ESPIRITUALIDAD

Espiritualidad | Si lastimamos a alguien debemos pedirle perdón

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Fallarle a alguien, sin lugar a dudas, es grave. Sin embargo, ayuda mucho el pedir perdón, enmendar y, por supuesto, no volver a cometer ese error.

Todos, casi que sin excepción alguna, hemos fallado. Y en muchos de esos traspiés probablemente le hemos causado desilusiones a alguien, nos hemos equivocado con nuestras parejas y, de pronto, hemos cometido ciertos actos de deslealtad o de indelicadeza con nuestros semejantes.

Hay que reconocer los desaciertos y asumir las consecuencias; de igual forma, es necesario sanar las heridas que tales equivocaciones hayan podido causarles a otros seres.

Respeto y valoro a quienes son capaces de poner la cara ante sus errores, que asumen sus responsabilidades y, mejor aún, que entienden que deben resarcir sus faltas con los demás.

Reconocer nuestras ‘salidas en falso’ nos sanará la memoria y nos permitirá obtener una visión más alentadora de nuestro futuro. Hacer eso es como extirpar del cerebro un tumor dañino que nos hace mucho mal.

Después de ello, debemos pasar al plano de la acción o de la enmienda.

Tanto si les hicimos daño a otros como si nos lo hicimos a nosotros mismos, siempre hay alguna manera de reparar los perjuicios causados. Debemos hacer algo que disipe la lesión que provocamos y eso va desde pedir perdón hasta compensar a los demás por lo sucedido.

Para ello serán claves herramientas claves para actuar tales como el arrepentimiento, la prudencia y el decoro para aceptar que se ha fallado.

Tratándose de nuestros errores, los expertos sostienen que cuando cometemos alguno de ellos, nos conviene reflexionar antes de seguir adelante. De la forma como asumamos el siguiente paso, podremos reivindicarnos con nuestra gente.

Nos corresponde hacer lo que sea necesario para obtener la misericordia de aquellas personas que herimos.

En ese sentido, nos conviene sincerarnos y limpiar nuestro corazón. También debemos tener compasión de nosotros mismos y perdonarnos.

Es mejor sembrar nuevas semillas y hacer aquello que nos podrá redimir. Incluso se debe extraer el mejor aprendizaje a partir de cada una de nuestras equivocaciones o desatinos.

También dejemos todo en las manos de Dios y confiemos en que Él nos renovará las fuerzas para continuar.

Todos los días son oportunidades para recomponer el camino y en cada amanecer florecen más esperanzas.

Demos lo mejor para corregir y avanzar; si lo hacemos, Dios mismo nos respaldará.

Por: Euclides Kilô Ardila

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