CULTURA

Crónica | La Martina: Un caso de feminicidio machista

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Por: Bernardo José Rivero Ramos

“Quince años tenía Martina
cuando su amor me entregó,
a los dieciséis cumplidos
una traición me jugó”

Canción de dominio público o Consuelo Castro​

 La infidelidad no justifica los feminicidios. En nuestro contexto hispanoamericano el exacerbado machismo nos ha hecho creer que quitarle la vida a una mujer, en venganza por su infidelidad, goza de buena reputación y permisividad de la ley. Eso explica su alto contenido en algunas canciones del folclor mexicano y de otros países de la región.

Sin embargo, no sólo la infidelidad ha llevado a estos casos; hay otros igualmente aberrantes, expresados en varios temas del folclor azteca.

El Corrido de LA MARTINA, como es conocido en el cancionero popular, tiene un registro histórico de grabaciones exitosas y películas que permitieron darle la vuelta al mundo. Según anales “…El romance de Blanca Niña, es el antecedente directo del corrido de la Martina. Existe una versión mexicana de este romance, captado por Pedro Henríquez Ureña y Bertram D. Wolfe, en su escrito intitulado: “Romances tradicionales de México”, el cual data al menos de principios del siglo XX, sin embargo este romance tiene a su vez antecedente en un romance español de idéntico nombre el cual se remonta al siglo XVI y es de autor anónimo…” (Wikipedia).

La versión musical que más escuché y para mi concepto la mejor, se remonta a los años 70s con LOS ALEGRES DE TERAN a dúo con LAS JILGUERILLAS, que la dramatizan a dos voces, masculina y femenina. Hay otras muy conocidas en nuestro país como es la de Antonio Aguilar y una bailable que grabara Gustavo Quintero con “Los Graduados”.

En Wikipedia se encuentra un relato detallado de la historia de esta canción, pero yo me quiero referir es al caso específico de sus implicaciones.

Los casos trágicos por infidelidad se cuentan en varias canciones mexicanas. Quizás algunas basadas en hechos reales otras de la mera invención de sus autores.

Pero el machismo también  cobró la vida de ROSITA ALVÍREZ, quien se negó a bailar con un tal Hipólito y este en una flagrante muestra de intolerancia, sacó su revólver y le propinó tres tiros, muy a pesar que “la noche que la mataron Rosita estaba de suerte, de tres tiros que le dieron nomás uno era de muerte”. Hechos ocurridos en el año 1.900 en un barrio de Saltillo. Pero en este caso, la justicia actúo y el homicida fue a parar a la cárcel. La canción la escuché en la voz del “Charro de Zacatecas” Antonio Aguilar. Algunas datos indican que su autor es desconocido en otras informaciones la señalan como de la autoría del compositor FELIPE VALDES LEAL nacido en Saltillo, Coahuila, quien dejó un legado de éxitos entre los cuales están “Lucio Vasquez”, “Besos de Papel”, “Échale Un Quinto Al Piano”, “Entre Copa y Copa”, “El Ausente”, “Hace un Año”, “Mis Ojos Me Denuncian “LETRA de Manuel ACUÑA, “Mi Ranchito”, “Mi Destino Fue Quererte”, “Rosita Alvirez”, “Tú, Sólo Tú”, “Veinte Años” .

Por su parte, el cantautor José Alfredo Jiménez nos cuenta un feminicidio por despecho; podríamos decir, un crimen pasional. Ni siquiera da el nombre del lugar, del cual simplemente dice que ocurrió en una TIERRA SIN NOMBRE. Este es el relato musical de los hechos:

Voy a cantarles la historia, de una mujer que murió
Quiso adorar a dos hombres, y la vida le costó
Su corazón supo amarlos, porque ese fue su destino
Aunque sabía que adorarlos, era placer y martirio
Sucedió lejos de aquí, en una tierra sin nombre
Donde la ley nada puede, contra el cariño de un hombre

Con el correr de los días, ella pensó en su futuro
Y de los dos que quería, se entregó por fin a uno
El que gano su cariño, solo vivía para amarla
Mientras el que la perdió, solo pensaba en matarla
Y se entregó a las cantinas, en donde todo bebía
Quiso convertir en odio, todo el amor que sentía

El mero día de la boda, más de la cuenta tomó
Y con un mal pensamiento, hacia el templo caminó
Había jurado matarla, cuando casada saliera
Pa’ que vestida de blanco, entre sus brazos muriera
Cuando salieron los novios, se oyeron varios balazos
Su pistola cayó al suelo, y ella cayó entre sus brazos.

Aquí en Colombia, el compositor Vallenato Rafael Manjarrez, narra una historia parecida. Es un paseo grabado por LOS BETOS, llamado DESENLACE, en el que una joven Guajira después de una larga historia de amor y desengaños le quita la vida a quien fuera su novio, en la propia iglesia, el día que este se casara con su nuevo amor. No hay feminicidio sino un acto de venganza de la mujer.

Lo propio ocurre en la champeta LA VIUDA, grabada por HERNANDO HERNÁNDEZ, en donde da cuenta de una mujer que penaba en las noches después de quitarle la vida a su novio, también en la iglesia, al momento de casarse con otra y ella, una vez consumada la venganza, se suicidó.

Pero al margen de esta historia ficticia, según el intérprete, en una animación que hacen en la grabación se escucha: “La viuda e´pescao” y lamentablemente quienes subieron la canción a Youtube la titulan así. Yo la había conocido recién grabada con su nombre original; esto es, como LA VIUDA. Lamentablemente la ramplonería muchas veces le quita la belleza a esta música Afro-Caribe.

Pero éstos hechos de sangre en la música no paran. En el tema VEINTE AÑOS, grabada por “Los Alegres de Terán”, se narra un doble homicidio. El marido corre a perseguir a su esposa y al amante para cobrarles su engaño. Esta tragedia sucedió en Monterrey, según figura en un comentario de la canción en Youtube y que inspiró al compositor Felipe Valdés Leal. Como vemos, Valdés Leal fue experto en esta clase de historias. Este hecho si constituye un verdadero Feminicidio pasional.

Traigo un sentimiento pero muy adentro

En el mero fondo de mi corazón

Viejas decepciones que me trajo el tiempo

Una historia negra de un maldito amor

La mujer que quise me dejó por otro

Les seguí los pasos y maté a los dos

Yo no fui culpable porque estaba loco

Loco por los celos loco por su amor

Las leyes de la tierra dictaron mi sentencia

Me dieron sin clemencia 20 años de prisión

Y aquí estoy prisionero mirando tras las rejas

Únicamente al cielo donde se encuentra Dios

La mujer que quise me dejó por otro

Les seguí los pasos y maté a los dos

Yo no fui culpable porque estaba loco

Loco por los celos loco por su amor

Las leyes de la tierra dictaron mi sentencia

Me dieron sin clemencia 20 años de prisión

Y aquí estoy prisionero mirando tras las rejas

Únicamente al cielo donde se encuentra Dios

A éste también la justicia mexicana lo castigó enviándolo a la cárcel una buena temporada.

En este orden de ideas, el caso de LA MARTINA copa mi atención, por lo dramática.

Partimos del caso que apenas era una adolescente cuando se casa. Casi una niña, con apenas 15 años y de origen campesino. Se puede colegir que el esposo era mayor que ella. Que era un señor dedicado a las faenas del campo y a sus negocios, razón por la cual la dejaba sola frecuentemente.

No faltó el galán ocasional que se fijó en la joven hermosa, inocente y frágil y empezó a seducirla.

La soledad de Martina y las visitas mal intencionadas y estratégicamente concebidas por el pretendiente, estaban dándole resultado. Pero, sin temor a equivocarnos, apareció la vecina chismosa, como suele suceder, quien alertó al esposo de las constantes visitas de un hombre de a caballo, cuando él salía a sus diligencias.

Con la información y las sospechas, el marido urdió un plan. Le informó a su joven esposa, quien apenas acababa de cumplir 16 años, que saldría a sus acostumbradas correrías y que tal vez estaría ausente varias días. Que se cuidara.

Era la oportunidad que el pretendiente furtivo estaba esperando. No hay que dudar que en su malévola intención, estaba pendiente de las salidas del esposo de nuestra protagonista. Tan pronto vio la oportunidad se lanzó a la caza de su presa, cual gavilán pollero.

Dejó el caballo en el corral y preso de la ansiedad por poseer a Martina, tan pronto ingresó a la casa, se fue despojando de sus prendas: El reloj, el revólver y otros menesteres. Martina aún se resistía y ni siquiera habían concretado la aventura, porque los autos dan cuenta que apenas “estaban en la conquista” cuando intespestivamente escucharon la puerta de golpe de la entrada al recinto.

La pareja casi queda petrificada y un frío les corrió de pies a cabeza por el miedo. Sin embargo el galán pudo salir raudo por la puerta falsa y se fugó. No tuvo tiempo de agarrar sus cosas y hasta el caballo abandonó. Nunca se pudo saber quién era, ni su procedencia.

Al entrar abruptamente, el marido de Martina ve en la mesa del comedor una pistola y un reloj. Seguidamente la conmina a responderle una seguidilla de preguntas:

“que estás haciendo Martina

que no estás en tu color”

Y ella, en medio del pánico manifiesto, logró responderle:

“Aquí me he estado sentada

no me he podido dormir,

si mi tienes desconfianza

no te separes de mi”.

El interrogatorio continuó en un tono más alto y disonante, que reflejaba la ira del esposo:

“De quién es esa pistola

de quién es ese reloj,

de quién es ese caballo

que en mi corral relinchó”.

La joven respondió:

“Ese caballo es muy tuyo

tu papa te lo mandó,

Pa´ que fueras a la boda

de tu hermana la menor”

Las respuestas de Martina exacerbaron más su ánimo y el macho herido por el engaño, la increpó:

“Yo pa´ que quero caballos

si caballos tengo yo,

lo que quiero es que me digas

quién en mi cama durmió”.

Martina se defendió:

“En tu cama nadie duerme

cuando tú no estás aquí,

si me tienes desconfianza

no te separes de mí”.

Sus respuestas no convencieron al envalentonado esposo.

Con toda la evidencia y muy a pesar del dolor y la ira, el señor posó de caballero.

La agarró de la mano y la llevó a casa de sus progenitores. Pese a la presunta infidelidad, aún amaba a Martina y quizás no quería hacerle daño.  Pero el papá de Martina cometió una fatal decisión. Se negó a recibirla y simplemente le dijo al esposo:

“Llévatela tú, mi yerno,

la iglesia te la entregó;

si una traición de ha jugado,

la culpa no tengo yo”.

¡Viejo indolente! Se trataba de tu hija.

Cuántas cosas se le pasarían a Martina por su mente en ese instante. No midió consecuencias o su candidez la llevó a seguirle el juego al pretendiente. No tenía la madurez para asumir la responsabilidad de un matrimonio. No tuvo en aquel momento fatal el apoyo de sus padres. Ni siquiera fue convincente por su inexperiencia para explicar que ella no materializó la relación con el ocasional pretendiente. Además, con tantas pruebas, el caballo, el revólver, el reloj y la cara de susto que tenía cuando fue sorprendida por el esposo, no le dejaban margen de inocencia ante la gravedad de los hechos.

La actitud del papá de Martina también fue machista. La dejó a su suerte, sin recibir explicación alguna de la víctima, para que el esposo, como si fuese el dueño, el propietario de la joven, tomara cualquier determinación.

En aquel momento, el marido de Martina recargó de nuevo su ira, su dolor y antes de volverse a arrepentir, sacó el revólver, la hizo arrodillar y le disparó sin piedad alguna, tres tiros a la joven, quitándole en forma instantánea, su vida. Su amigo, el del caballo, “ni por la silla volvió”.

El engaño estaba vengado y su machismo quedó incólume.

Muy a pesar que la legislación penal mexicana dice:

“Artículo 164 BIS. Comete el delito de feminicidio y se sancionará con prisión de veinticinco a sesenta años, a quien por razones de género prive de la vida a una mujer”.

No se tuvo conocimiento, dentro de la historia de la canción, que el feminicida fuera condenado por estos hechos.

Nuestra imaginación y la del autor de esta pieza musical, busca contribuir para que la violencia de género cese en estos países. No hay nada que justifique arrebatarle la vida a un ser humano y menos si se trata de una mujer.

Medellín, Junio 25 de 2021.

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