersindo Durán y Atilana Cuevas. Que sus padres fueron Laureano Olaya y Emélida Durán.  En ese instante el maestro le pidió que se parara de la mesa y lo abrazó. “Hombe, usted es familia mía. Mi bisabuelo también era de Uré y se fue pa´ El Paso donde regó el apellido Durán”. Dice Miguel, que Alejo el primer consejo que le dio fue que conservara siempre un estilo propio, que eso había sido lo que lo hizo reconocer como músico. A partir de aquel momento, no solo estrecharon sus nexos familiares, sino, que Miguel Durán procuró perfeccionar su estilo y su carrera musical.

Miguel Durán tiene como fecha de nacimiento el 27 de Octubre de 1.937, en el corregimiento de Rio Viejo, Caucasia (Antioquia). Desde los 8 años empezó a escuchar música de acordeón en una vitrola que tenía una prima, que vendía licores y aprendió a distinguir  intérpretes como Abel Antonio Villa, Luis Enrique Martínez, Alejo Durán, Emiliano Zuleta y Pacho Rada. De estos acordeoneros el que más le gustó fue Abel Antonio Villa. Sin embargo, nunca había visto ese instrumento, que para él tenía un sonido fascinante.  Ni siquiera se lo imaginaba. En cierta ocasión oyó que iba para el pueblito un acordeonero de Palotal (Córdoba), llamado Tito Villa. Le rogó a sus abuelitos que lo llevaran a la fiesta no con el propósito de ver al músico, sino, para conocer el acordeón. Allí empezaron sus sueños de acordeonero.

Aprendió a cantar con su mamá, de quién dice, tenía una voz hermosa y muy afinada para interpretar boleros, rancheras, vals y tangos. Gracias a las alcahueterías de su abuelita, pues el abuelo no quería que fuera músico, en cierta ocasión le pidió que le regalara un ciento de plátano para vendérselo a un lanchero;  en una salida a Caucasia, con ese dinero,  compró una violina. No paró de tocar hasta cuando aprendió a ejecutar bien  este instrumento.

Perseveró en su propósito de ser acordeonista y a base de sacrificios, con su trabajo como labriego, compró su primer instrumento a los 18 años. Sin ningún maestro, aprendió empíricamente, tratando de sacar las notas de Abel Antonio Villa, que le resultaron  demasiado difíciles.

Con dos amigos, uno de ellos se fabricó una caja rudimentaria y el otro una guacharaca de “lata”, armó su primera agrupación que inicialmente amenizaba fiestas en su vecindario, como “velorios” del Santo Cristo de la Expiración y algunas parrandas. Durán  tenía dificultades para ejecutar los bajos, hasta cuando se hizo amigo de un tractorista de apellido Bedoya, quien le enseñó tocarlos a medias. Poco después conoció a un acordeonero a quien llamaban “Marula”, que había llegado al Bajo Cauca proveniente  del Valle, con quien aprendió algunos secretos para la armonización con los bajos. Sin embargo, el conocido compositor Germán Serna, autor de “Sielva María”, atraído por la prosperidad del Bajo Cauca, se había radicado en Guarumo, corregimiento de Caucasia.  Allí Marciano Torres, residente del lugar, le aprendió algunas formas y estilos de ejecutar el acordeón como los del Valle de Upar. Marciano sirvió como “multiplicador” a Miguel. Pero las dificultades persistían, hasta que ofuscado un día por no poder sacar las notas de Abel Antonio Villa y los bajos de la manera y forma como los ejecutaba “Marula” y Serna, lleno de ira, tomó un cuchillo y perforó el fuelle del acordeón. Salió hacia el campo y en las horas de la tarde, cuando se había calmado, regresó un poco apesadumbrado por el daño. Medio arregló el instrumento pero no le funcionó a la perfección. Esta vez el alcahuete fue el abuelo y un día cualquiera le trajo de Caucasia un acordeón nuevo. Todas estas experiencias le despejaron la mente y le permitieron, por fin,  perfeccionar la ejecución de los bajos y a tocar bien el acordeón.

Ya dedicado completamente a la música, llegó a la región del Bajo cauca un sobrino de Luis Enrique Martínez, Enrique Arrieta Martínez, quien cantaba y tocaba acordeón y se unieron para realizar su primera “gira”. Recorrieron Margento, Colorao, Nechi, Guaranda, El Retiro, Barranca de Loba, entre otros y duró más o menos 7 meses. Su compañero, Enrique Arrieta, se consiguió una mujer en Yatí (Bolívar) y se fueron a vivir a Magangué. Pero como “el hombre es fuego, la mujer estopa, llega el diablo y sopla”, la hembra se enamoró de Miguel Antonio y surgieron los problemas. El marido celoso, después de tocar una parranda, con tragos en la cabeza y presa de la ira, se levantó a físicas trompadas con Miguel. Hasta allí llegó la unión, Arrieta dejó a la mujer y se marchó. Para esa época, él era el dueño del acordeón, a Miguel le habían robado su instrumento y quedó varado en Magangué. Ocho meses duró aguantando hambre y dificultades, tratando de rebuscarse la vida, hasta cuando entró a trabajar en un molino de arroz. Con el dinero que ahorró compró un nuevo acordeón y armó conjunto con unos muchachos magangueleños.

Reinició giras y fue a parar a la región del Rio Chicagua. Por esa zona se encontró con Plutarco Urrutia, de Montelíbano (Córdoba), que tenía y tocaba acordeón, se bajaron para la zona de Nechi y allí combinaban la música con la agricultura, cortando arroz. Hasta que tomaron la decisión de irse para Medellín a grabar. Luego de tocar puertas en varias casas disqueras por cerca de un mes, sin lograr su objetivo, se regresaron.

Pero el que persevera alcanza, al poco tiempo volvió a viajar para Medellín, en el año 1.962, con Plutarco en busca de su primera grabación. Esta vez los acompañó Marciano Torres. Mediante gestión del autor de “La Pisinga”, Discos Fuentes les permitió hacer una muestra y luego de superar la prueba  pudieron realizar su primer trabajo musical. Miguel Durán grabó tres cumbias, entre ellas, “Cumbia Jona”, “cumbia Monteriana”, el pasaje “Buen Vaquero” y el paseo “Qué Tormento”. La producción fue lanzada en discos de 78 RPM, con relativo éxito. La “Cumbia Jona”, que no sabe por qué Discos Fuentes le colocó ese nombre, se escuchó bastante en México. A Plutarco Urrutia y a Marciano Torres, de igual manera, les grabaron las canciones que presentaron. Estos temas aparecen en YouTube con el nombre de  “Combo Sampuesano”.

Hace 15 años, gozando de plena lucidez mental, “El Pollo Caucano” le relata al doctor Edward Cortés Uparela, apartes importantes de su vida musical. De esa crónica extracto lo siguiente: “….La realidad fue dura. No pasó nada con el disco y Miguel, desalentado, se fue a ejercer su oficio de agricultor en la región de Uré. Un día que salieron los trabajadores al pueblo, Miguel se sorprendió al escuchar uno de sus discos en una cantina. Les comentó a sus compañeros que era él, pero nadie le creyó.

https://youtu.be/dNH2-4cO894

Después de la cosecha regresó a Caucasia.  Allí se encontró con Cástulo Padilla, guacharaquero, personaje fundamental en la trayectoria de varios músicos, quien lo convidó para probar fortuna en Valledupar.  Ya estaba casado y con dos hijos.  Dejó su familia en casa de su mamá y se marchó para Valledupar, donde se dedicó a su oficio con buena acogida, luego pasó a Maicao donde le fue bien, y aterrizó en Bosconia, donde se hizo conocido por tocar en un sitio donde se expendía licor  y era amplificado por un  “picó”. Ya había indicios de su carisma, porque el sitio se tornó muy concurrido.

Partió luego para el Magdalena y llegó a Fundación, sitio donde se estableció por un tiempo y donde trabó buena relación con sus maestros Luis Enrique y Abel Antonio.

Abel Antonio Villa, su padre musical, le dijo que tenía un estilo que nunca había escuchado y que era muy bonito.  Luis Enrique Martínez confirmó este concepto y ambos le manifestaron lo que él había concluido mucho tiempo atrás: debía conservar su estilo, sin concesiones.  Esa era la clave para el éxito.

A los seis meses de estar en Fundación, sus acompañantes decidieron regresar y él se quedó viviendo algún tiempo en la casa de Abel Antonio, en Pivijay compartiendo parrandas con éste y con Juancho Polo.

Un día, como cualquier músico de su tiempo, se sentó solo en una cantina a tomarse una botella de ron y le vino a la mente la canción que cambiaría su vida: “El Único Remedio”.  Sintió entonces la nostalgia por su familia y por su tierra y regresó donde ellos.  Pero su destino lo buscaba.  En 1969 llegó a Caucasia un tipo cuyo negocio era conseguir músicos que pudieran costearse los gastos de manutención y transporte para grabar en Medellín.  El músico ganaba según las ventas de sus discos.  Miguel aceptó sus condiciones y grabó un sencillo con los temas  “El Único Remedio “ y  “El Curandero” .  Se  iniciaba así, en el año 1970, la época grande de Miguel Durán.  Sus dos temas se escuchaban en todas partes.  Conquistó la región sabanera, que lo reconoció como uno de sus grandes valores artísticos, como hizo con Calixto Ochoa.

Llegó a don Otoniel Cardona, en Medellín, dueño de Discos Victoria,  la noticia del fenómeno de Miguel Durán.  Don Otoniel localizó a Miguel y le propuso, sin conocerlo, la grabación inmediata de un LP.  Grabó entonces Miguel Durán su primer  “Long play”  titulado  “Así Canto Yo”,  en el año 1971.

La acogida fue excelente.  De aquí en adelante la historia es conocida.  Los empresarios de casetas se han cansado de ganar dinero programando a Miguel Durán…”

MIGUEL DURÁN empieza a crecer como músico y como familia. De algunos hermanos que lo acompañaron, pasaron a integrar el conjunto sus hijos, formando una dinastía musical reconocida en el Caribe colombiano. Luego de hacer un tránsito residencial breve en Montería, se radicó en Sincelejo, hace cerca de 20 años.

En cierta ocasión estaba tocando en José Manuel de Altamira, un corregimiento de San Bernardo del Viento, cuando se le presentó un joven, de color moreno, a ofrecerle una canción. Se trataba de Pascual Mejía.  Le cantó varias veces el tema que había titulado LA CHIQUILERA, compuesta a Dalis Espitia,  una hermosa mujer de un pueblito llamado “El CHiquí”, ubicado en esa misma región; Miguel trataba de cogerle el ritmo, inicialmente lo asoció con “El Indio Sinuano”, por las frases cortas y los versos cortaos (Por que esta tierra/ es mi tierra/ Y este cielo/ es mi cielo) y en la CHiquilera (Ay, que dolor/ Ay, que dolor/ me estoy muriendo/ Dalys por tu amor) pero el ritmo no le daba, el “Indio Sinuano” estaba hecho en forma de paseíto y los compases de “La CHiquilera” no encajaban en ese aire musical. Le solicitó al compositor que lo cantara en tarima y acomodando un poco el acompañamiento, el ocasional intérprete la cantó en repetidas ocasiones, por petición del público. Miguel recibió su autorización para grabarla.

Cuando regresó a Montería, lugar de residencia en esos momentos, empezó a darle forma en los ensayos. Le solicitó a sus músicos que crearan algo, entre la percusión y la guacharaca. La creatividad surgió y el tema empezó a montarse armonizando la caja “tapada”, la tumbadora como “caballo cojo” y la guacharaca tocada en ritmo de Chandé.

Ya pulida la canción Miguel Durán salió a amenizar una caseta en “Las Piedras”, municipio de Ciénaga de Oro. Después de haber tocado dos tandas, le anunció al público que iba a interpretar un tema nuevo que tenía preparado para grabar. Tocó “La CHiquilera” y se alborotó la gente a bailar. Cuando termina se le acercó un señor con un billete de $20.000 y le dice, “tóqueme otra vez la “CHiculina” y le dice Miguel, no es la “CHiculina” es la CHiquilera; “bueno, pues, ese mismo”. Y el maestro nuevamente lo interpretó. De inmediato se le acercó otro también con $20.0000  y le pidió el mismo tema. A las 3:00 de la mañana, cuando terminó el compromiso, le surgió un cliente, quien le pidió le tocara una hora más, pero con la misma canción.  Esa persona se lo llevó después del baile para un bar que tenía en Ciénaga de oro y le pagó dos horas, para que le tocara solamente “La CHiquilera”. El tema, aún sin grabar, ya era éxito. Así surgió el aire musical conocido hoy en día como “CHiquilero” que es obra de la dinastía Durán tomada por otros artistas entre ellos Farid Ortiz y “Los Guapachosos del Vallenato”.

Farid Ortiz en una presentación que hizo en el estadio de Sincelejo, ya residenciado el maestro Miguel Durán en esa ciudad, le pidió que le prestara el conguero, su hijo Ever, pero este se negó, por lo que el cantante adoptó el ritmo con sus músicos; aunque dice Miguel que no tiene el mismo sabor Sabanero.

Tiempo después, MIGUEL DURÁN Jr., siguiendo la huella de su progenitor, graba un tremendo éxito, “Mi Camisa Rayá” (2001), creando, además, otro ritmo, “El Fandarengue”. Estos ritmos musicales nuevos, sumados a los aires sabaneros tradicionales, le han permitido a la dinastía Durán ganarse el respeto y la admiración de un público que los sigue respaldando.

Miguel Durán está casado con doña Nidia Benítez, de cuya unión tuvieron 9 hijos, casi todos músicos, Ever, Berley, Miguel, José Luis, Dina, Yonaida, Yoenis, Yorledis y Eliana. Yoenis, quien era cantante y se proyectaba con mucho éxito, tuvo un accidente de tránsito el 10 de Noviembre de 2006, cuando se movilizaba entre Montería y Caucasia, lugar donde le realizarían un homenaje a su padre y a la altura del barrio Palma Soriana, en Planeta Rica, la buseta donde viajaba se volcó aparatosamente;  falleció el 18 de Noviembre de ese mismo año, en la Clínica de Traumas y Fracturas de la ciudad de Montería. El maestro ha tenido dos episodios de isquemia cerebral que ha logrado superar y en el mes de Agosto de este año, sufrió un accidente de tránsito en Sincelejo, donde recibió traumas en diversas partes del cuerpo, de lo cual también logró recuperarse. Tendremos Miguel Durán para rato, “El Pollo Caucano”  ha construido un legado lleno de muchos éxitos entre ellos “El Curandero”, “Cielito”, “El Único Remedio “,  “El Kilómetro 15”, “La Manta Colorá”, “La Morrocoya”, “Palito de Santacruz”, por citar unos pocos y nos ha dejado una dinastía musical en nuestra región, que, a más de los hijos, ya tiene nietos incursionando en este hermoso arte.

Medellín, Noviembre 1° de 2018

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