ESPIRITUALIDAD

Espiritualidad | El poder de transformar lo que ocurre está en cada uno de nosotros

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Debemos empezar por asimilar los cambios, por más duro que ellos sean. Recordemos que, más allá de cualquier situación, todos tenemos la capacidad de transformarnos.

Cambiar es fundamental; es más, se puede decir, sin temor a equivocarnos, que la transformación es una ley inexorable de la existencia. Pese a ello, muchos se resisten a dejar de hacer las cosas como siempre las han realizado y, sin siquiera notarlo, se ‘añejan’ en procederes que los hacen ver obsoletos ante los acontecimientos del día a día.

Y esto de cambiar no es una novedad propiamente de los influencers o de los jóvenes; desde mucho antes de que nuestros bisabuelos nacieran, el cambio ha sido la constante. Basta con revisar la historia para comprender que nuestros antepasados tuvieron que darles giros a sus mundos ‘sí o sí’. Y los que no lo hicieron quedaron sepultados en sus tercas actuaciones.

Habría que decir que la pandemia actual nos trajo al presente esa verdad y, en algunos casos, nos enfrentó a una realidad que no queríamos ver: ¡Y es que muchos no sabemos cómo renovarnos!

En las escuelas y en las universidades debería existir una materia que diera pautas de estos procesos de transformación; es más, muchos profesores están en mora de cambiar sus metodologías, ya que siguen convencidos de que enseñar se traduce en ‘generar miedo’ en las aulas y amedrentar a sus pupilos con una calificación o una teoría vetusta.

Pero, dejando a un lado este tema de las aulas, en nuestra cotidianidad nos es preciso tomar consciencia de que cambiar implica hacer un viaje emocional inevitable que, al mismo tiempo, puede ayudarnos a enfrentar lo que estamos viviendo con la emergencia sanitaria y, sobre todo, nos haría proyectarnos más.

Si entendemos el cambio como la adaptabilidad o la capacidad de respuesta ante algo inesperado en el entorno, nos evitaríamos muchos momentos amargos.

Obviamente el cambio es una decisión personal, no es una imposición de los demás. Usted, yo y en general todos debemos elegir hacer cosas nuevas, porque la transformación es una característica integral del mundo en el que vivimos. Es decir, donde hay vida, siempre se verán variaciones. Solo aquellos que viven sumergidos en el miedo y en la negatividad se resisten a apreciar las cosas de otro modo.

Los que siempre calcan rutinas y solo actúan cuando el agua les llega hasta el cuello, demuestran actitudes equivalentes al rechazo de la realidad misma y escogen el camino del estancamiento.

¿Cuándo nos daremos cuenta del potencial que tenemos para cambiar las cosas?

Cambiar es la única forma de crecer y, además, sirve para experimentar distintas facetas de nuestra existencia.

Obvio, cambiar cuesta y debemos tener fe. Dios no nos manda las vicisitudes, sino la fuerza para sobrellevarlas. Déjeme decirles que las soluciones se logran, de la misma forma como se elevan las cometas: ¡Contra el viento!

Todos podemos hacer grandes cosas con la energía y las alas de la esperanza. Seremos capaces de enfrentar obstáculos cuando nos animemos a elevar nuestros pensamientos y nos arriesguemos a volar, así el viento esté a ‘mil nudos’.

Seamos prudentes al actuar, pero no temerosos. Que no nos falte la autoconfianza, esa que nos permite lanzarnos con la seguridad de que si vamos a caer, el Padre Celestial nos sostendrá entre sus brazos.

El único fracaso seguro está en no hacer algo por resolver nuestra situación.

Tenemos un tesoro que no debemos dejar perder: ese botín está compuesto por las 24 horas de cada día y los 60 minutos de cada hora. No dejemos que la vida se nos diluya a causa de las predisposiciones y de las costumbres del ayer.

Por: Euclides Kilô Ardila

 

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