Espiritualidad | Jamás olvidemos las lecciones que nos ha dado la vida

Espiritualidad | Jamás olvidemos las lecciones que nos ha dado la vida

Muchas lecciones nos llegarán a cada uno de nosotros en distintas épocas, pero tal vez ningunas serán tan valiosas como las enseñanzas que nos dejará esta pandemia.

Es fundamental desterrar todo aquello que nos haga sufrir. Esa será una tarea importante para pasar la página del dolor y no convertirnos en seres resentidos.

Es claro que se aprende a ‘vivir viviendo’ y que cada nuevo día debe ser visto de una manera esperanzadora.

Pese a ello, también es esencial no olvidar las enseñanzas que nos dan las adversidades.

Por eso, cuando todo este mal momento por el que atravesamos concluya, debemos mirar hacia el frente sin olvidar lo que hemos tenido que afrontar para no dejarnos vencer.

Mañana, cuando la pandemia sea un asunto del ayer, será crucial reconciliarnos con la vida misma.

Insisto en que se debe recordar este duro episodio, no para amargarnos o refundirnos en remembranzas traumáticas, sino para tener presente que somos vulnerables y, sobre todo, para no volver a creer que somos los dueños del mundo.

Soy de los que piensa que deberíamos escribir todo lo que el virus nos ha dejado, para que nuestra historia no se borre jamás y todas las generaciones futuras sepan lo difícil que fue esta situación y, al mismo tiempo, entiendan el valor que desplegamos para superar esta prueba.

Claro está que para alcanzar tal madurez será preciso mirar los momentos perturbadores como lecciones aprendidas.

Una de esas enseñanzas es que comprendimos que nuestra unidad de medida es la vida misma y que ella no depende tanto de cuánta plata tengamos, si somos altos o bajos o si tenemos apellidos de alcurnia o no.

Hoy sabemos que todos somos iguales y que hay que aprovechar cada segundo.

En próximos años recordaremos que enfrentamos el desafío y que al vencerlo salimos fortalecidos, sobre todo en el área espiritual.

Aprendimos que después de Dios, lo único fijo y estable en el mundo de manera irónica es el cambio, y por eso el universo sigue su marcha y no hay forma de detenerlo.

Además, en vez de pelear por las vueltas que dio el destino, supimos aceptarlo e incluso pudimos sacarle el mayor provecho.

Entendimos que como todas las criaturas del universo, somos seres en proceso de construcción y a cada instante algo de nuestra propia naturaleza está muriendo, mientras cosas nuevas van naciendo.

Tomamos conciencia de la conexión que existe entre lo material y lo espiritual, para que sintiéramos la alegría de ser nosotros mismos y participar en el magnífico Plan Divino.

Porque el destino siempre estuvo y estará disponible para darnos la materia prima que necesitamos en la construcción de la gran obra con la que tanto hemos soñado, y de esa manera poder ser felices.

También nos dimos cuenta de que la posibilidad de recomenzar un nuevo camino es nuestra por completo; está en nuestras manos levantarnos y no hay excusas que valgan.

Si bien nos sentimos arrastrados en dos direcciones: una hacia lo desconocido y otra hacia la búsqueda de la seguridad; sabemos que nuestro poder de decisión sigue intacto.

De igual forma, aprendimos a distinguir bien las cosas del corazón y las cosas de la cabeza y hoy, más que nunca, estamos preparados para el ‘elemento sorpresa’, porque todo puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos.

El libreto de nuestra vida no está escrito y cada día es una página más por redactar.

Y lo más esencial de todo esto es que, al mirar bien nuestra realidad, ya somos conscientes de cuán importante es nuestra fe en Dios, porque sin Él no somos nada.

Por: Euclides Kilô Ardila

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