Espiritualidad |A veces nos sentimos desanimados

Somos los directores de nuestro propio entusiasmo. Si nos dejamos aniquilar por el abatimiento, la vida se nos volverá demasiado gris. ¡Es mejor levantarnos y enfrentar los problemas con altura y dignidad!

Con seguridad a usted suele pasarle lo mismo que a mí. Hablo de esos extraños episodios de decaimiento anímico que nos dejan ‘bajos de nota’. No sabemos por qué, pero de pronto aparecen.

Cuando yo los experimento me siento con ganas de ‘tirar la toalla’. De repente percibo que las cosas que me rodean son difíciles. Es como si creyera que la vida misma me trata ‘a las patadas’. El semblante me cambia para mal. Son épocas de estrés y de desconcierto.

Yo sé que se lee ‘raro’ que alguien que escribe mensajes espirituales confiese que se siente así a veces. ¡Pero es cierto!

Reitero que no me pasa solo a mí. En general, los circuitos internos de nuestro cuerpo son víctimas de apagones sorpresivos y, por alguna razón que pretendemos desconocer, nos volvemos pesimistas.

¿Le ha ocurrido?

Recuerde esos días en los que usted se preocupa demasiado por todo lo que tiene que hacer y termina embadurnado en la peligrosa área de la negatividad.

Los continuos vaivenes de nuestro estado de ánimo nos dejan petrificados, entre otras cosas, porque comenzamos a ver nuestra realidad ‘muy dura’.

Y es que cuando estamos desesperados, creemos que nuestro destino no es otro que el de sufrir. ¿Sabe algo? ¡No hay tal! En estos momentos críticos es cuando usted y yo debemos ser conscientes de que tenemos grandes reservas de energías y podemos recurrir a ellas.

Estas líneas que hoy publico están destinadas a ayudarlo a tener más fuerza para perseverar y para no dejarse vencer por los días opacos.

Necesita mirar la vida con esperanza y entender que nadie viene a este mundo a sufrir. ¡Ni más faltaba!

Uno no puede vivir con el agua hasta el cuello y quedarse esperando a que el agua lo ahogue. Hay que sacar la cabeza y el cuerpo a la superficie, para nadar y sobrevivir.

¡No hay de otra!

Hay que actuar y, para ello, debemos convertir nuestro mundo en algo más atractivo. No vinimos solo a pagar deudas, a ‘trabajar como burros’ o a padecer desamores.

Sé que no es fácil mirar la vida con amabilidad cuando los problemas nos atosigan. No obstante, le cuento le cuento que hay tácticas para no deprimirse. Varias de ellas consisten en conservar la cordura, estar centrado y recurrir al sentido común.

En mi caso, cuando atravieso por momentos difíciles me refugio en la oración. No sabría explicarle cómo lo logro, -tal vez sea por mi fe-, pero las plegarias calman mis crisis.

Orar me permite buscar dentro de mi propio ser vitaminas espirituales y, de esta forma, me irradia claridad para entender lo que me pasa con el singular efecto de la tranquilidad.

Y si no se siente muy religioso que digamos, pues no está acostumbrado a rezar, le sugiero que en momentos de adversidad confíe en que lo que le está ocurriendo, a pesar de las apariencias, es para su propio bien.

Todas las experiencias de la vida nos sirven para aprender y para crecer. Debe eliminar las dudas y tratar, en la medida de lo posible, de mirarse con menos rigor.

Para la angustia que lo agobia hay otro secreto: vivir con pasión aquello que vaya a emprender.

Por eso le sugiero pensar en aquellas cosas que encienden su ánimo. Si los días se viven con ganas, todo fluye. Notará que, de repente, oportunidades inesperadas llegarán a su vida.

A medida que usted mismo vaya formando su pasión por las cosas, así ellas sean pequeñas, la vida misma se encargará de recompensarlo.

Recuerde que de las espinas de la realidad siempre se pueden extraer rosas.

Por: Euclides Kilô Ardila

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