Crónicas Viajeras | San Pelayo, música  y tradiciones: María Varilla, una leyenda y Diosa del porro

Crónicas Viajeras | San Pelayo, música y tradiciones: María Varilla, una leyenda y Diosa del porro

Por Rubén Darío Hoyos Chamorro. 

Al llegar a San Pelayo se respira en el ambiente una mezcla de paisaje, música y  narraciones que años tras año se han convertido en centenares de composiciones musicales de campesinos que narraban sus historias al compás de trompetas, bombos y platillos en un principio con instrumentos elaborados por ellos mismos de manera artesanal.

Sus habitantes llevan en su sangre el oído musical del tamboreo africano, del silbar rítmico de las flautas indígenas y la cadencia de la danza fandanguera. Desde niños bailan al ritmo del tambor y la flauta, acompañando el conjunto con su alegre palmoteo. Precisamente el origen de las bandas pelayeras y su autóctona predilección por el porro se remonta a las fiestas fandangueras del siglo pasado donde se tocaba un voluminoso tambor con una porra, cuyo sonido lento y profundo, además de oírse a cientos de metros a la redonda, excitaba hasta el frenesí a los bailadores, según lo relata en su libro “El músico de banda”, el profesor e investigador, Alberto Alzate.

El fandango aparece en la tradición folclórica del Sinú, que aculturado por las celebraciones religiosas españolas, se convierte en las fiestas de pascua en todas las poblaciones.

Cuando llegaron los españoles  a San Pelayo, fundado el 6 de mayo de 1.777 por Antonio de la Torre y Miranda pertenecía a la región de Finzenú con Lorica, Cereté y Montería, una de las tres federaciones en las cuales se hallaban los territorios habitados por los  indios zenùes, los otros eran Panzenú y Zenufana.

Desfile de Aguadoras

Cientos de pelayeras participan en el tradicional desfile de aguadoras.

El conquistador español Martín Fernández de Enciso autor de la primera geografía del nuevo mundo quedó deslumbrado cuando llegó a esta región y en 1.509 escribió “Tienen mucho oro y muy fino de Mocarí, Cubra y Cuda, “lo cogen en arroyos y valles. Cuando llueve, atraviesan en los arroyos redes, cuando crecen el agua trae granos de oro, grandes como huevos y quedan aprisionados en las redes”.

A San Pelayo llegamos atraídos por su famoso Festival Nacional del porro donde se concentran año tras año bandas de todos los rincones de la costa caribe además de algunas del interior del país; admiramos el autóctono desfile de Aguadoras, en homenaje a las mujeres del pueblo cuando traían desde el río Sinú en múcuras el agua para las labores de la casa. El desfile lo  complementan con danzas y grupos folclóricos que vienen de diferentes lugares de la costa en el cual tienen sitio de privilegio las bandas participantes en el festival.

Quisimos conocer el atardecer sobre el río Sinú en San Pelayo y nos fuimos a sus orillas para contemplar un hermoso espectáculo cuando el sol se está ocultando y sus rayos al tocar el agua dan una colorida  tonalidad.

La primera banda que se organizó en San Pelayo, data del año 1902, la legendaria Banda Ribana de San Pelayo, de la parte de arriba del pueblo con los maestros Alejandro Ramírez Ayazo, Pablo Garcés Pérez, Samuel Herrera y José de la Encarnación Lugo Espitia entre otros. Le siguieron La Banda Bajera, de la parte baja del pueblo en 1925 con Daniel Luna y otros amigos y la Banda Central, del centro de la población.

Parque cultural y Tarima María Varilla.

Parque cultural y Tarima María Varilla.

De la fría población de Santa Rosa de Osos en Antioquia llegó un tarde don Alejandro Ramírez Cárdenas al puerto de Frasquillo en Tierralta, alto Sinú animado por la fiebre del caucho y la raicilla y se estableció en la región con una venta de cerdos y cacao.

En sus viajes de negocios a Montería por el río Sinú conoció a Lorenza Ayazo Gonzales, la bella sinuana que lo cautivó y a quien hizo su esposa.

De ese matrimonio hubo varios hijos, pero el primero fue Alejandro Ramírez Ayazo,  quien si bien  es cierto nació en Montería, es en San Pelayo donde agota lo mejor de su juventud y realiza lo más importante de su obra. Allí vive los verdaderos amores de su vida, por eso la guitarra no descansa y da rienda suelta a todo un torrente de sentimientos que lo unirían para siempre a esa tierra.

Así lo conocimos en el serio trabajo que ha realizado durante muchos años el licenciado e historiador William Fortich Diaz en sus tres ediciones de “Bombos y Platillos” y  2 de la Historia documental de Córdoba; tiene en este momento para edición su nuevo libro “María Varilla, entre el Mito y la Historia”.

Muy rápido, contagiado por sentimientos de alegría, nostalgias, amores y los paisajes sinuanos comenzaron sus composiciones: “María Varilla” “Soy Pelayero”, “Sábado de gloria”, “Polo Julio” “No te tires por el suelo” “El estanquillo”, “El Tortugo”, “El siete de Agosto” Catalina”, “Mocarí”, “El Conejo”, “El Ratón”, “El Binde”, “Sábado de gloria”, “La Mona Carolina”, “El Pájaro”, “El Pilón”, y  “Porro viejo pelayero”.

El porro María Varilla no tenía ese nombre cuando lo compuso pero fue la sensación de la época y obligado a ejecutar por las bandas en las fiestas religiosas y la plaza del fandango. Allí siempre llegaba una joven morena muy elegante de trenzas y que movía las caderas al son de la música en la rueda del fandango. Siempre que escuchaba a la banda decía: “toquen mi porro” y los músicos decían, “toquemos el que le gusta a María Varilla”.

María de los Ángeles Tapias era su verdadero nombre, nació en el barrio “La vuelta abajo” del municipio de Ciénaga de Oro. Su mamá, Evangelina Tapias vendía café con leche y galletas criollas en las fiestas, siempre acompañada de su hija que fue creciendo en ese ambiente de música y fandangos. La familia se trasladó a Montería y su mamá trabajó en una casa de familia, ella le ayudaba pero siempre aprovechaba las fiestas para disfrutarlas.

Banda Ribana de San Pelayo, la primera que se organizó en 1902.

Banda Ribana de San Pelayo, la primera que se organizó en 1902.

“María Varilla impuso un estilo de baile, un estilo que es el que ha persistido en el porro bailado y en el porro cantado, porque tiene que ver con el vestido, con el garbo con el que se toma la falda, la manera de dar el paso, todos estos detalles la llevaron a ella a ser el símbolo de la cultura musical del Sinú, dijo el historiador Orlando Fals Borda.

– Se presentaba a la plaza con un vestido de vistosos colores, trenzas y se untaba las caderas con aceite de caimán. Lucía en la cabeza una rosca y se colocaba una taza de café para bailar.

Con  el pasar de los años, María Varilla se convirtió en leyenda y aún después de su muerte en 1940, su porro sigue vivo y hoy día es el segundo himno del departamento de Córdoba.

Según el maestro Miguel Emiro Naranjo, El porro  “Es el único ritmo que expresa la filosofía diaria de nuestros campesinos; y en realidad así es porque el bombo que desempeña un papel importante en la banda, cuando suena da la impresión de oír un pilón, no se distinguen sus sonidos y los demás instrumentos simulan gritos y cantos de vaquería, balayes venteando el arroz, bramidos de reses, etc.”

Monumento a las Aguadoras.

El porro dice William Fortich “, Nació en Cartagena, esta era en la época de la colonia la ciudad más importante de Colombia, todo llegaba primerio allí, incluso los primeros instrumentos musicales. Cartagena fue el escenario de gaitas – de origen indígena- y tambores – herencia negra- El porro nace con los gaiteros, ese es mi descubrimiento. Nace  del formato tradicional de las agrupaciones gaiteras, esto es: gaita hembra, gaita macho, tambor hembra, tambor macho y los guachos, nace nuestro porro, para luego ser arreglado por los músicos de las bandas musicales de viento”.  

En Junio de 1977, William Fortich y un puñado de entusiastas amigos culminaron un proceso para la organización y realización del Primer Festival del Porro en San Pelayo en honor al santo patrono, Pelayo un cristiano español martirizado y  luego canonizado por la iglesia  católica como ejemplo de la virtud de la castidad juvenil.

La Junta además de Fortich la integraron Edgardo Hernández Galván, Vladimiro Angulo Madera, José Joaquín Padilla Galván, Francisco Espitia Junco, Abdo Galván Bóez, Gastón Combatt, Sidia Ortega de Estrella y Fernando Aguilar Julio.

Llegaron  9 bandas de diferentes lugares de Córdoba, Sucre y Bolívar para concursar y en esa oportunidad un jurado de lujo del cual hacían parte,  Manuel Zapata Olivella, Francisco Zumaqué Nova, José Galván Lugo, Julio Paternina Oliveros,  Walberto Garcés, y Pedro Reynaldo Bello Torres dieron como ganadora a  la Banda “19 de Marzo de Laguneta” que dirige el maestro Miguel Emiro Naranjo. El segundo puesto fue para la banda “San Jerónimo de Ayapel” dirigida por José Antonio Barrios y el tercer puesto para la banda “26 de Junio de  San Pelayo” dirigida  por Álvaro Castellanos.

Otros grandes escritores de nuestra  tierra David Sánchez Juliao y Guillermo Valencia Salgado, “El Compàe Goyo “hicieron su valioso aporte a este evento y  a todo lo que tenía que ver con la cultura de nuestra tierra cordobesa.

El próximo año nos vemos en San Pelayo para disfrutar nuevamente de su música, su alborada multicolor con más de 100 músicos en tarima para interpretar el porro María Varilla, sus hermosos paisajes y el legendario río Sinú.

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