Espiritualidad | En las Manos de Dios y, sobre todo, en el tiempo de Él

Espiritualidad | En las Manos de Dios y, sobre todo, en el tiempo de Él

Las cosas más maravillosas de la vida toman tiempo. Y si bien dicen que “a Dios le gusta hacerse esperar”, finalmente recibimos sus Bendiciones cuando nos corresponde tenerlas.

Hay cosas que procuramos realizar y nunca nos salen; también hay otras que encaramos con tesón y sin embargo nos resultan al revés. Podría decir que se trata de situaciones que nos cuesta digerir, sobre todo por las consecuencias que ellas nos acarrean.

De igual forma, esos acontecimientos nos generan angustias y alteran nuestra cotidianidad.

Pese a ello, debemos entender que cada suceso se da cuando corresponde y trae consigo una lección que nos ayuda a madurar.

La verdad es que lo que nos pasa no ocurre siempre a nuestra manera ni en nuestro tiempo; todo se da en el tiempo del Señor.

Detrás de cada episodio de nuestra existencia hay una razón de ser y, tarde o temprano, la vida termina interpretándonos tal propósito.

Si lo analizamos bien, las cosas toman su curso natural a veces cuando menos lo esperamos, pero también en ese mismo camino se van nivelando las cargas.

Casi siempre pretendemos presionar que algo en nuestra vida se dé a nuestro modo, sin saber que quien decide es Dios.

¿Por qué nos impacientamos? ¿Cuál es la prisa para que algo se dé al ritmo de nuestros antojos y caprichos? ¿Por qué nos da rabia con los que van delante, creciendo y desarrollándose más que nosotros?

Hay que saber esperar, así eso nos cueste. Dejemos de pensar que todo es urgente y no sigamos en esa carrera desaforada, que solo nos dejará sinsabores.

Dios siempre nos promete Bendiciones; solo debemos esperar que ellas nos lleguen cuando sea preciso.

Los que confían en Dios se llenan de paciencia y tienen fe porque saben que triunfarán.

Debemos estar tranquilos con la Misericordia y la Gloria que Dios nos brindará a su debido tiempo.

¿A qué viene todo esto?

A que es preciso saber manejar y distribuir de manera adecuada cada minuto de nuestra vida, de tal forma que cada situación que nos surja sea abordada con la suficiente entereza.

Naturalmente, siempre será clave dejar que las circunstancias nos sorprendan, entre otras cosas, para abrir las ventanas de la serenidad y mantenernos fuertes ante las adversidades, siendo estrategas ante lo fortuito y viviendo tranquilos con el ‘día a día’.

Recordemos que aceptar la Voluntad de Dios es comprender que Él tiene planes mejores y más grandiosos de los que podemos imaginar.

Hoy, más que nunca, no se nos está permitido desfallecer ni mucho menos ‘tirar la toalla’.

Hay que seguir orando con la mayor devoción y creyendo en la Presencia de Jesús en nosotros, porque así podremos ser más fuertes.

Miremos al frente y tengamos claro que Él nos llevará hasta el lugar que debamos estar. Amén.

Por: Euclides Kilô A

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