CULTURA

Cuento policíaco | Los Chulos

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Por: Bernardo José Rivero Ramos*

“…la vida te dar sorpresas,

sorpresas te da la vida; ay, Dios…”

Pedro Navajas – Ruben Blades

En el aeropuerto José María Córdova de  Rionegro (Antioquia), era esperado el cadáver del industrial Luis Fernando Peláez Ardila, fallecido hacia pocas horas en una clínica de la capital de la república. La funeraria encargada de las honras fúnebres había dispuesto de una limosina y un auto adicional para los pocos familiares que habían acudido a su espera. El resto de familiares, amigos y personal de sus empresas, estaban a la guarda en la sede de la entidad exequial. El sepelio estaba fijado dos días después, a efectos de rendirle honores en las instalaciones del Concejo municipal, dada su prestancia y su calidad de benefactor de muchas causas sociales en Medellín.

Al salir el cortejo por la autopista Medellín – Bogotá, repentinamente se les apareció un vehículo tipo furgón, de color blanco, con avisos de una reconocida fábrica de refrescos. El automotor se les atravesó y en una rápida acción, se bajaron 4 personas, fuertemente armadas, con el rostro cubierto, intimidaron a los transportadores y cargaron el ataúd. Con destornilladores pincharon las llantas de la limosina y el vehículo auxiliar y se marcharon con rumbo desconocido, no sin antes apropiarse de sus celulares. La operación no tardó 3 minutos. Era las 9 y 35 de la mañana de aquel 13 de Marzo.

La comitiva no salía del estupor, del miedo y el asombro por aquel intempestivo acto. Era la primera vez que en Colombia se robaban un cadáver sin ser sepultado. Nadie podía  imaginar cuál podría ser su propósito.

Después del asalto, la banda entró a una casa finca de Guarne y trasladó la urna con el muerto a una camioneta pickup con carpa plana y la llevaron a la Funeraria que tenían como fachada, ubicada a pocos metros del lugar donde se iba a velar el conocido personaje.

La noticia inundó los medios de comunicación, pronto empezó a circular en el exterior y se convirtió rápidamente en tendencia  a través de las redes sociales.

Las autoridades iniciaron un operativo para recuperar el cadáver. Se dispuso de un plan candado por las principales vías y poblaciones de la zona, pero los delincuentes desaparecieron misteriosamente. A las 12:00 del día, Carlos Arturo Peláez, hijo mayor del industrial, recibió una llamada a través de un teléfono fijo de la funeraria. Los delincuentes llamaron a esta empresa, le ordenaron a la recepcionista pasar a uno de los familiares del muerto, la empleada informó a Carlos Arturo y el joven respondió la llamada.

-Son dos millones de dólares.

-El cadáver lo entregaremos en lugar y hora que les estaremos señalando.

-Lo estamos preparando para su conservación.

-cómo se yo que no me están engañando, interpeló Carlos Arturo.

-Sencillo, dijo el interlocutor. Deme su número de celular con WhatsApp y le envío una foto del cadáver.

El hijo del empresario accedió. 10 minutos más tarde, tenía en su celular la foto del cuerpo de su padre.

Por lo menos la familia ya sabía que se trataba de un secuestro.

Doña María Estela Restrepo, esposa del empresario fallecido, se reunió con sus tres hijos para tratar de buscar una salida a la difícil situación. Por un lado se resistían a creer que personas sin el más asomo de consideración tomaran un cadáver para extorsionar a sus familiares, por el otro lado estaba en juego realizar las honras fúnebres de quién era  esposo, padre y reconocido personaje de la vida nacional.

A poco los medios de comunicación empezaron a difundir declaraciones de políticos, empresarios, obispos y ciudadanos del común y corriente a cerca de este execrable hecho; uno de estos medios bautizó al grupo delincuencial como LOS CHULOS.

Bernardo Rivero Ramos

Y empezaron las declaraciones:

-Fue la guerrilla terrorista de este país, dijo un ex presidente en su cuenta de twitter. El gobierno hace contubernio con este tipo de hechos, porque es débil en la aplicación del trato que se les debe dar a esos delincuentes.

-Son las bandas criminales, terció un senador de la república. Las secuelas que ha dejado la cultura del narcotráfico. Mano dura contra ellos.

El Cardenal primado de Colombia exhortó a los secuestradores para que entregaran el cadáver a esa prestante familia antioqueña.

Y no faltó la actriz farandulera protagonista de la telenovela del momento por un canal de televisión, que declaró:

-Ojalá esos señores devuelvan al difunto sano y salvo. La noticia me erizó.

Y claro, a las 7:00 de la noche habló el Presidente:

-Compatriotas, Estamos frente al más insólito y abominable hecho delincuencial del país. Esto no tiene antecedentes. Pero a los responsables les caeremos con todo el peso de la ley. He dispuesto de los altos mandos conjuntos de la fuerza pública, para que se trasladen a Medellín y no regresen hasta tanto no recuperen el cadáver del eminente empresario y filántropo antioqueño, don Luis Fernando Peláez Ardila. A sus familiares fuerza y templanza en estos momentos de dolor y a nombre del mi gobierno, nuestras más sentidas condolencias.

De inmediato anunció:

El gobierno colombiano ofrece una recompensa de 50 millones de pesos para las personas que den informes precisos para la recuperación del cadáver y la captura de los responsables. Qué Dios los bendiga.

A las 8:15 de la noche, un nuevo mensaje para el hijo del empresario:

-Consignar el dinero en una cuenta cifrada en un banco  de Panamá que más adelante le diremos.

Sí en 8 horas no cumplen desapareceremos el cadáver.

Alguien debe viajar a Panamá con el dinero y consignarlo en ese banco.

Debe darnos el número de celular de la persona que viaje.

El dilema de la familia era decidir si pagaban el rescate o colaboraban con las autoridades para la investigación. En medio del dolor pensaban en el grado de descomposición a que podía llegar el cadáver de su ser querido o si los delincuentes efectivamente lo desaparecían  y no podían realizar el sepelio como estaba previsto.

Acordaron ambas cosas. Reunieron el dinero y enviaron a Panamá a Jorge Alfredo Hoyos, gerente administrativo de la compañía. Pero a su vez dieron a los investigadores el número telefónico desde donde provenían las llamadas y mensajes.

Las autoridades pudieron establecer rápidamente que el número correspondía Juan Camilo González, un estudiante barranquillero que cursaba séptimo semestre de derecho en la universidad de Antioquia, quien había sido reportado como secuestrado  hacia solo tres horas, luego que unos compañeros se dieron cuenta del momento en que lo subieron a  la fuerza en una camioneta con vidrios polarizados. No podían rastrear las llamadas porque los delincuentes  sacaban la simcard del aparato y solo la usaban en los pocos momentos en que se comunicaban. También porque se movilizaban muy rápido por la ciudad, quizás en motocicletas.

Con autorización de los investigadores, Jorge Alfredo Hoyos viajó a ciudad de Panamá, a primera hora del día siguiente, con el dinero en efectivo. Llegó al aeropuerto, tomó un auto de servicio público y se desplazó hacia el banco señalado por el jefe de la banda. Poco antes de llegar a la entidad, recibió una llamada:

-Anote esta dirección……es un restaurante……..se baja……..al fondo  en una mesa va a encontrar a una mujer, de unos 25 años, blanca, ojos claros, vestida de jean azul, blusa blanca, de 1.65 de estatura aproximadamente, bolso color café. La acompaña un señor de unos 30 años de edad, acuerpado, de tez blanca, gorra azul, gafas oscuras, de 1.75 de estatura, jean azul, camiseta azul oscuro.

Y continuaba el interlocutor

-Ellos le dirán qué va a hacer.

El emisario llegó al punto en referencia, identificó a los contactos y se sentó con ellos.

La mujer tomó su celular y llamó a alguien:

-La rima, rimó.

Que era el Santi seña acordado.

-pásamelo, ordenó el interlocutor.

La joven le hizo señas al mandadero que tomara el celular.

-Entréguele el maletín al señor que está con la joven, le ordenó.

-Luego, ¿no es para consignar el dinero en el banco?, inquirió Juan Camilo.

-Entréguelo y márchese enseguida, le replicaron en tono amenazante.

Jorge Alfredo alcanzó ver el arma que portaba su contacto. Entregó el maletín y se regresó para el aeropuerto.

A la 1:00 de la tarde, la familia Peláez recibió un mensaje:

-Hay un furgón estacionado por la calle Moore,  cerca de Bolívar,  color blanco con unos avisos de huevos doña Clara. Allí está su encargo.

Los delincuentes había identificado un lugar donde presumían no había cámara de seguridad o por lo menos no los captaba al momento de dejar el vehículo.

Ese mismo día liberaron al estudiante de la Universidad de Antioquia.

Tratándose de un estudiante de esa universidad, a la cual casi siempre le quieren buscar nexos con movimientos izquierdistas, los investigadores retuvieron a Juan Camilo y lo sometieron a un exhaustivo interrogatorio, con el fin de endilgarle responsabilidad en el hecho. El joven expresó que salía de clases, iba llegando al edificio donde vivía, cuando le aparecieron tres hombres fuertemente armados, lo obligaron a subir en una camioneta con vidrios polarizados, lo vendaron y lo llevaron a un lugar quizás en un barrio popular de la ciudad. Le quitaron el celular sin decirle una sola palabra. Lo mantuvieron atado, le dieron muy poca alimentación y luego de 2 días de cautiverio, lo liberaron por el cerro El Volador. No pudo hacer una  descripción de sus captores porque siempre estaba vendado. Le dieron libertad condicional, a más de que tuvo que padecer por mucho tiempo amenazas permanentes y seguimientos por parte de la fuerza pública. Las autoridades escudriñaron los antecedentes del universitario y lo encontraron limpio.

La razón por la que secuestraron al estudiante quedó clara. Necesitaban un celular activo y sí solo se apropiaban del aparato, pronto sería desactivado por robo.

Los investigadores pudieron establecer también mediante inteligencia, que los delincuentes estaban pendientes por esos días, de buscar una víctima, luego de un proceso de preparación para este tipo especial de acciones, que incluía una funeraria como fachada, con todo el equipamiento  y   labores en técnicas de tanatopraxia. Dos camionetas tipo furgón habían sido robadas pocos días antes, en la capital de la montaña. La banda estaba compuesta por 6 miembros entre ellos, dos mujeres.

El fallecimiento del empresario había sido divulgado por los medios de comunicación y por declaraciones de sus familiares ya se sabía la hora de llegada del féretro al aeropuerto y la de sus honras fúnebres.

Filtraron a una mujer en la funeraria, quien se encargó de investigar los números telefónicos de la empresa y se los envió a sus secuaces.

El mismo día del secuestro, tres de los miembros de la banda, entre ellos el jefe, viajaron a Panamá. Volaron de Medellín a Bogotá y de allí a ciudad de Panamá.

Con esta información el estado conjunto de la fuerza pública, con jueces y fiscales, iniciaron el proceso investigativo.

Poco tiempo después, LOS CHULOS, como ya empezaban a llamarlos en el país, preparaban su siguiente golpe.

II

Víctor Daniel Caicedo, senador de la república oriundo del Valle del Cauca, venía padeciendo graves quebrantos de salud. Tres meses después de los hechos ocurridos en Antioquia, falleció en la ciudad de Cali.

Los familiares contrataron los servicios exequiales a través de una nueva funeraria que había abierto  una sucursal, en esa ciudad hacia poco menos de 6 meses.

Esta vez a la banda se le facilitó la acción delictiva. Llegaron en una camioneta, con distintivos del CTI; solicitaron la entrega del cadáver para la práctica de una necropsia, según ellos basados en una denuncia en que la muerte del senador no pudo haber sido por causa natural. Mostraron las órdenes y se llevaron el muerto. Todo fue tan rápido y sincronizado que los familiares no tuvieron tiempo de oponerse a la falsa diligencia. Cuando reaccionaron por sugerencia de algunos allegados, fueron a medicina legal y no encontraron al senador. De inmediato denunciaron el hecho ante las autoridades, nuevamente se escandalizó el país y no faltaron las acusaciones al gobierno, a la fuerza pública y a la falta de seguridad en las funerarias. El ministro de hacienda declaró que las empresas aseguradoras debían implementar el SEGURO DE MUERTE para que los familiares puedan recibir indemnizaciones en caso como estos.

El modus operandis para el cobro de la extorsión no podía ser distinto. Sin embargo, esta vez, el gobierno colombiano solicitó a las autoridades de Panamá colaborar para la captura de los delincuentes.

La misma orden de ir a la entidad bancaria. Pero cuando el encargado de llevar el dinero llegó al aeropuerto  y se disponía a subir en un auto, lo abordaron dos sujetos y le exigieron sin más preámbulos hacer entrega del maletín. Las cámaras de seguridad registraron el momento. Sin embargo los delincuentes lograron depositar el dinero en la cuenta cifrada que tenían en el vecino país.

LOS CHULOS dieron tres golpes más entre ellos los de un magistrado de las altas cortes, un empresario del chance y un ex gobernador. Todos copiados, certeros  y efectivos. Habían recaudado ya unos 7 millones de dólares. Los escándalos en el país crecían, era una modalidad delictiva sin antecedentes en el mundo.

Ante las fuertes críticas a la fuerza pública y a las autoridades judiciales, las investigaciones arreciaron.

Los investigadores empezaron a solicitar antecedentes de los empleados de las funerarias, a realizar allanamientos en sus sedes y en las viviendas de todo el personal que laboraba en ellas y  anotaron el nombre de los  empleados que habían salido de dichas empresas. Este último procedimiento les empezó a dar resultados alentadores.

Duván Alberto Ramírez Córdoba, oriundo de Quibdó, hijo de paisa con chocoana, ex soldado profesional, reinsertado de las AUC y quien había hecho estudios de tanatopraxia, empezó a figurar como el primer sospechoso. Ingresó a trabajar en Funeraria Las Flores, en donde solo duró seis meses. En ese lapso fueron muchas sus actuaciones sospechosas; se le veía con gente rara y más de un compañero juraba que se dedicaba “en sus ratos libres” a atracar y a extorsionar en varios sectores de la ciudad.

El proceso investigativo condujo a establecer, que efectivamente, Duván, a quien empezaron a conocer con el apodo de “Borojó” por consumir mucho esa fruta del occidente colombiano, era el jefe indiscutido de la banda.

Una amante, Clara Elisa Gutiérrez, a quien sacó del bajo mundo de las prostitutas en Medellín, era su compañera fiel. Alberto Gómez, “perico”; Juan Esteban Berrio, “Trapiche”  Gloria Elena, “La mona”, hermana de Alberto Gómez y Rigoberto Hernández, “El tartamudo”, eran los otros miembros de esta excéntrica banda delincuencial. A través del robo, la extorsión y el secuestro habían acumulado una fortuna, con la cual montaron la “empresa”, utilizando testaferros.

Tres funerarias, una en Medellín; una en Cali y la otra en Manizales, conformaban sus fachadas.

La idea de secuestrar cadáveres les vino por facilidad en la ejecución del delito. Era más difícil transportar a un secuestrado vivo que un ataúd. Sus acciones estaban fuera de lo común, de lo rutinario, mucha adrenalina y querían realizar unos golpes delincuenciales que les permitiera vivir felices fuera del país. Además, iban a ser pocos los secuestros, pero eso si, supermillonarios.

La Fiscalía delegó a un cuerpo especializado para seguirle la huella a los CHULOS. Estaba encabezado por el Teniente Andrés Rovira, curtido en investigaciones por secuestros y extorsiones. Tomó el acervo probatorio recaudado hasta el momento e inició acciones y operativos.

“La Mona” fue la primera persona capturada de la banda LOS CHULOS. La investigación precisó que ella fue la mujer que se infiltró  en la funeraria, en el caso del industrial Peláez.

La habían identificado plenamente en las cámaras de seguridad de la funeraria, le adelantaron seguimientos e interceptaciones telefónicas. La capturaron en el parqueadero de un centro comercial, en momentos en que se subía  a su automóvil recién comprado. Estaba sola y claro, portaba cedula y pasaporte falsos.

En Cali, precisamente en la sucursal de la funeraria fachada, fueron capturados “Perico”, “El tartamudo” y “Trapiche”, quienes ya estaban preparando en esa ciudad, el siguiente golpe.

“Borojó” el gran jefe de la banda y su concubina, fueron capturados en una finca del eje cafetero. Allí terminó el prontuario de la banda LOS CHULOS.

Luego de ser judicializados, los mostraron ante los medios de comunicación y los vincularon a los correspondientes procesos penales.

Pero surgió la controversia jurídica: El defensor de los implicados, un farandulero abogado de la costa,  indicó en sus alegatos, que no se había presentado el delito de Secuestro por parte de sus poderdantes, toda vez que este delito tiene las siguiente implicaciones:

“Artículo 1º. El artículo 169 del Código Penal modificado por las Leyes 733 de 2002 y 890 de 2004:

Artículo 169. Secuestro extorsivo:

El que arrebate, sustraiga, retenga u oculte a una persona, con el propósito de exigir por su libertad un provecho o cualquier utilidad, o para que se haga u omita algo, o con fines publicitarios o de carácter político, incurrirá en prisión de trescientos veinte (320) a quinientos cuatro (504) meses y multa de dos mil seiscientos sesenta y seis punto sesenta y seis (2666.66) a seis mil (6.000) salarios mínimos legales mensuales vigentes”………………….-.

Insertó en su alegato:

“El delito de secuestro se consuma cuando el agente realiza el elemento material descrito en el tipo, o sea, cuando priva de la libertad a una persona con el propósito de:
I. Obtener un rescate, un derecho o el cumplimiento de cualquier condición;
II. Que la autoridad realice o deje de realizar un acto de cualquier índole; o
III. Causar daño o perjuicio al secuestrado o a otra persona.

El delito de secuestro es un delito:
– De resultado material.- El resultado queda patente en la privación de la libertad que lesiona el derecho material de la libre deambulación de la persona, cualquiera que sea el medio empleado. Según Fontán Balestra, la privación ilegítima de la libertad, es un delito material «que se consuma en el momento en que el sujeto pasivo es privado de la facultad de desplazarse a su voluntad» (El subrayado es nuestro)
– De acción.- Requiere su expresión objetiva de actos positivos que implican movimientos corporales voluntarios además de la concurrencia con aquélla de elementos subjetivos……………..-
– De daño o lesión.- Porque se afecta efectivamente el bien tutelado: la libertad externa de las personas, la libertad de obrar y moverse. (El subrayado es nuestro)

No se ha coartado la libertad de movilidad de la víctima porque se trata de una persona muerta, resumía el jurista.

Por otra parte, continuaba, el articulo 244 del C.P. colombiana, expresa:

Artículo 244. Extorsión.  .<Artículo modificado por el artículo 5 de la Ley 733 de 2002. Penas aumentadas por el artículo 14 de la Ley 890 de 2004, a partir del 1o. de enero de 2005. El que constriña a otro a hacer, tolerar u omitir alguna cosa, con el propósito de obtener provecho ilícito o cualquier utilidad ilícita o beneficio ilícito, para sí o para un tercero, incurrirá en prisión de ciento noventa y dos (192) a doscientos ochenta y ocho (288) meses y multa de ochocientos (800) a mil ochocientos (1.800) salarios mínimos legales mensuales vigentes.

la extorsión solo se consume cuando se hace entrega efectiva de lo pedido.  De allí,  que esta conducta punible, implica que el sujeto activo constriñe a otro a hacer, tolerar u omitir alguna cosa, con el propósito de obtener un provecho ilícito o cualquier utilidad ilícita o beneficio ilícito, necesariamente de naturaleza económica, para sí o para un tercero.

Aunque es evidente que en la extorsión se socava la autonomía personal a través del constreñimiento, hasta la aniquilación de la voluntad, el bien jurídico principalmente tutelado es el patrimonio económico, a juzgar por la ubicación del tipo en el Código Penal. Tan es así, que el delito de extorsión puede quedarse en el estadio de la tentativa cuando se embate contra la libre determinación a través de amenazas, pero no se logra el hacer, omitir o tolerar aquello que al sujeto activo reportaría la finalidad económica”.

Esta podría ser la modalidad delictiva que encaja en nuestros implicados, pero resulta que el hecho se consuma en Panamá, no en Colombia, ya que el beneficio económico fue recibido en el vecino país y en aquel no existe investigación conocida por estos hechos.

Los delitos tienen territorialidad. No se puede condenar en Colombia a alguien que haya cometido un delito en Venezuela, porque aquel país tiene sus propias leyes y su andamiaje jurídico.

Panamá no ha solicitado en extradición a mis clientes.

Finalmente el posible delito imputable a mis defendidos podría ser

Art. 297. – Irrespeto a cadáveres. El que substraiga el cadáver de una persona o sus restos o ejecute sobre ellos acto de irrespeto, incurrirá en prisión de uno (1) a tres (3) años.

Si el agente persigue finalidad de lucro, la pena imponible se aumentará hasta en una tercera parte.

Mis defendidos colaboraron con la justicia declarándose culpables de este último delito, por lo que les asiste una rebaja de penas, teniendo en cuenta que no figuran con antecedentes penales.

El Juez sentenció  condena de ejecución condicional y excarceló a todos los miembros de la banda.

Medellín, Febrero 2015

*Email. bernardorivero@gmail.com
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