Espiritualidad | Esa nube gris que no nos permite ver con claridad

Espiritualidad | Esa nube gris que no nos permite ver con claridad

Cuando una nube gris se atraviesa, la luz del sol es incapaz de sobrepasarla y el entorno se oscurece. A más de uno nos pasa eso: en ciertas ocasiones la claridad de nuestra cotidianidad ‘se nubla’ de buenas a primeras.

Son esos días en los que nos levantamos ‘bajos de nota’, perdemos el interés en cosas que antes nos apasionaban y tenemos poca energía.

Podría parecer paradójico, pero en más de una ocasión esos pequeños nubarrones hacen que nuestra rutinaria vida se ‘pellizque’ y, de alguna forma, nos obligan a levantar la mirada para hacer algo.

Eso sí, debemos tener presente que el hecho de que nuestras almas se vean grises no quiere decir que estemos perdiendo el horizonte; es solo que estamos pasando por un ‘bache’.

Incluso esos días grises suelen ser más normales de lo que todos podríamos imaginar.

¡Es clave no permitir que ese entorno nos bloquee!

Así las cosas, cuando percibamos que nuestros sentimientos no nos hacen buena compañía, intentemos cambiarlos para acelerar el paso de estos ‘malos tiempos’.

Siempre he creído que las nubes de las que hoy hablamos en esta página aparecen solo para indicarnos que hay algo que debemos cambiar.

Hay que verle el lado positivo a la vida, centrarse en lo que podemos mejorar, trabajar por nuestras metas y sobre todo potenciar nuestros recursos, de tal forma que nada pueda arruinarnos el entorno, menos un tiempo gris.

Se podría decir que, cada vez que una nube de esas se aparece en nuestra cotidianidad deberíamos interpretar lo que ese ‘mal tiempo anímico’ quiere decirnos.

No se trata de pensar que lo que estamos viviendo es simplemente “un día malo y dejar que pase”, porque si bien ese temporal no va a durar para siempre, es preciso detectar las razones que nos hacen sentir desanimados.

En los días grises tendemos a ponerle el foco a lo negativo y casi siempre solemos exagerar: cualquier cosa parece terrible y se ve sin solución.
¡Todo pasa y de todo se aprende!

¿Qué podemos hacer?

Debemos escucharnos a nosotros mismos para contarnos en realidad qué es lo que nos está pasando.

Suele suceder que esa nube gris es solo el retrato de una añoranza, el ‘coletazo’ de un problema sin resolver o incluso puede ser una frustración por algo que no hemos podido cristalizar y que, de repente, aflora para recordarnos que estamos en deuda con nosotros mismos.

No le tengamos miedo a enfrentar nuestras debilidades y entendamos que al aceptarlas damos el primer paso para derrotarlas.

Lo peor que podemos hacer es no prestarle atención a lo que sentimos o no darnos permiso para estar tristes. Obviamente no podemos quedarnos naufragando en el mar del abatimiento.

Lo que les estoy planteando es que entablemos un diálogo interno y resolvamos las dudas que esa nube gris nos trae.

Y jamás olvidemos que para un día gris también hay pequeñas sonrisas, las cuales nos levantan el ánimo.

Así que todos podríamos poner un poco más de nuestra parte para colorear estos momentos y alegrarnos el corazón. ¿No les parece?

Por: Euclides Kilô A

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