ESPIRITUALIDAD

Espiritualidad | Al final el desánimo nos enreda más la vida

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El desgano y la falta de motivación se ven a diario en nuestra cotidianidad. ¿Por qué nos dejamos llevar por esos bajonazos del ánimo?

Hay personas que siempre se despiertan ‘bajas de nota’. Es como si sintieran que sus almas se estremecen con cada jornada diaria; por eso no les dan ganas de cumplir con sus agendas y prefieren quedarse cruzadas de brazos.

Se percibe ese alto grado de aburrimiento en muchos de nuestros amigos y personas cercanas, entre otras cosas, porque se ven con poca energía, se la pasan estresadas y, lo que es más grave, respiran sentimientos de desesperanza.

La verdad es que los entiendo en cierta medida, dadas las situaciones adversas por las que estamos atravesando.

Y contrario de lo que podría pensarse, este no es un asunto de gente amargada; se trata de una angustia extraña que muchos no logran explicar.

¿Le sucede a usted? Es decir, ¿Ha vivido últimamente con cierto grado de desazón?

Debo decirle que eso nos pasa a muchos. Ello no es otra cosa que una sucesión vertiginosa de emociones súbitas que nacen de repente y que desembocan en ataques de ansiedad e inconformidad por lo que nos rodea.

Reitero que esas especies de ‘angustias existenciales’ suelen ser más comunes de lo normal. Cada cierto tiempo surgen esos tipos de ‘pliegues en los pensamientos’ y en general en los estados de ánimo de cada uno de nosotros. Total: nos arruinan la existencia.

Cada vez que eso nos ocurre, de alguna forma, significa que la vida misma nos está haciendo parte de un proceso de adaptación a una nueva situación que, querámoslo o no, debemos asumir.

Ese sentimiento de vacío comienza a ‘colarse’ en lo más hondo de nosotros y se convierte en una fuente de angustia constante o de conflicto interior. Es claro que no nos sentimos bien con lo que vemos a nuestro alrededor o con lo que estamos haciendo y por eso experimentamos esa sensación.

Así las cosas, padecemos de una pérdida generalizada de la motivación que interfiere en varios ámbitos de nuestra existencia. Eso nos genera dificultades de expresión emocional en mayor o menor grado, y nos propicia una desconexión entre lo que vivimos y nuestros intereses personales.

Lo más preocupante del asunto es que se nos hacen más pesadas las rutinas y al final todo eso se traduce en un estado de abatimiento.

Es por eso que miramos al cielo para encontrar una respuesta y, de entrada, detectamos que el cielo está más oscuro que el pensamiento.

Insisto en reiterarle que ese sentimiento de vacío es un aviso de que estamos en mora de cambiar algo o que nos es preciso equilibrar la vida que estamos llevando.

Si me quieren aceptar un consejo, evitemos por todos los medios continuar sumergidos en esa turbia ‘marea filosófica’. De no tomar correctivos, ese malestar invadirá más nuestro espíritu y nada bueno nos vendrá.

Creo que ese tipo de angustia suele generarse por un problema de actitud mental y de pesimismo. Recordemos que entre más negativos sean los pensamientos frente a la vida es más probable que recaigamos en ese tipo de días grises.

La vida se ve como se puede ver a través de distintos lentes; es decir, con miradas pesimistas, distorsionadas o de fantasías; y las que a mí más me gustan, que son las gafas esperanzadoras.

Les puedo dar más de una receta anímica porque, oficialmente no existe un diagnóstico científico para ese tipo de episodios que afectan nuestro entorno. Hablo, por ejemplo, de practicar algún ejercicio, hacer oración, relajarse, en fin…

Sin embargo, debemos enfrentar el mundo con determinación para que el desgano se disipe y podamos continuar tranquilos con nuestra cotidianidad.

¡Dios los bendiga!

Por: Euclides Kilô Ardila

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