Espiritualidad | ¡Tengan fe, todo esto pasará pronto!

En estos tiempos de aislamiento preventivo nuestras fuerzas flaquean y, a decir verdad, a más de uno la situación los tiene muy ‘bajos de nota’.

Percibo esa situación en los diferentes correos electrónicos que llegan a mi consultorio de ‘Cuéntenos su Caso’ y que aparecen siempre en estas ediciones espirituales de Vanguardia.

La crisis sanitaria nos hace sentir un tanto tristes y desorientados, de manera especial porque hay ráfagas de incertidumbre, de ansiedad y de miedo por lo que vendrá.

¡Por favor! No se angustien más de la cuenta, aunque entiendo el motivo de sus congojas.

Quiero enviarles, a través de estas sencillas líneas, un mensaje de serenidad. Recuerden que no hay un solo árbol del planeta al que el viento no haya sacudido.

Tener una actitud optimista puede ser un mejor antídoto que las propias medicinas.

Dicen que cuando nos sentimos mal por algo, al principio duele, después nos da rabia, luego terminamos aceptando la realidad y haciendo algo para sobreponernos.

Ojo: cuando todo pase comprenderemos que eso que vivimos nos dejó más fuertes, gracias a la lección aprendida.

Así las cosas, está claro que la vida hoy nos pone esta supuesta ‘traba’ del aislamiento preventivo; pero con fuerza y determinación podremos superarla. Es más, estamos aprendiendo a realizar lo que siempre debimos hacer: vivir bien en familia.

Pero es importante que usted, yo y todos levantemos nuestro estado de ánimo de una vez por todas. Debemos seguir mirando nuestra realidad con un mensaje esperanzador.

En la medida en que vayamos nutriendo las cosas de la vida con acciones positivas, se nos irá aclarando la mente.

¡Tranquilos! Como dice el refrán, “por el camino se irán arreglando las cargas”, las cuentas por pagar, el trabajo mismo y en general nuestra cotidianidad.

Lo importante es que nos mantengamos firmes en nuestro propósito de crecer cada día, sacando de esta situación el mejor provecho posible.

Por mi trabajo sé de docenas de historias de personas que hoy, en medio de este tema del COVID-19, se han recuperado e incluso están mejor que ayer.

De la paciencia que mantengamos y demostremos, y de la persistencia con que la que actuemos durante estos días de clausura, dependerá nuestro más cercano futuro. Vale el esfuerzo de no salir a la calle, salvo en caso extremo. Al fin de cuentas, la salud es el regalo más grande que Dios nos ha dado.

No ‘enredemos la pita’. Procuremos ser prácticos y objetivos, dándoles la máxima atención y prioridad a las cosas que sean verdaderamente importantes en nuestros hogares.

En estos días debemos procurar la mayor claridad en todas nuestras ideas y la máxima comprensión de las cosas que nos sucedan.

Tratemos de que nuestros pensamientos nos amplíen el horizonte y derrotemos las barreras que se interponen entre nuestra comprensión y la realidad.

Independiente de sus credos, oren. Y si por alguna razón no tienen ese tipo de fe, escuchen sus voces interiores y ustedes mismos tengan el valor suficiente para continuar con energía.

Toda crisis tiene una solución, una fecha de vencimiento y un aprendizaje, por lo que debemos tener paciencia.

Y si por fortuna tienen a Dios en sus corazones, deben regalarle al menos un minuto del día a Él, que el más grande Sanador.

Eleven al cielo una plegaria sencilla que, sin lugar a dudas, tiene un poder vitamínico: “Dios es nuestra Bendición, nada nos faltará”.

Les mando mi ‘buena vibra’ y recuerden que todo esto pasará. Mañana podremos decirle a Dios: Gracias por su Misericordia.

¡Amén!

Por: Euclides Kilô Ardila – Vía Vanguardia

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